INTERNACIONAL
22/07/2013 12:01 CEST | Actualizado 22/07/2013 12:02 CEST

El papa Francisco cambia su papamóvil por un jeep descapotable en su visita a Brasil

GTRES

Nada de papamóvil para la Jornada Mundial de la Juventud. El papa Francisco no se moverá por Brasil en el clásico vehículo papal, cubierto y blindado, sino un jeep descubierto, que habitualmente usa para sus audiencias generales en el Vaticano. Sí usará un coche cerrado para desplazamientos largos.

Este hecho ha obligado al Gobierno brasileño a desplegar un dispositivo de seguridad tan ostentoso como el de una cumbre de jefes de Estado.

Aunque el plan inicialmente anunciado indicaba que se movilizarían 12.000 militares y policías, el número de miembros de las fuerzas de seguridad se ha elevado finalmente a 22.000, según la BBC, entre los que se cuentan más de 14.000 del Ejército.

SIMILAR AL CARNAVAL

"Que el papa me disculpe la comparación, pero la organización de la Jornada es comparable a la de un Carnaval por el número de participantes y de recursos necesarios, así como por su impacto económico en la ciudad", aseguraba el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes.

La ciudad espera la llegada de 800.000 turistas entre brasileños y extranjeros, que desembarcarán en al menos 10.000 autobuses fletados. En tres de las actividades de la Jornada con la presencia del pontífice se espera la participación de más de un millón de personas.

La alcaldía prevé que 1,5 millones de personas estén el jueves 25 de julio en una ceremonia en la que los jóvenes saludarán al papa y que un número similar acuda el día siguiente al vía crucis que será escenificado en el paseo marítimo de Copacabana.

A la misa campal del 28 de julio, con la que Francisco clausurará la JMJ y que se realizará en un descampado en la empobrecida región de Guaratiba, se prevé la asistencia de cerca de 1,2 millones de fieles debido a que será en un local alejado de Río de Janeiro.

CUATRO DÍAS FESTIVOS

Según Paes, esos tres eventos exigirán un esquema logístico y de seguridad similar al que Río de Janeiro monta todos los 31 de diciembre para su famoso Reveillon, la fiesta de Nochevieja que suele atraer a entre 1,5 y 2 millones de participantes.

Para responder a esa marea de gente, el municipio, que ha declarado cuatro días festivos, impedirá la circulación de autobuses fletados en la ciudad, reforzará el sistema de transporte público y bloqueará cientos de vías. Además movilizará a miles de policías, socorristas, médicos y bomberos, ha montado palcos y altares gigantescos y puestos médicos, de acuerdo con el alcalde.

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