POLÍTICA
26/06/2014 07:08 CEST | Actualizado 26/06/2014 07:08 CEST

Cumbre de la UE: Jean-Claude Juncker acaricia la presidencia de la Comisión Europea

EFE

ENVIADO ESPECIAL A BRUSELAS.- Hace unos meses, es probable que Jean-Claude Juncker no pensase ponerse el traje de presidente de la Comisión Europea. A tenor de sus declaraciones y sus escasos actos de campaña, muchos pensaron que en realidad buscaba otro atuendo, menos prieto y más fresco.

Sin embargo, los jefes de Gobierno de la Unión Europea tienen previsto designarlo en la cumbre de este jueves y viernes. Fuentes diplomáticas aseguraron este miércoles que la mayoría en torno al candidato es "aplastante" aunque sus críticos reclamen, por primera vez en la Historia, una votación para que cada cual se retrate.

Su carrera hacia el puesto ha sido muy accidentada y, hasta el final, amarga. En todo momento ha contado con la oposición diametral del Reino Unido, que desde el Gobierno y los periódicos tabloides ha tratado de bombardear su ascenso. Las acusaciones: querer fundar una todopoderosa república europea, tener alergia a la democracia o hasta beber más de la cuenta.

VER ADEMÁS:Juncker, el candidato de las sombras

El ex primer ministro luxemburgués y expresidente del Eurogrupo fue designado en marzo por el Partido Popular Europeo candidato a las elecciones europeas. Por primera vez, los partidos políticos europeos elegían un cabeza de cartel continental, un aspirante a presidir la Comisión Europea. Una vez hablasen las urnas, el elegido sería refrendado por la Eurocámara, emulando los procesos nacionales de elección de presidente de Gobierno. "Esta vez es diferente", proclamó la maquinaria institucional.

El PP europeo logró 222 escaños de los 754 de la cámara, frente a los socialdemócratas, que se quedaron en 191. Juncker, que paradójicamente no era candidato en ninguna lista electoral en su país (sí lo eran los candidatos socialdemócrata, verdes o liberal) reclamó en la noche del 25 de mayo su puesto.

Ahí empezó su verdadera campaña electoral. Y sus problemas.

La Comisión, una institución con 23.000 funcionarios, ostenta la iniciativa legislativa y tiene grandes poderes para hacer cumplir las directivas, sobre todo en áreas como Competencia (fusiones, libre mercado). Es el motor de buena parte de los procesos europeos. Su presidencia es tan extenuante como bien pagada (unos 25.000 euros al mes) y se trata de un caramelo muy apetecible. Los Gobiernos de los 28 pronto se encargaron de recordar, una vez las urnas hablaron, que la letra pequeña de le ley europea les confiere a ellos la decisión de proponer un candidato que respete los equilibrios salidos de las urnas, sin especificar cuál.

LAS DUDAS SOBRE JUNCKER

Merkel dijo que Juncker podía hacerlo bien, pero que había otros que también podrían. David Cameron, el primer ministro británico (cuyo partido no es parte del PPE), se opuso frontalmente y convenció a holandeses, húngaros y suecos, que expresaron sus dudas.

Diversas filtraciones apuntan a que la virulencia de Cameron contra Juncker es tal que se acabó volviendo contra él. El brtánico sugirió que la designación de Juncker alejaría aún más a Londres de Bruselas, algo peligroso cara al referéndum planteado sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión. Evitó las negociaciones discretas y optó por la guerra abierta en los medios. Su pulso no logró forzar la mano de la canciller alemana, que acabó declarando su apoyo incondicional, compartido por países importantes, como España o Polonia.

EL JUEGO DE LAS SILLAS

Las elecciones europeas no sólo han producido el relevo en la presidencia de la Comisión. En el bombo están todo el equipo del Ejecutivo, los 27 comisarios, algunos llamados a tener un gran peso, que acompañarán a Juncker. Uno de los más destacados es el Alto Representante para la Política Exterior, puesto que ocupa la decepcionante Catherine Ashton y que antes había ostentado el español Javier Solana.

Pero hay más.

España aspira a la presidencia del Eurogrupo, que en su momento ocupó el propio Juncker. Mariano Rajoy la quiere para Luis de Guindos. Además, ha de decidirse quién sustituirá a Herman Van Rompuy al frente del Consejo Europeo, el foro donde se reúnen los líderes de los 28. Todos los cambios requieren equilibrio ideológico (por lo que el Alto Representante y el presidente del Consejo podrían ser socialdemócratas), geográfico y en parte también de género.

Las negociaciones para el resto de cargos son más discretas, pero enmarcan a la presidencia de la Comisión en un paquete. Pactar un puesto significa condicionar los otros y viceversa. Los socialdemócratas dieron esta semana su apoyo a Juncker a cambio de una relajación de las políticas de austeridad y, aunque no ha trascendido, probablemente de varios nombramientos. Al frente del Consejo podría situarse la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt. También tendrían opciones el ex primer ministro italiano Enrico Letta o el francés Jean-Marc Ayrault, ambos de un país del euro.

Para el cargo de Alto Representante suenan la ministra italiana, Federica Mogehrini, el holandés, Frans Timmermans, el polaco, Radek Sirkoski o la comisaria de Ayuda Humanitaria, Kristalina Georgieva.

Guindos podría tener que competir con el actual presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, o el el ex ministro de Finanzas de Francia, Pierre Moscovici.

Aunque Juncker sea elegido en esta cumbre, y ratificado el próximo 16 de julio por la Eurocámara, las negociaciones continúan con vistas a una decisión próxima, que según fuentes diplomáticas podría producirse a finales de julio en otro cónclave de jefes de Gobierno.

Pero, para entonces, Juncker ya habrá vuelto.

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