POLÍTICA
14/06/2015 13:57 CEST | Actualizado 14/06/2015 17:19 CEST

Susana Díaz toma posesión de su cargo como presidenta de la Junta andaluza

EFE

Susana Díaz ya es presidenta de la Junta de Andalucía. Ha jurado el cargo en el Parlamento, en Sevilla, casi tres meses después de las elecciones regionales, abriendo así su segunda era, esta vez avalada por las urnas y no sólo por la elección de su predecesor, José Antonio Griñán. Díaz ha pasado las de Caín para lograr que la oposición desbloqueara su nombramiento. Son los efectos de la nueva España multicolor, que ha fragmentado todos los parlamentos y plenos del país. La socialista lo sabe y, por eso, su principal mensaje en el discurso de toma de posesión ha sido ese: tomo nota, oído cocina.

"Empezamos una nueva etapa, en la que mi guía para la acción serán los valores de libertad, igualdad, justicia social y pluralismo político, fieles al estatuto de autonomía y a la solidaridad con otras comunidades y con España. Es un tiempo nuevo, muchas cosas no son ni podrán ser como han sido antes. Es la sociedad la que nos impulsa en los cambios, porque ella misma ha cambiado, ha sufrido un amplio proceso de transformación que obliga a cambios. La gente demanda que los tengamos siempre, en cada momento, presentes a la hora de gobernar, con sensibilidad, honestidad, rigor y transparencia", ha reconocido ante sus compañeros de grupo parlamentario y ante los diputados de la oposición, ninguno de los cuales han apoyado su nombramiento.

Díaz asume que los tiempos de mayorías absolutas para su partido o cualquier otro han pasado, de ahí que haya insistido en sus palabras en la necesidad de hablar "con todos" y gobernar "para todos". "Es lo que no exigen, seré la presidenta de todos los andaluces, de los que votaron a otras fuerzas o no fueron a votar. Y esto no es una mera declaración retórica, sino al sino contrario, es la convicción profunda de que represento a todos", ha añadido.

Los cambios y el progreso de la comunidad, insiste, sólo se logra con "unidad". Los andaluces dijeron "quién querían que gobernara" pero también "cómo": desde "el diálogo, el acuerdo y la generosidad" que ponga por encima -dijo a todos los presentes- el interés general, frente a las cuitas de partido.

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"Estos días no han sido el mejor ejemplo", ha tirado de las orejas a los que, ha denunciado estas semanas, han "bloqueado" su investidura, un hecho al que no ha aludido en su discurso. Si no se entiende que algo se ha hecho mal, abunda, "tardaremos más en encontrar el rumbo adecuado" para atender a los ciudadanos.

Pese a los encontronazos de los últimos tiempos, insiste en que no va a "excluir a nadie", porque necesita de "todas las miradas" para "trabajar por el interés general desde la inclusión y no la exclusión, con diálogo y no con imposición, suma y no resta".

Durante todo el acto, ha repetido que los electores saben lo que quieren, pero que sobre todo ahora han dejado claro que se interesan por la política, más allá del rechazo de otro tiempo, porque saben que "es la solución a sus problemas". "Tienen que volver los ojos a quienes les representamos y sentirse identificados porque la política les pertenece", asume.

LOS MÁS DESFAVORECIDOS, PRIMEROS EN LA AGENDA

No se ha olvidado de nadie Díaz a la hora de enumerar los colectivos a los que enfocará su trabajo, desde los empresarios que necesitan crédito al parado que ansía un empleo. En medio, ha afirmado que se volcará con los más desfavorecidos. Su rosario ha sido largo: autónomos, estudiantes sin becas y los maestros públicos -"porque la labor de nuestros buenos docentes es la principal palanca de movilidad social"-, familias con riesgo de desahucio, enfermos -"la sanidad pública es un bien preciado que hay que cuidar como a la niña de nuestros ojos"-, mayores y dependientes, trabajadores que pierden "salario y derechos"...

UNA BREVE ALUSIÓN A LA CORRUPCIÓN

Breve, escueta ha sido la alusión que ha hecho Díaz a la corrupción, que en Andalucía persigue especialmente a su partido, el PSOE, con casos como el de los ERE.

"La corrupción no sólo ofende y humilla sino que desvirtúa nuestra democracia porque arrebata a los ciudadanos una parte de su capacidad de control y los aleja de instituciones que deben ser de todos", señala, por lo que debe ser "extirpada, eliminada". "Nuestro trabajo no es sólo intentarlo sino conseguirlo", ha remachado. Sin cesar, Díaz ha repetido que gobernará con "honestidad y honradez", reconociendo los errores que cree inseparables de la gestión pública. "Me voy a dejar la piel y desde este momento empeño mi palabra", ha cerrado su alocución.

EL DISCURSO DE CIRCUNSTANCIAS DE MONTORO

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha sido el máximo representante del Gobierno central del PP en el acto del Antiguo Hospital de las Cinco Llagas. Desde luego, no estaba en su ánimo aplaudir a la presidenta socialista, así que su discurso ha sido un cúmulo de vaguedades y buenos deseos generales para toda España.

Montoro ha dado la "enhorabuena" a Díaz y le ha deseado "buena suerte" para asumir su "responsabilidad". "Se lo digo en el mejor tono y talante, que estamos en Sevilla", ha dicho, rebajando ligeramente la tensión. Ha reconocido que la presidenta es "joven pero con larga experiencia" no sólo en política sino en "gestión directa".

Todo lo demás han sido llamamientos a colaborar entre Gobiernos porque hay una meta que cumplir, dice: la recuperación económica y la creación de empleo. Para ello, promete, habrá una "colaboración leal".

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