INTERNACIONAL
30/03/2018 10:09 CEST | Actualizado 30/03/2018 10:10 CEST

Xi Jinping, ¿el nuevo Mao?

El Congreso Nacional del Pueblo de China elimina el límite de dos mandatos para el presidente y le abre la puerta a mantenerse indefinidamente en el poder.

El chino Xi Jinping se ha convertido en un presidente sin fecha de caducidad. Por obra y gracia de una reforma constitucional aprobada por aplastante mayoría, ha conseguido que se elimine el límite de mandatos existente hasta el momento, de dos consecutivos a razón de cinco años cada uno. Xi debía abandonar el poder en 2013 pero ahora, ya sin ese tope, puede ostentar el cargo de forma indefinida, hasta que se canse, hasta que fallezca. A eso se le añade que, además, ha incluido en el articulado su propio pensamiento como filosofía política recomendada, "socialismo con características chinas en una nueva era", se llama. Mandato de por vida e ideario a la altura de los grandes prohombres de la historia reciente china. ¿Estamos entonces ante un nuevo Mao Zedong? Eso es lo que ahora se pregunta el mundo.

El cambio que otorga a Xi este dominio insólito tuvo lugar hace dos semanas, durante el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China. Con casi 3.000 votos a favor, dos en contra y tres abstenciones, se aprobaron 21 enmiendas a la Constitución de la formación, con las que Xi se afianza, a sus 64 años, como el "presidente de todo", como lo denominan los opositores. Bajo su mando quedan directamente el Partido Comunista (PCCh), la Comisión Militar Central (CMC) y varios organismos de trabajo, o sea, tiene el poder ideológico, el militar y el ejecutivo.

Por más que China sea un estado unipartidista y que no se puede llamar "democracia", las reformas introducidas en las últimas décadas, desde que en 1982 Deng Xiaoping dejó atrás la Revolución Cultural e introdujo, por ejemplo, la limitación de mandatos y un poder colegiado, habían ido oxigenando las estructuras del país. Eso ha saltado por los aires con el nuevo aval a Xi.

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El espejo de Mao

Los principales analistas están comparando el nuevo poder de Xi Jinping con el de de Mao, el gran timonel que comandó al país entre 1949 y 1976. Ha ido poco a poco a blindarse, pero su plan estaba claro: que nadie le haga sombra. Los tres principales cargos de Xi (secretario general del PCCh, presidente de la CMC y jefe del Estado) están ya libres de límites en el tiempo. En los últimos dos años ha logrado ser declarado "núcleo" del PCCh, así como el título informal de lingxiu, empleado desde hace poco por la propaganda oficial y que puede ser traducido como "líder". Hasta ahora nadie había osado usarlo para otro líder que no fuera Mao.

Xi llevaba años, incluso cuando era vicepresidente, aplicando una durísima campaña anticorrupción por la que eliminó a sus principales competidores, en paralelo a su concentración de poder. También ha aplicado la mayor campaña contra los disidentes desde finales de los años 90, según denuncian las principales organizaciones internacionales de derechos humanos.

"Toda su vida Xi ha querido convertirse en el Mao del siglo XXI: una especie de emperador de por vida sin restricciones a su poder", ha señalado Willy Lam, politólogo de la Universidad China de Hong Kong. Lam vaticina que, tras estos cambios, Xi seguirá como secretario general del PCCh hasta 2032 y jefe del Estado hasta 2033, cuando tendrá 80 años. Para Jean-Pierre Cabestan, otro politólogo de la Universidad Baptista de Hong Kong, Xi ha sido "inteligente" a la hora de crear "la ilusión de que las enormes masas sólo tenían el anhelo de que se convirtiera en presidente de por vida". A algunos analistas les ha sorprendido que haya acelerado el fin de la limitación de mandatos, que se tenía en mente para más adelante, indicó Alice Ekman, directora de Investigación sobre China en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI). Todos estos especialistas han sido consultados por la Agencia EFE.

En una intervención al pleno tras la votación, el presidente de la ANP, Zhang Dejiang, destacó la importancia de "defender el liderazgo centralizado y unificado" con Xi Jinping "en su núcleo". El presidente de la Comisión de Asuntos Legislativos de la Asamblea, Sheng Chunyao, destacó en una conferencia de prensa el "elevado nivel de consenso" mostrado por la votación. "Esto no ocurriría sin un claro apoyo político de la sociedad y sin una base del sistema legal. Por tanto no creo que haya ningún problema (con la eliminación de los límites del mandato presidencial)", afirmó Sheng. Sheng también consideró "sin base" las "especulaciones" acerca de que esta medida podría resucitar el poder sin control de Mao que causó desastres como la Revolución Cultural o el Gran Salto Adelante.

Y es que sus seguidores insisten en que es "el hombre clave para llevar al país en la dirección correcta, sencillamente", el que ha dado "unidad y estabilidad" a China y el que ha castigado a los funcionarios supuestamente corruptos que complicaban el avance. Entre los logros que se destacan estos días está su pionera labor en favor del medio ambiente (en un país donde las políticas estaban prácticamente desterradas) o su mayor presencia internacional.

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Bloomberg via Getty Images
El presidente de EEUU, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, durante su encuentro en Pekín del pasado noviembre.

En un sistema absolutamente censurado y controlado, no hay espacio para la crítica, pero los opositores, por cauces exteriores, denuncian que tanta concentración de poder y a tan largo plazo es potencialmente peligrosa, pues devuelve a China al mandato unipersonal y debilita las instituciones que, lentamente, se estaban empezando a democratizar. También hay miedo a la camarilla, a que Xi se rodee de un equipo de leales que le digan a todo que sí. Más que consejeros, serían siervos.

Que nadie piense que se trata de un cambio doméstico chino. Lo que ocurra en el país más poblado y con la segunda economía más potente nos afecta a todos. Los analistas se preguntan si el personalismo se traducirá en autoritarismo y si éste desembocará en decisiones provocadoras o peligrosas, cuando plantea inversiones multimillonarias que pueden cambiar el equilibrio de poder de Asia con respecto al resto del mundo -como la Nueva Ruta de la Seda- o tiene que decidir sobre su apoyo a aliados como la atómica Corea del Norte. Están los que confían en que se atendrá a las convenciones internacionales vigentes y a la apuesta pacifista de las últimas décadas, pero aún así, todos miran al Mar de China Meridional y los movimientos que Xi pueda hacer allá.

Hijo de revolucionario, esposo de estrella de la canción

Nacido en Pekín en 1953, Xi Jinping es el hijo de un veterano revolucionario, Xi Zhongxun, uno de los padres fundadores del Partido Comunista. Antes de la Revolución Cultural, Xi Zhongxun fue expulsado de su puesto como viceprimer ministro en 1962 y encarcelado. Su hijo, Xi Jinping, fue enviado con 15 años a trabajar a la remota ciudad de Liangjiahe donde pasó siete años, algo que era común entre los "jóvenes intelectuales" en aquella época.

Xi Jinping estudió ingeniería química en Pekín. Tras entrar al PC en 1974, fue secretario local del partido en la provincia de Hebei antes de tener cargos de mayor rango en otras provincias. En 2007 le nombraron jefe del partido en Shanghái cuando a su anterior jefe Chen Liangyu le expulsaron tras ser acusado por corrupción. Poco después, Xi fue promovido al Comité Permanente del Partido Comunista del que en 2008 se convertiría en vicepresidente.

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Mikhail Svetlov via Getty Images
Vladimir Putin, el presidente ruso, con el chino Xi Jinping y su esposa, Peng Liyuan, en la reunión de los BRICS en Xiamen, en 2017.

Pero para muchos en China, Xi es más conocido por su esposa, la cantante Peng Liyuan, que también es teniente general del ejército. Peng suele aparecer en la gala de año nuevo de la televisión estatal china, el programa más visto del año. Es embajadora de buena voluntad de la Organización Mundial de la Salud para el VIH/Sida y la tuberculosis. También es teniente general del Ejército de Liberación Popular. La pareja tiene una hija, Xi Mingze, que se cree que estudia en la Universidad de Harvard, en EEUU.

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