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28/05/2013 08:14 CEST | Actualizado 28/07/2013 11:12 CEST

Una página difícil de arrancar

Tras dos entregas de memorias políticas y personales (Cuando el tiempo nos alcanza y Dejando atrás los vientos) acudo de nuevo a la cita con los lectores con un tercer tomo que titulo Una página difícil de arrancar, en el que expongo mis recuerdos y reflexiones sobre el período que abarca desde 1991, fecha de mi dimisión como vicepresidente del Gobierno de España, y 2011, en plena crisis económica.

El libro está escrito sobre la base que me proporciona mi memoria y los cuadernos en los que acostumbro a anotar los acontecimientos de los días que van pasando. Está escrito por el autor que figura en la portada, dato no tan frecuente entre los políticos que publican; y busca contar la verdad, la que yo he vivido; otros podrán contar otras cosas, les respeto, pero yo cuento lo que he vivido, porque la escritura no tiene sentido si no es para decir la verdad.

En el transcurso del relato aplico una visión crítica sobre los otros y autocrítica sobre mi proceder, pero evito herir gratuitamente a nadie, no quiero descalificar, ni siquiera hago uso de adjetivos calificativos, cuento lo vivido y si alguno se siente incómodo al mirarse en el espejo de sus actos, tiene la opción de cambiar. Todos tenemos el derecho a cambiar nuestras posiciones, pero lo hecho, lo dicho, no lo podemos borrar. El pasado es una página difícil de arrancar.

El lector podrá seguir la evolución del socialismo español y su división interna; las presiones que hubo de soportar el autor para que abanderase una corriente organizada contra la dirección del PSOE y hallará las razones que le impulsaron a desoírlas. Podrán conocer el desconcierto y el dolor que produjo la actividad del Gal, y la amoral utilización que las derechas política y mediática hicieron con el propósito de derribar al Gobierno. En aquel grave episodio jugó un papel principal el juez Baltasar Garzón, despechado con el Gobierno. Su figura es analizada con objetividad exponiendo sus luces y sus sombras.

Se detallan en el libro las deliberaciones de los Congresos del PSOE y la tenacidad que los denominados renovadores pusieron en eliminar, o al menos debilitar, la influencia del autor en la política española.

Los acontecimientos de las dos décadas relatadas son objeto de análisis, como la guerra de Irak, las gestiones -hasta hoy totalmente desconocidas- para facilitar un punto de entendimiento entre la Administración norteamericana y el Gobierno de Cuba, el dolor por los crímenes de ETA, la ternura de la carta enviada al nieto de Fernando Múgica, nacido pocos meses antes de que asesinaran a su abuelo, los sucesos vividos por el autor en la Unión Soviética cuando Yeltsin acosa y derriba a Gorbachov, el análisis de las dos legislaturas del Gobierno de Rodríguez Zapatero, sus aciertos y sus graves errores en la gestión del Estatuto de Cataluña y la negación de una crisis que nos asolaba.

En las Memorias, el lector encontrará historias vividas, anécdotas que pueden resultar divertidas, reflexiones políticas sobre el declive del socialismo y la transformación del capitalismo hacia unas finanzas que cada día producen mayores injusticias.

Para ser progresista hay que decir la verdad de lo que se piensa, caminar, con muchos o sólo, sin ocultar la verdad porque interese aparecer defendiendo lo que defiende el establishment, sea éste el Gobierno, el Partido, los periódicos o los intelectuales de moda. Es la coherencia que he pretendido respetar en el libro de memorias Una página difícil de arrancar.

El libro Alfonso Guerra. Una página difícil de arrancar está ya disponible en la web de la editorial Planeta.

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