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09/03/2013 10:07 CET | Actualizado 08/05/2013 11:12 CEST

Quiero levantar hoy la voz para decir...

Gracias a todas las mujeres que han luchado para que yo hoy pueda expresarme libremente, casarme libremente, divorciarme libremente, estudiar, trabajar, vestir como quiera y tomar libremente las decisiones de vida que necesite para seguir creciendo como persona en este mundo.

"Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:

un intento de vida;

un juego al escondite con mi ser".

Este fragmento de un poema de Julia de Burgos define extraordinariamente bien a un porcentaje muy elevado de mujeres. Algunas, muchas de ellas, lo reconocen, lo reconocemos, otras muchísimas se niegan y se negarán siempre a reconocer el mundo en el que viven diciendo cosas como: yo nunca he tenido problemas, a mí nunca me han puesto trabas, etc.

Me he cansado de luchar para que cuando miren vean su propia realidad.

Prefiero reivindicar y dar a conocer a las cientos de mujeres que han luchado y siguen haciéndolo cada día por todas las otras mujeres y por toda la sociedad en la que estamos engarzadas unas con otras. Prefiero celebrar los territorios conseguidos. Quiero festejar a los cientos de padres que por fin disfrutan cuidando de sus hijos y comparten la vida con su pareja sin decirle "si quieres te ayudo a bañar a los niños" cuando los niños son de ambos.

Quiero dar la enhorabuena a tantas emprendedoras que han conseguido no tener que alzar la voz en la reunión de empresa para ser escuchadas. Este día de hoy grito un hurra por las valientes que nunca han dado y nunca darán un paso atrás ni para tomar impulso.

Quiero agradecer a Amelia Valcárcel tanto sentido común y criterios acertados a la hora de defender el feminismo. A Rita Levi Montalcini, a Simone de Beauvoir, a Frida Kalho y a tantas otras el ejemplo de libertad y perseverancia.

El 8 de marzo es la fiesta de lo conseguido y el día del anuncio de lo por conseguir que aún es mucho.

¡Ah! Y no me quiero despedir sin recordarles a nuestros grandísimos futbolistas y demás deportistas acaudalados que cuando hagan donativos a los niños de tercer mundo también se acuerden de las niñas, las que no juegan al fútbol, a las que los balones no van a sacar de sus miserias ni injusticias sociales por haber nacido niñas en los lugares más pobres del planeta.

Gracias a todas las mujeres que han luchado para que yo hoy pueda expresarme libremente, casarme libremente, divorciarme libremente, estudiar, trabajar, vestir como quiera y tomar libremente las decisiones de vida que necesite para seguir creciendo como persona en este mundo. Soy consciente de que debo tomar el testigo y seguir hacia adelante luchando por lo aún no conseguido.