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27/03/2013 08:19 CET | Actualizado 26/05/2013 11:12 CEST

¡En manos de quién estamos!

- Hijo, ponte el cinturón

- Papá, ya me lo he abrochado; pero hueles a alcohol... ¡Y no te quedan puntos!

Da vértigo pensar que quien te ha de proteger es perfectamente previsible en el error. "Piensa mal y acertarás" es a estas alturas el mejor consejo del que se debe valer cualquier analista para entender las claves de nuestra Unión Europea. Secuestrada, a partes iguales, por unos volátiles mercados y unos perfectamente erráticos y miopes líderes de la eurozona, la UE es lo más parecido al caos circulatorio en las horas punta. Todos los conductores se pelean por trazar la ruta que más les conviene, pero al final toman casi siempre el atajo más largo. Las normas de circulación no se respetan aquí. Bienvenidos a la UE del "sálvese quien pueda".

El error Chipre "es la constatación de que el euro está en manos de aficionados que apenas entienden lo que significa una unión monetaria. Es un desastre. Porque, además, la decisión está contaminada por ese calvinismo que presume de la virtud en el Norte, sobre todo en Alemania, y quiere un castigo ejemplar para el Sur corrompido. Y así no se puede gestionar la crisis"... Ojalá palabras tan rotundas estuvieran en boca de un fanático fuera de la realidad, pero lo dice Paul De Grauwe, prestigioso profesor de la London School of Economics, citado en una crónica de Claudi Pérez y Miguel Mora en El País.

Lo curioso del asunto es que, si hay un norte que quiere castigar a los alumnos más indisciplinados, éstos van y se ponen de rodillas hasta que los azotes de la profesora les ponen el culo morado. Y a esperar la siguiente dosis.

Cuando los ministros de economía de España e Italia asisten a reuniones para tratar sobre rescates de otros países de la periferia, lo siguen haciendo como si el asunto no fuera con ellos. Sí, ya sabemos: España, no es Grecia, Italia no es España, Portugal no es... Se nos da bien diferenciarnos a unos y otros pero resulta que todos vamos desfilando camino del desolladero. Mientras tanto Hollande se pone de perfil, angustiado por la creciente distancia entre su retórica y su falta de acción.

El presidente del eurogrupo, holandés y socialdemócrata, Jeroen Dijsselbloem, debe explicar día tras día su responsabilidad por haber presidido una reunión en la que se firmó un acuerdo que vulneraba la ley. Sí, hemos llegado al punto de que quienes están al mando actúan contra lo más sagrado: la seguridad jurídica. Ocurrió en la madrugada del 16 de marzo en donde tras largas horas de reunión sobre Chipre se alcanzó un pacto por el que los depositantes de menos de 100.000 euros iban a pagar casi un 7% de sus ahorros, cuando al inicio de la crisis se aprobó que los depósitos hasta esa cantidad eran sagrados en toda la Unión Europea. Como es sabido, días después rectificaron, pero el amateurismo de nuestros salvadores ha quedado una vez más perfectamente retratado.

Para colmo, el mismo Dijsselbloem ha desatado las alarmas (¿les quedan pilas para seguir sonando?) al afirmar que el que hasta ahora era "modelo único" de rescate en Chipre, en el que pagan los depositantes, puede ser de aplicación para futuros rescates. Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea, se ha apresurado para desmentirlo. Esto no es serio.

Estoy de acuerdo con Xavier Vidal-Folch, que pide al Parlamento Europeo que llame uno a uno a los responsables de todos estos disparates para que se expliquen. Y yo añado: o bien el Parlamento Europeo comienza a hacerse oír en medio de este caos o bien que se acostumbre a ser ignorado en la perpetuidad. Estas son sus opciones.

Dada esta forma de tomar decisiones, que no mejora ni por la experiencia acumulada en la crisis del euro ni por los riesgos de lo que hay en juego, conviene leer con atención la advertencia del gurú financiero Wolfgang Münchau en el Financial Times: el euro se romperá, más tarde o más temprano. Es imposible que países como Alemania, Finlandia o los Países Bajos convivan con otros como Chipre, Grecia o Portugal, si unos y otros no se aproximan política y económicamente. Y además, se pregunta Munchau, "¿por cuánto tiempo pueden los miembros de la eurozona (sobre todo los del sur, añado yo) seguir aplicando políticas en contra de los intereses de sus pueblos? No hace falta ser euroescéptico para concluir que esta unión monetaria es profundamente inmoral".

¡Abróchense los cinturones! Y sobre todo no fumen porque hay gasolina por todas partes.

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