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09/07/2013 07:39 CEST | Actualizado 07/09/2013 11:12 CEST

Extremeños, ciudadanos de segunda

Los señores del PP en la Junta de Extremadura se comportan como niños pijos y caprichosos que tienen el juguete que siempre habían querido tener y que los extremeños no le habían querido dar: el Gobierno de Extremadura. Se comportan como si gestionaran su cortijo.

Durante muchos años Extremadura fue una región muy atrasada respecto al resto de comunidades de España, algo que obligó a gran parte de la población a emigrar. Son conocidas imágenes como la de Los santos inocentes o una algo más antigua como la de las Hurdes filmadas por Buñuel. Con la llegada de la democracia y la autonomía, y la lucha de un presidente, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, rompiendo cristales para que se le escuchara en el resto de la nación, Extremadura fue recuperando terreno, gracias además a la recepción de fondos Europeos.

La región empezó a contar con infraestructura que eran cotidianas desde hacía tiempo en el resto del país. La autovía Madrid-Lisboa inaugurada con Felipe González, la ruta de la plata convertida en autovía, mucho más reciente... inversiones que se recibían mayoritariamente durante los gobiernos socialistas en el Gobierno de España. Poco a poco el tejido empresarial fue cogiendo peso, pasando de ser exportadores de materias primas a tener empresas transformadores, sobre todo el sector agroindustrial. Durante los últimos años la apuesta de las energías renovables hizo que Extremadura se convirtiera en líder nacional en energía solar, siendo la primera región cuyo consumo eléctrico proviene en su totalidad de energías renovables y exportador de energía al resto del país. Además de la instalación de distintos centros tecnológicos estatales como el Centro de Tecnologías Avanzadas Ceta-Ciemat, el Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) basadas en fuentes abiertas CENATIC, el Centro de Agricultura Ecológica y de Montaña,... Y centros regionales como el Centro de Cirugía de Mínima Invasión, el Instituto Tecnológico de Rocas Ornamentales y Materiales de Construcción (INTROMAC), el Instituto del Corcho, la Madera y el Carbón Vegetal,... Además de las promesas de la instalación del centro ibérico de energías renovables, proyecto conjunto de España y Portugal, y la Plataforma Logística del Suroeste Europeo, proyectos programados y anunciados durante el Gobierno socialista de Zapatero. Sin olvidarnos, claro está del tren de Alta Velocidad cuyas obras de una parte de los tramos se han licitado durante la época de Gobiernos socialistas.

Hace más de diez años y ante la necesidad de que el desarrollo de la región fuera más rápido para poder ponerse a la altura del resto de regiones, Juan Carlos Rodríguez Ibarra decidió apostar por la sociedad de la información, subiéndose al tren de la nueva revolución antes que nadie, instalando un ordenador por cada dos alumnos, potenciando el software libre y el Gabinete de Iniciativa Joven. Muchos de estos proyectos le valieron reconocimientos a nivel internacional, convirtiéndose en referentes en estas materias. Previamente se había hecho una apuesta importante por el desarrollo de la Universidad de Extremadura convirtiendo una región donde una gran parte de la población era analfabeta en una con la misma media de universitarios que el resto del país. Una labor, por cierto, que fue continuada durante los últimos cuatro años por Guillermo Fernández Vara.

La llegada de la crisis, y sobre todo del PP, al Gobierno de Extremadura y de España ha supuesto un parón y retroceso sin precedentes para la región. El abandono del proyecto del AVE, mientras se impulsa el del resto de comunidades, el parón de las energías renovables con proyectos pendientes en biomasa y termosolar, la desaparición de empresas, el cierre de CENATIC, y otros proyectos que no acaban de llegar son ejemplos tangibles de la marcha atrás, casi sin retorno, que estamos experimentando.

Los señores del PP en la Junta de Extremadura se comportan como niños pijos y caprichosos que tienen el juguete que siempre habían querido tener y que los extremeños no le habían querido dar: el Gobierno de Extremadura. Se comportan como si gestionaran su cortijo. Cambian el nombre a la Junta de Extremadura llamándole Gobierno de Extremadura, a la Asamblea de Extremadura le llaman Parlamento de Extremadura, cuando el Estatuto de Extremadura marca claramente los términos originales. Llegaron pidiendo más batas y menos corbatas, aunque cada día se ven más asesores que nunca; llegaron con la promesa de reducir coches oficiales y se ven más que nunca. Y contamos con un presidente, el señor Monago, que se quiere comparar con Ibarra, que dice romper cristales para que le escuchen, utilizando incluso expresiones soeces como las que le dedicó a Trias: "Si ten collons...". Pero los hechos demuestran cada día que es una simple pose, que no tiene peso en su partido. Después de ser el que más ha recortado no se ha recompensado a Extremadura. El Gobierno de Rajoy ha abandonado los proyectos emblemáticos y necesarios para Extremadura, como el AVE o las energías renovables, y se espera un gesto del Gobierno de España con Extremadura, que nunca llegará.

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