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19/02/2016 14:50 CET | Actualizado 19/02/2017 11:12 CET

No es Brexit, estúpido

ueEl verdadero desafío a la UE no es Brexit, ni siquiera la crisis de crecimiento y empleo que socava, desde hace años nuestras sociedades. Europa se está dejando jirones de credibilidad y de identidad en los campos de refugiados, en las vallas de alambre de Hungría, en el Mar Mediterráneo y en las playas de Lesbos. La falta de voluntad política de los gobiernos europeos está alimentando un drama humano de los que quedan grabados en los libros de historia para vergüenza de las siguientes generaciones

Foto: EFE

No voy a negar lo importante que es dar la batalla para que el Reino Unido permanezca -a su manera- en la Unión Europea. En un tiempo de multiplicación de crisis, de conflictos armados enquistados, de auge del populismo y la xenofobia, cuando el terrorismo yihadista desafía todos nuestros sistemas de seguridad y en ausencia de una unidad política clara para enfrentarnos a todo ello, la salida del Reino Unido de la UE se convertiría en un precedente grave y daría la puntilla al debilitado proyecto europeo.

Sin embargo, el verdadero desafío a la UE no es Brexit, ni siquiera la crisis de crecimiento y empleo que socava, desde hace años nuestras sociedades. Europa se está dejando jirones de credibilidad y de identidad en los campos de refugiados, en las vallas de alambre de Hungría, en el Mar Mediterráneo y en las playas de Lesbos. La falta de voluntad política de los gobiernos europeos está alimentando un drama humano de los que quedan grabados en los libros de historia para vergüenza de las siguientes generaciones.

Casi nadie discute que también Europa, en particular algunos gobiernos que participaron por ejemplo en la guerra de Iraq, es responsable por acción u omisión de parte de los conflictos que causan el éxodo de millones de personas, en busca de nuestra protección. La cuestión ya no es buscar responsables sino aportar soluciones. Convivir con una realidad tan cruel como la de los refugiados, consentir que, en el siglo XXI y en el mundo desarrollado, mueran centenares de personas en las aguas y campos europeos sin desplegar un operativo eficaz que lo impida es, sencillamente, una atrocidad.

Lo peor de este desastre humanitario es que puede evitarse

La afluencia incesante de personas que tienen derecho a nuestra protección -según las leyes de las que nos hemos dotado y de los convenios internacionales que nos obligan- debe y puede ser atendida. Además de generar pasillos seguros para el éxodo, hay que poner en marcha un mecanismo amplio de ayuda de emergencia por que son muchos los que se ahogan o mueren de frío. Es necesaria una "ventanilla única" coordinada desde la UE, en los puntos de llegada de los refugiados para el registro, la atención particular de cada caso, el cotejo de las huellas dactilares con las bases de datos de inteligencia, y el reasentamiento de las familias en los distintos Estados Miembros. No es en absoluto un problema inabordable, es una gestión posible para la Unión y los Estados Miembros si acceden a coordinarse y cumplen con la ley y con los principios compartidos.

Distribuir a un millón de personas entre una población de más de quinientos millones no es ninguna barbaridad. Tampoco lo sería dar cobijo a dos millones o a tres..., países más pobres que los nuestros lo están haciendo en mucha mayor medida. Los refugiados no van a irse ni el año que viene ni el siguiente. La guerra en Siria, con los bombardeos rusos y la entrada de efectivos turcos que se añaden a una situación ya insostenible para la población civil, anuncian un aumento de huidas de ese infierno. Las distintas coaliciones que operan militarmente en el país están compuestas -en algunos casos- por los mismos Estados que niegan la entrada en su territorio a los civiles que huyen de las bombas: es el colmo de la incongruencia, el cinismo y la insolidaridad.

¿Hasta dónde vamos a llevar este desastre?

Retrasar la solución del problema sólo abona el terreno de los radicales de todas las yihads -que utilizan la desidia europea como argumento para el odio- y de los nacionalismos xenófobos en nuestras sociedades. Eso sí, estamos incrementando los beneficios de las mafias y de los extorsionadores de todo tipo que viven de la clamorosa ausencia de fórmulas legales para entraren Europa.

El Consejo Europeo de este jueves y viernes ha decidido volver a aplazar la urgente solución. Los Estados Miembros se comprometen a no adoptar medidas unilaterales (¿qué pasa con las que ya han tomado: cerrar fronteras, o confiscar bienes de los desplazados...?) y a sentarse en una nueva reunión con el gobierno turco. Todo ello es necesario pero llega tarde, es insuficiente,corto y cobarde. En estos meses se han adoptado medidas y planes que casi nadie ha cumplido y -salvo una leve bajada en el número de llegadas, por el efecto invierno- el problema en las fronteras no ha dejado de agravarse aunque ahora los periódicos ya no abran sus ediciones con fotos de niños ahogados.

La Unión Europea no afronta su peor pesadilla con la posible salida del Reino Unido. El final de la construcción europea reside en la ineficacia cruel que se proyecta sobre la gestión de la crisis de los refugiados. Si los gobiernos europeos siguen bloqueando las soluciones, no hará falta ningún referéndum para sentenciar el punto final del camino. ¿Cómo vamos a exigir a nadie, fuera de nuestras fronteras, un compromiso como con los derechos humanos mientras dejamos abandonadas a centenares de miles de personas en nuestro propio territorio?

Sortearemos Brexit, dejándonos algunos jirones de nuestra Unión, pero si no atendemos con decisión y recursos el drama de los refugiados, salimos todos, nos iremos lejos de la Europa que quisimos construir y ya no podremos volver.

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