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Depender de los otros para ser feliz: Trastorno dependiente de la personalidad

Se trata de una necesidad patológica de mantener relaciones cercanas que brinden protección, apoyo y cuidado a quien padece el trastorno.

Es un trastorno caracterizado por un estado mental en el que las personas dependen en exceso de los otros para satisfacer sus necesidades emocionales y físicas. Existe una necesidad patológica de mantener relaciones cercanas que brinden protección, apoyo y cuidado a quien padece el trastorno. Presentan dificultades para la toma de decisiones cotidianas, tienden a fomentar que otras personas asuman responsabilidades de su vida y buscan siempre aprobación de los otros. También tienen miedo exagerado a ser abandonados por los demás.

Síntomas

  • Se relacionan en gran medida con las personas de las que dependen. Su vida y evolución se limita, suelen sentirse incapaces a nivel laboral, presentan miedo irracional a ser capaces de cuidar de sí mismos. Estos comportamientos conllevan que tengan hábitos de sumisión y dependencia extrema.
  • Temen quedarse solos e indefensos, piensan que puede presentarse una situación donde se sientan vulnerables y necesiten ayuda y no puedan obtenerla, por tanto, requieren de las figuras de dependencia a su lado.
  • Adopta una actitud pasiva evitando tener que tomar decisiones, aunque sean rutinarias y de poca importancia, intentan que sean los demás quienes decidan por ellos.
  • El tiempo que pasan sin contar con la protección de alguien es visto como un peligro, supone estar expuesto a daños o llegar a situaciones en que la propia integridad queda comprometida.

Causas

Existen diferentes causas posibles para el trastorno dependiente de la personalidad:

  • Sobreprotección. Una de ellas tiene origen en los aprendizajes tempranos de la infancia, en niños sobreprotegidos por los padres o madres. Los niños sobreprotegidos al no exponerse a situaciones conflictivas no desarrollan las habilidades para enfrentarse a los problemas por la protección extrema de los padres. La sobreprotección no permite el desarrollo en los menores de estilos de afrontamiento por sí mismos.
  • Falta de confianza que generan los padres ansiosos y temerosos, de modo que condicionan y consolida un estilo de dependencia en los hijos. Existe una figura adulta, que asume las responsabilidades y soluciona los problemas incluso más simples que debían afrontar los niños en las primeras etapas de crecimiento.
  • Baja autoestima. También es posible que, durante la infancia, las expectativas de los padres con respecto de sus pequeños, es de que no serán capaces de enfrentarse adecuadamente a los problemas. Trasmiten la idea de que no tendrán las habilidades necesarias para la resolución de problemas, provocando consecuencias negativas en la autoestima del menor, y en su desarrollo como adulto.
  • La falta de un apego seguro. El apego seguro es la relación emocional que desarrolla el menor con sus progenitores. Le facilita la seguridad emocional esencial para un sano desarrollo de la personalidad. El apego procura la seguridad emocional de ser querido y protegido sin condición. Es sano proteger al pequeño, pero también hay que dejar que experimente gradualmente situaciones en las que se responsabilice en conseguir o no todo lo que desee. Uno de los principales problemas, en la edad adulta de las personas que no han tenido un apego seguro en su infancia, es que relegan sus propios intereses, deseos y necesidades para someterse a la otra persona. Estas personas, cuando están solas, se sienten vacías e incompletas y buscan continuamente relaciones y contactos a costa de lo que sea. Toleran muy frecuentemente relaciones tóxicas y de maltrato.
  • Progenitores dependientes. El aprendizaje de padres que son los modelos que también representa una causa para el trastorno dependiente de personalidad. Tiene que ver con patrones de dependencia en los padres y la repetición de esos etilos de afrontamiento como normales por parte de los hijos quienes ven a los padres como modelos de conducta y figuras de ejemplo a seguir.

Características

En términos generales el trastorno dependiente de la personalidad originado en la infancia presenta las siguientes características de comportamiento:

  • Convicción de su propia incompetencia.
  • Dificultad para tomar decisiones sencillas y cotidianas.
  • Demanda excesiva de consejos.
  • Sentimientos de debilidad y abandono
  • Temor a debatir sus ideas.
  • Desmoronarse ante las críticas.
  • Temor a sus seres queridos los abandonen.
  • Baja autoestima. ·
  • Ansiedad y tristeza constante.
  • Falta de asertividad.
  • Incapacidad de enfrentarse a los problemas y responder a las consecuencias.

Tratamiento

El tratamiento consiste en ayudar a la persona a conseguir autonomía, autoconfianza y sentimiento de autoeficacia. Es necesario el distanciamiento de las personas de las que depende para comenzar el nuevo proceso de “emancipación”.

La terapia de aceptación y compromiso realizada en consulta psicológica es de gran ayuda en la construcción de los aspectos a mejorar en personas con dependencia. Se trabaja básicamente en los cuatro aspectos que la componen,

  • Primero en la clarificación e identificación de sus propios valores. De esta forma la persona se centra en sus propias necesidades y criterios filtrando aquellos que no sean propios en función de ir distanciándose de los pensamiento y emociones que generan dependencia.
  • Luego reconociendo e implementando los comportamientos que van en dirección de sus valores. Identificar las áreas a mejorar, en este punto es posible señalar el estilo de vida reducido y las oportunidades desperdiciadas en la carencia de autonomía.
  • Durante el proceso terapéutico de forma gradual la persona podrá llegar a identificar aquellas conductas patológicas de dependencia. Todo comienza por reconocer los pensamientos y emociones negativas y/o incomodas que nos desvían de los valores. Aceptar que están presentes, forman parte de mi pero no dirigen mi comportamiento, aunque esto no se pueda cambiar de un día para otro.
  • Por último, el fortalecimiento en el proceso terapéutico que tiene que ver con los valores, y los comportamientos cotidianos que van en su dirección. Estas conductas ya dependen de cada persona en función de mantener y buscar lo mejor para sí mismos sin tener que depender de nadie.