'Edipo, ¿(re)conocerse o poder mirarse? He ahí el dilema

Esta es la historia de un héroe que huyendo de la profecía que le condena a una vida de catastróficas desgracias acaba cumpliéndola.
Alejo Sauras protagonista de 'Edipo'.
JERO MORALES
Alejo Sauras protagonista de 'Edipo'.

Esta semana ha llegado al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida su otro plato fuerte de la programación de este año. Se trata de Edipo. Obra que atraerá a la profesión teatral porque lo escribe Paco Bezerra, lo dirige Luis Luque, lo coreografía Sharon Fridman, la escenografía es de Mónica Boromello y lo ilumina Cornejo.

Al público, sin duda lo atraerá, porque se trata de una tragedia griega, de las de siempre, y por su protagonista, Alejo Sauras. Actor popular gracias a series de televisión que ya demostró en este Teatro Romano de Mérida que la comedia era lo suyo.

¿Para qué se han juntado todos ellos? Para contar la historia de un héroe que huyendo de la profecía que le condena a una vida de catastróficas desgracias acaba cumpliéndola. La profecía decía que mataría a su padre y se acostaría con su madre. Una obra que, viendo esta propuesta, no queda claro si es mejor vivir en la ignorancia y disfrutarlo o acumular sabiduría y con ella la desgracia de saber quién se es.

El texto...

El caso es que si se analiza por partes todo es de libro. El texto, escuchado, suena bien. Tal vez no está muy justificado por qué Edipo tiene que mandar a Creonte a hablar con las adivinas cuando los incendios y las plagas asolan Tebas, la ciudad en la que reina. Quizás hay reiteraciones e insistencias que se podrían haber evitado pues matizan poco. Puede que Tiresias pudiese presentarse al público, decir quién es al principio y no hacia el final de su parlamento. Pero el autor sabe escribir y sabe escribir para que el texto sea dicho y hecho en un escenario, y quien quiera podrá comprobarlo en la antología de sus textos que prepara Uña Rota.

La escena...

La escenografía de Mónica Boromello es impactante. Su azul, sin ser Klein, tiene el espíritu con el que usaba el azul este artista que hasta le puso su apellido a una variante del color. Se le puede criticar que la pieza —pues tiene forma y estructura de pieza de arte, de escultura para un gran espacio público— oculta la belleza del Teatro Romano. Da la impresión de que pretende borrarlo. Impresión que se perderá cuando ese pedazo de azul se vea en las Naves del Español en el Matadero de Madrid en septiembre.

La coreografía

El coro del montaje de 'Edipo'.
JERO MORALES
El coro del montaje de 'Edipo'.

Sharon Fridman ha hecho un trabajo coreográfico o de movimiento que no parece tal. Es siempre bello, pero no siempre se ve la utilidad, como esa subida y bajada de escaleras o esas parejas que andan lento y pausado en escena. Impactante lo bien ejecutada que está por los actores. Aunque, lo mejor es como está resuelta la esfinge. Momento en el que el trabajo de este artista brilla. Como lo hace cuando trabaja al elenco como un coro griego con sus máscaras.

La iluminación...

En este aspecto, Cornejo reina. Es unánime la alabanza al trabajo hecho por este profesional. Cómo ilumina esa grandísima pieza azul donde se proyectan muchos videos y frases, y a la vez se ilumina a los protagonistas. Un trabajo muy importante pero que no se nota, que hay que mirar activamente, de lo bien que está en el conjunto, siempre al servicio de lo que ocurre en escena.

Sin embargo, lo más destacable son dos participantes menos conocidos. Los videos de Bruno Praena que demuestran que hay vida más allá del sempiterno, al menos en los centros nacionales o asimilados, Álvaro de Luna. Videos fascinantes y mesmerizantes, sobre todo si se miran como pieza artística o de instalación.

La música...

La otra sorpresa es la música de Mariano Marin que suena durante toda la función, como si fuera la banda sonora de un musical. Música que recuerda a las composiciones que Alberto Iglesias y Ryuchi Sakamoto han hecho para las películas de Pedro Almodóvar. Esta música, las formas de interpretar el texto y el propio texto pueden ser las razones por las que no se deja de pensar en el manchego, sobre todo, en su versión (melo)dramática y trágica.

El protagonista...

¿Y Alejo Sauras? Alejo entregado a la tarea que le ha sido encomendada con sus recursos. Haciendo un trabajo eficiente y aguantando en escena de un tirón los cien minutos que tiene la obra, excepto el momento en que un primer plano suyo diciendo un monólogo se proyecta en el fondo del escenario. Que de estar montado como el que se le ve hacer a Mina El Hammani, la Yocasta de este montaje, se supone que está siendo proyectado a la vez que se dice en presente y en presencia.

Cada generación necesita su Edipo

Una escena de 'Edipo' en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.
JERO MORALES
Una escena de 'Edipo' en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

Con todos estos elementos, Luis Luque hace una obra eficaz, resolutiva, sin peros desde la técnica teatral. Tampoco se lo puso difícil el público que, el día del estreno, calló y escuchó lo que Edipo dijo o habló con el resto de los personajes. Un público que se levantó con entusiasmo a aplaudir en cuanto acabó la función, y entre el que, sin hacer un estudio estadístico, parecía haber gente más joven de lo habitual en este tipo de estrenos y obras. Se podría cantar con Mecano aquello de mucha niña mona pero ninguna sola, atraídas por un Alejo Sauras que en un primer momento está en calzoncillos un buen rato marcando forma física a la moda actual.

Una dirección que consigue momentos brillantes. Entre los que destaca el enfrentamiento de Edipo a la esfinge o el encuentro entre Edipo y Tiresias. Un Tiresias interpretado por una actriz china que habla en chino, el idioma de los adivinos y los profetas para los mortales, pues lo que dicen ni se suele entender ni se sabe cómo interpretar. Idiomas de profecías que los que los escuchan se encuentran en la obligación, más que en la necesidad, de tener que hacer algo con ellos.

Por tanto, hay muchas razones que justifican el que se haya levantado esta producción. Mucho porqué respondido. Es posible que el de que cada generación necesita su Edipo sea uno de ellos. O el de que cada cierto tiempo en Mérida hay que montar el Edipo. Sin embargo, es más difícil identificar el para qué. El objetivo de montar un Edipo ahora, en estos días.

Podría intuirse, por la insistencia en el texto de Paco Bezerra y por el paratexto escrito al alimón con Luque en el programa, que el objetivo es ofrecer un role model a los jóvenes de hoy en día, y a la sociedad que los alienta. Un ejemplo de sacrificio y autoinmolación en la búsqueda de verdad y sabiduría, entendida como (re)conocerse a sí mismo. Saberse ver, sin poder verse, sin poderse mirar en las stories de Instagram, como le ocurre a Edipo al final de la tragedia que vivirá en sus propias carnes.

La tragedia de ser un ser humano, que por el simple hecho de serlo, se cuestiona todo. Se lo pregunta todo. Nunca conforme con lo que sabe. Ignorante de que la sabiduría que desea, el anhelo de verdad, de autenticidad, no le dará la felicidad. Por lo que queda la duda de si este montaje consigue lo contrario de lo que se pretende.

Es decir, si propone que es mejor vivir en la ignorancia y mantener la mirada. Si estudiar, investigar, intentar comprender, perseguir la sabiduría y hasta perder la vista como sentido, no la capacidad de ver, lleva a la desgracia. La desgracia que impide consumir todo ese material gráfico con el que la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los conocidos, las marcas y los reporteros gráficos bombardean de todos lados a través de las múltiples pantallas.

Un anhelo humano, el de acabar con la propia y bendita ignorancia, que ciega a quien lo persigue. Como avisan todos los que, como el adivino Tiresias, conocen sus consecuencias. Tener la capacidad de ver, de interpretar —aunque sean las vísceras de una gallina muerta–, de predecir el futuro de otros y de uno mismo, no nos hace los seres más felices del planeta. ¿Es mejor darse a la ignorancia y las fake news como está haciendo conscientemente la sociedad en la que vivimos?