Y volvió pasar: se usó el nombre de las víctimas del terrorismo en vano. Ha resultado tan frustrante como siempre y tan desolador como siempre.
Cuca Gamarra interviene en el Congreso de los Diputados.
Cuca Gamarra interviene en el Congreso de los Diputados.
Europa Press News via Getty Images

Y volvió pasar: se usó el nombre de las víctimas de ETA en vano. Ha resultado tan frustrante como siempre y tan desolador como siempre.

Si hace unos días hablábamos de la necesidad de crear una memoria democrática, de crear un espacio para que las víctimas de ETA fueran recordadas y las nuevas generaciones sepan qué pasó, lo que este martes se ha vivido en el Congreso de los Diputados ha puesto de manifiesto hasta qué punto falta mucho camino por recorrer.

Siete años después del último debate para el estado de la nación, la Cámara Baja se tendría que haber llenado de un intercambio senior de ideas, propuestas, medidas, para hacer frente a la terrible situación que estamos viviendo. Pedro Sánchez ha hecho su parte: ha sacado la artillería pesada con una batería de medidas con las que ha “satisfecho” a sus socios de Gobierno y ha dado un “chute de energía” a los socialistas. Pero acabada esa primera intervención del presidente se ha terminado el foco en la preocupante inflación que asola los bolsillos y cuentas de los españoles.

La portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra, no ha tardado ni medio segundo en dejar claro por dónde iban sus líneas argumentales: ETA, ETA y ETA. Los terroristas le dan la percha para calificar de “flojo” el discurso de Sánchez y para quejarse amargamente de la inminente luz verde a la ley democrática y de cómo el Gobierno antepone a Bildu a las filas populares. Pero, por decirlo de alguna manera, la jugada le ha salido mal. Mal porque ha empezado haciendo suyo -y en teoría solo de los suyos- el minuto de silencio en memoria de Miguel Ángel Blanco y la presidenta del Congreso, Meritxel Batet, le ha recordado que un gesto así debe plantearse previamente en la Junta de Portavoces.

Le ha salido mal porque casi seguro que no estaba en sus planes que Bildu se pusiera en pie y formara parte de tal homenaje. Y sí lo han hecho. Gusten o no, los diputados de este partido han guardado un minuto de silencio como el resto de la Cámara. Al comprobar que lo hacían, automáticamente han venido a mi cabeza las palabras del ex político -y popular- Borja Sémper en un documental de Telemadrid precisamente con motivo del asesinato de Miguel Ángel Blanco. “Yo soy de los que creen que es mejor que estén en un escaño a que estén en un zulo. Creo que es mucho mejor”. Eso, objetivamente, se llama responsabilidad social, democrática: mirar más allá y creer que con la palabra se conseguirá que no se repitan errores del pasado.

Pero claramente Gamarra no ha recordado hoy a Miguel Ángel Blanco para tender puentes, para elogiar los logros conjuntos del fin de ETA. Lo que ha hecho hoy la popular es volver a crispar usando a las víctimas, crispar y desviar el debate hacia donde no tocaba. “El PP lo que hace es parapetarse detrás de ETA y del dolor de las víctimas de ETA para negar el deber moral de la derecha de asumir que el Estado tiene que exhumar los cuerpos de víctimas de dictadura franquista y también condenar el golpe de Estado del 36 y la dictadura franquista”, le ha replicado Sánchez. El presidente también ha subrayado que en el PSOE reivindican la Transición, la ley de amnistía de 1977 y “la memoria de todas las víctimas, de ETA y de la dictadura franquista”. Pero Gamarra ha seguido con su guion: afeando a Sánchez que se equivocan “de enemigo” ya que los que no condenan han sido “los de Bildu”.

Una vez más, las víctimas de ETA han sido protagonistas cuando no tocaba. En el peor escenario posible: aquel que, de nuevo, las usa en lugar de honrarlas y auparlas hasta el lugar que merecen. Y está muy, muy lejos del olvido. Pese a lo que muchos quieran hacernos creer.