El rey se mojó

El rey se mojó

Y siendo Felipe VI hijo de Juan Carlos I es notorio que ante los escándalos de su padre, que empañaron su legado, y su obligación con España, Felipe VI eligió España, con firmeza.

El rey, durante el mensaje de Navidad de 2022.BallesterosEFE

Para millones de españoles jóvenes, o al menos para cientos de miles, Franco es un señor desconocido. O no dieron esa lección, que es lo más seguro porque el lado oscuro de la fuerza es como un Drag Queen que quiere engañar pero que se le nota el bulto, o se han olvidado en el batiburrillo habitual. Así que aquí entra el lugar de los refranes, como ese tan gráfico de que los árboles no dejan ver el bosque. Pero la política nacional es de tal complejidad, animosidad, trampantojo e idiotez que hay que adaptarlo a la realidad: además de que los  árboles dificultan la visión del monte, las hojas impiden ver las ramas, y las ramas bajas, como consecuencia de las leyes de la gravedad, tapan el tronco, que, apenas visible por la tupida persiana vegetal, tapa a su vez la tierra y entierra las raíces….

Hubo un momento en España, bueno, ha habido varios, pero me refiero al último, en que pareció, vana ilusión, que alguien con seso, sentido del deber y capacidad  iba a romper el nudo gordiano. En esas estábamos cuando aparece casi de repente un partido nuevo, fresco, liberal, europeísta  y catalán, que supuestamente para muchos progresistas podía frenar la radicalización del PP (azuzada por unos medios cada vez más echados al monte, o sea, ultra-montanos, ideológica y políticamente hablando) si como el resto de ‘bisagras’ europeas se aliaba tanto a derecha como a izquierda, en función de los votos.

Ese efecto moderador era muy atractivo para una bolsa importante de votantes progresistas y hasta de militantes y dirigentes históricos del PSOE, un partido al que miraba Podemos con indisimuladas ganas de comérselo crudo, tan tierno que estaba, carne apetecible además para la galaxia separatista, que soñaba con convertir a Sánchez, en una marioneta a su servicio: en un rehén impotente.

La derecha lo consideraba un ‘okupa’, tras la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy. Pero a Rivera lo cegó la ambición de convertirse en un nuevo Gil Robles. Poco a poco le fue copiando (o remedando) el lenguaje apocalíptico de la preguerra al dirigente de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y ‘rianga rianga’.

Después vino la foto de Colón, y todo lo demás. El PP entró en crisis, tanta que el gallego Núñez Feijóo echó a volar la gaviota. Sin prisas, bueno, un poco sí, y sin pausas, los populares fueron escorándose peligrosamente a estribor, hasta oler los percebes en las rocas batidas por el furioso oleaje del Cantábrico embravecido, en su regata por ganar los votos cada día más radicales de VOX y Ciudadanos. El acoso permanente al Gobierno, que como todos los que no han ido conservadores han sufrido la deslegitimación y el calificativo de ‘okupas’ a pesar de su mayoría electoral, y la torticera utilización del filibusterismo para bloquear la obligada renovación del CGPJ, del TC y la presidencia de los demás tribunales en orden descendente… ha sido la cerilla al lado de la pólvora. El colmo de todos los colmos de esta historia de vuelta a la España de la charanga y la pandereta es que la parte rebelde del TC impida a las Cortes Generales legislar para reponer la legalidad constitucional.

Esto me recuerda como el 19 de julio de 1936 un joven canario de 26 años fue detenido y acusado de ‘incitar a la rebelión’ precisamente por los militares golpistas que se habían rebelado contra la República. Por estos hechos y un intento de fuga del campo de concentración de Gando, un antiguo lazareto,  Ángel pasó siete años y tres meses preso, y una carrera destruida. Sin embargo fue uno de los muchos socialistas que entendió y apoyó la monarquía parlamentaria, aunque no pudo cumplir sus deseos de votar en el referéndum; pero ya tenía la papeleta del SÍ. Murió, sarcasmo de la historia, unos días antes, el 20 de noviembre de 1978.

Y vamos al tradicional ‘mensaje’ de Navidad del Rey, el sábado 24 de diciembre a las nueve de la noche. Fue un gran discurso, uno de los mejores y más claros y oportunos del jefe del Estado. Usó, a la vez con valentía y con prudencia, las funciones que recoge el artículo 5 del Título II de la CE78: ’El rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones……” Repetimos: ‘el funcionamiento regular de las instituciones’.

Yo no sé, como es natural, en qué estaría pensando cuando dijo todo lo que dijo apuntando claramente a los problemas que ya han dado forma a la mayor crisis constitucional de la democracia, porque se han traspasado casi todos los límites de la normal confrontación política. “El deterioro de la convivencia” no es una impresión; es un dato evidente. Miren en las redes sociales. Son un pozo de odio. Una fábrica de resentimientos. La llamada a evitar “la erosión de las instituciones” y su referencia bien explícita a que “respondan al interés general, ejerzan sus funciones con colaboración leal, con respeto a la Constitución y las leyes y sean un ejemplo de integridad y rectitud…” parece tener unos claros destinatarios.

En fin, la propia Constitución establece que el rey es quien en definitiva, tras el proceso de elección, nombra a los miembros del Consejo General del Poder Judicial por cinco años, y hay varios que llevan casi nueve. Cuatro más de lo debido. Por lo tanto los auto-prorrogados por instrucciones directas y publicadas de la dirección del PP no cuentan  con la ‘legitimidad de origen’. Vienen a ser técnicamente – y no solo técnicamente- como los que ocupan ilegalmente la casa de unos ancianos.

De tanto rasgarse las vestiduras….se han quedado desnudos. La toga y las grandes cruces, igual que ‘el hábito no hace al monje’, no hacen al magistrado ejemplar, servidor imparcial, esforzado e incorruptible de la Ley, guardián de la letra y el espíritu constitucional.

Obviamente, la erosión no es general. Las Cortes funcionan bien; a veces hay gritos, pateos e insultos, pero esas cosas son habituales en los parlamentos; la mayoría que sustenta al Gobierno es sólida, si bien los acuerdos de Sánchez con separatistas, y últimamente las modificaciones penales a la carta de los delitos de sedición y malversación hayan enfurecido a la derecha y a una parte del propio PSOE; pero esas son las ‘reglas del juego’.

En realidad el gran problema actual, vergüenza europea a pesar de las cínicas romerías a Bruselas y Estrasburgo, pañuelo de plañideras, es que la justicia entró en un proceso ‘prostituyente’ cuando un grupo corsario sin ‘patente’ para este corso sencillamente empleó la técnica del abordaje. El Jefe del Estado no puede permanecer impasible mientras la Comisión Europea exige, y exige y vuelve a exigir la renovación urgente y sin dilaciones ni condiciones previas del CGPJ. Y, Santas Pascuas Aleluya, y pocas veces mejor dicho.

Ha habido reacciones y reacciones. Quizás la más estúpida, por ser una ocurrencia simplona, sea la del diputado separatista de ERC Gabriel Rufián, un maestro de la pose y el arte del meme y la memez para epatar al personal ‘enredado’. Tras el discurso del Jefe del Estado volvió a publicar una vieja foto de Felipe de Borbón de niño, quizás de seis o siete años, saludando a Franco, en presencia de su padre Juan Carlos I, el que empezó a desmontar el franquismo. “No hay que olvidar nuestros orígenes”. Y eso es verdad, pero para todos. Y Rufián debe entender que el apellido Rufián se las trae. Desde antes que el Cardenal Cisneros creara el antecedente del DNI era habitual que lo que luego sería oficializado como apellido familiar correspondiera a un lugar, al oficio, a una característica física o a un mote. Como ‘blanco’ o ‘moreno’, ‘de Lugo’ o ‘de Alba’, ‘Bueno’ o Rufián’, ‘Cebolla o Pimienta’…

Olvida Rufián, y otros muchos, que al aprobarse la Constitución, y ser derrotadas  las enmiendas republicana, como la del PSOE, y luego pasar con Suma Cum Laude el Referéndum Nacional, todos los dirigentes políticos menos los separatistas, que ya eran objetivo en las placas Petri de los entomólogos de las ideologías, coincidieron en una misma frase: “ya Juan Carlos no es el heredero de Franco; ahora es el heredero de la Constitución”.

Y siendo Felipe VI hijo de Juan Carlos I es notorio que ante los escándalos de su padre, que empañaron su legado, y su obligación con España, Felipe VI eligió España, con firmeza.

Esta navidad lo ha vuelto a demostrar. Aunque ‘to be continued’.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Empezó dirigiendo una revista escolar en la década de los 60 y terminó su carrera profesional como director del periódico La Provincia. Pasó por todos los peldaños de la redacción: colaborador, redactor, jefe de sección, redactor jefe, subdirector, director adjunto, director... En su mochila cuenta con variadas experiencias; también ha colaborado en programas de radio y ha sido un habitual de tertulias radiofónicas y debates de televisión. Conferenciante habitual, especializado en temas de urbanismo y paisaje, defensa y seguridad y relaciones internacionales, ha publicado ocho libros. Tiene la Encomienda de la Orden del Mérito Civil.