El SOS de la Atención Primaria en Madrid: “Temo más como paciente que como médico”

El SOS de la Atención Primaria en Madrid: “Temo más como paciente que como médico”

Médicos de familia y pediatras lanzan un grito desesperado desde la huelga: “Hemos llegado a un punto en el que, si no cambia la cosa, desaparecemos”.

Protesta de médicos de familia y pediatras en huelga. Madrid, el 24 de noviembre de 2022.
Protesta de médicos de familia y pediatras en huelga. Madrid, el 24 de noviembre de 2022.AURORA PASCUAL

La concentración empieza siendo tímida, pero al tercer cántico entonado, sus integrantes ya han entrado en calor. Lleva el megáfono Fran Recio, un hombre alto, joven, pelirrojo, con bata, pediatra, que es aupado por sus compañeros, todos médicos o pediatras de Atención Primaria en la Comunidad de Madrid, todos en huelga.

El sindicato de médicos AMYTS ha convocado a un grupo de periodistas para hacer la ‘ruta de la precariedad’ en autobús por una serie de centros de salud de la capital madrileña y acompañar a los sanitarios en huelga desde el lunes 21.  

Y entonces comienzan los cánticos… “¡Primaria unida jamás será vencida!”, “¡escucha, Madrid, ahora hay que aplaudir!”, “¡no es vocación, es explotación!”, “¡Ayuso, esto es un abuso!”, “¡consejero, escucha, primaria está en lucha!”.

El pediatra Fran Recio en huelga, desde el autobús de AMYTS en la 'ruta de la precariedad'.
  El pediatra Fran Recio en huelga, desde el autobús de AMYTS en la 'ruta de la precariedad'.AURORA PASCUAL

La realidad de muchos médicos: “En Suecia o poniendo pelo”

Cuando se oye un “¡no estamos todos, faltan los de Suecia!”, Pilar Martín Carrillo, pancarta en mano en la parte superior del bus, salta: “En Suecia o poniendo pelo”. Es el caso de su residente, una médica “buenísima” que, al ver el panorama en la Atención Primaria madrileña, ha decidido dejar la medicina de familia para entrar a una clínica privada de implantes capilares. Parece chiste pero es anécdota. 

Martín Carrillo, de 62 años, es médica de familia en Galapagar, y ha ido viendo año a año cómo la cifra de colegas va cayendo en la comunidad ante el empeoramiento de las condiciones laborales. Sin suplencias para períodos de vacaciones o bajas, esto supone una sobrecarga adicional para los que se quedan, y a su vez hace que muchos se prejubilen o busquen otro puesto. Es la pescadilla que se muerde la cola, en un ciclo sin fin que acaba con profesionales quemados y pacientes desatendidos. 

Cuando vuelvo a casa a las seis sin haber comido y con la sensación de no llegar a nada, digo: ¿pero por qué tengo que aguantar esto?
Pilar Martín Carrillo, médica de familia

“Empiezas con la mañana 35 pacientes, pero sigue viniendo gente y nos los van poniendo en la agenda, así que llega un momento en que nos vemos con 40, 50 o 60”, relata la doctora. “No puedo más, cada día trabajo dos o tres horas más y tengo la sensación de que no llego bien a nada. Después de todo el día, cuando vuelvo a casa a las seis sin haber comido, digo: ¿pero por qué tengo que aguantar esto?”, se pregunta la mujer. “Es muy triste, es una sensación muy triste. Y así un día, y otro día y otro día”, dice. “Hemos llegado a un punto en el que, si no cambia la cosa, desaparecemos”.

La sola existencia de la Atención Primaria, en juego

Según datos de AMYTS, sólo 20 de los 219 jóvenes que terminaron este año su residencia de medicina de familia en Madrid han decidido quedarse a trabajar en un centro de salud de la región. Y de los 79 residentes de Pediatría que han acabado el MIR en la comunidad este año, sólo uno ha decidido coger plaza en la Atención Primaria madrileña.

“Al no tener relevo, vemos que vamos a desaparecer completamente”, sentencia Pilar Martín. Pero “no es falta de médicos, es que no quieren trabajar en esas condiciones”, matiza. “Nos ven trabajar de la manera en que trabajamos y no se quieren quedar en Madrid”.

Los residentes nos ven trabajar de la manera en que trabajamos y no se quieren quedar en Madrid

Al estar muy cerca de la jubilación, la médica reconoce que, profesionalmente, no tendría por qué interesarle esta lucha reivindicativa. Pero la cuestión va mucho más allá: “Temo más como paciente que como médico”.

Alberto Madrid, Pilar Martín Carrillo y Antonio Molina, médicos de familia en la Comunidad de Madrid.
  Alberto Madrid, Pilar Martín Carrillo y Antonio Molina, médicos de familia en la Comunidad de Madrid.AURORA PASCUAL

Martín Carrillo cree que uno de los sectores de la población que más afectado se ve por la “degradación” de la Primaria son los pacientes crónicos, dependientes y pluripatológicos. Esto es: en general, los más mayores, que al mismo tiempo son cada vez más numerosos. 

Temo más como paciente que como médico

“Me gusta mucho el trabajo de médico de familia, pero ahora mismo no me da tiempo a controlar a mis pacientes”, admite Martín. Se siente frustrada por no poder siquiera explicarle en condiciones a su residente cómo es una revisión anual de una persona diabética, por ejemplo. “Sólo nos da para lo más urgente, para quitártelo un poco de en medio, porque no puedes hacer una exploración de los pies, un fondo de ojo, una analítica, un electro, ver su alimentación… Hay muchas cosas que mejorarían el control de estos pacientes crónicos y, como no lo estamos haciendo, terminan descompensándose, yendo a urgencias, ingresando y muriendo antes de tiempo”, advierte.

Como no podemos controlar a los pacientes crónicos, terminan descompensándose, yendo a urgencias, ingresando y muriendo antes de tiempo

Recalca Martín que en Atención Primaria se podrían resolver “el 80% de las cuestiones que la población necesita de la sanidad”. Pero para eso necesitan tiempo, y no lo tienen. Al final, lamenta, “hemos quedado para hacer papeleo y derivaciones”, mientras que como médicos de familiar están preparados para hacer “cirugías menores, ecografías, infiltraciones, atención domiciliaria, prevención…”, enumera.

“30 años después, seguimos pidiendo 10 minutos por paciente”

A la médica le parece mentira que “treinta años después seguimos pidiendo 10 minutos por paciente”. Esa es una de las principales reivindicaciones de los médicos en huelga a la Consejería de Sanidad, que de momento les ha ofrecido muchas buenas palabras pero ningún presupuesto que lo sostenga. 

De ahí que uno de los cánticos más repetidos sea “¡Lasquetty, escucha, abre ya la hucha!”, en un llamamiento al consejero de Hacienda de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández-Lasquetty, que no se ha sentado en ninguna de las negociaciones con los sanitarios estos días y de quien depende que se aumente el presupuesto para la Primaria. 

¡Lasquetty, escucha, abre ya la hucha!

Pese a que diferentes sectores de la Sanidad llevan ya un mes movilizados en la Comunidad de Madrid sin dar muestras de querer bajar los brazos, casi todos los médicos consultados para este reportaje insisten en que en su profesión no son muy dados a las “algaradas”. “Nos ha costado 20 años hacer una huelga de estas características; no podemos dejarlo ahora si no tenemos una solución”, lanza Martín Carrillo. “Por que es que desaparecemos, desaparecemos”. 

“¡Queremos atender, no despachar!”

Sara y María son parte de ese “relevo” de la medicina de familia que tanto cuesta encontrar en la Comunidad de Madrid. Ambas se han desplazado hasta el centro de salud Palma Norte, la primera parada en la ‘ruta de la precariedad’. Situado en el barrio de Malasaña, este consultorio es descrito por muchos como una “ratonera” por sus malas condiciones de habitabilidad. Ahora se encuentra atestado de sanitarios a sus puertas, que corean lemas como “¡más contratos, menos maltrato!”, “¡se nota se siente, Primaria está presente!” o “¡queremos atender, no despachar!”.

Esa última frase es la que repite Sara, médica de familia en Pozuelo de Alarcón, cuando se le pregunta por qué hace huelga y por qué se ha unido a la concentración. “Somos el futuro de la primaria, nos quedan muchos años. Si la situación sigue así, serán años de explotación laboral y de despachar y no atender”, cuenta.

Nos ha costado 20 años hacer una huelga de estas características; no podemos dejarlo ahora si no tenemos una solución

Su compañera María, médica de familia en un centro de salud de Madrid, insiste en que los médicos no están pidiendo tanto. “Más tiempo por paciente y agendas más cortas para atender mejor”, resume. Habiendo acabado su residencia hace un año y medio, las jóvenes se ven con “mucha energía y muchas ganas de luchar” para que, esta vez sí, la Consejería cumpla sus acuerdos con la Atención Primaria. “Por nuestro futuro y por el de nuestros pacientes”, zanjan. “Casi ningún problema real se atiende en 5 minutos”. 

Elena Aguiló, médica de familia jubilada hace dos años
  Elena Aguiló, médica de familia jubilada hace dos añosAURORA PASCUAL

A ellas se une Elena Aguiló, la otra cara de la misma moneda. Médica de familia jubilada hace dos años, Aguiló ha ido viendo –y viviendo– el deterioro progresivo de la Atención Primaria en Madrid. Cree que muchas veces, al hablar de cifras, agendas infinitas y tiempo por paciente, olvidamos que la esencia de la medicina de familia está en poder “establecer una relación con los pacientes”. De modo que si no tienes un facultativo asignado, si tu médico dura dos meses en su puesto, o si tu doctor de toda la vida tiene ahora que atender el cupo de su colega, ese vínculo se pierde, o al menos se deteriora. 

Como médicos de familia, acertamos más cuando conocemos al paciente. Para eso hacen falta contratos que te permitan quedarte en un sitio
Elena Aguiló, médica de familia jubilada

“En Atención Primaria, necesitas conocer la zona, el barrio, a la gente, su entorno familiar”, detalla Aguiló. Ella, que estuvo 29 años trabajando en el mismo centro, era capaz de saber “cuándo una persona acudía mucho de repente, y tenía la confianza para preguntarle si pasaba algo”. “Acertamos más cuando conocemos al paciente”, asegura la médica. Y el paciente confía más, se abre más, si tiene delante a alguien conocido. “Para eso hacen falta contratos que te permitan quedarte en un sitio”, apunta Aguiló. 

“Yo sólo digo que estoy aquí por la sanidad pública”

Siguiente parada en la ruta: el centro de salud General Fanjul, en Aluche. Allí recibe al autobús otra maraña de gente, entre sanitarios con batas y vecinos del barrio, en general mayores y protegidos con su mascarilla. Un señor de unos 70 años no acaba de animarse a responder a las preguntas de El HuffPost, pero sí recalca: “Yo sólo digo que estoy aquí por la sanidad pública. No digo más”. Y en pocas palabras deja clara su postura.

'Médicos en huelga. Pedimos más tiempo para usted'.
  'Médicos en huelga. Pedimos más tiempo para usted'.AURORA PASCUAL

Su mujer, Encarna, de 79 años, se extiende algo más al contar por qué está ahí. “Llevan toda la razón del mundo”, dice, señalando con la cabeza a los sanitarios que sostienen la pancarta y corean lemas al ritmo de un cencerro y varias cajas de percusión. “Nos portamos muy mal con ellos para todo lo que se merecen”, apunta la mujer. ¿Que si han notado una pérdida de la calidad sanitaria en los últimos tiempos? “Claro que lo estamos notando. Mucho”, contesta.

Encarna señala orgullosa hacia el mogollón de médicos. “Está ahí nuestra doctora”, dice. “La estamos apoyando. Le digo que se merece muchísimo que estemos aquí por ella”, agrega la mujer. 

Para volver a estar en las mismas, no paramos la huelga
Dora Bejarano, pediatra

Pediatra en el centro de salud de Aluche es Dora Bejarano, que explica a los medios de comunicación que seguirán con la huelga porque la Consejería no les garantiza “qué va a pasar con el exceso de agenda”. Los médicos piden, para Pediatría, un máximo de 21 pacientes por día, 31 para los médicos de familia. Aparentemente la Consejería les responde que sí, pero no plantean qué ocurre si llega el paciente 22 o 32 –por una urgencia, por falta de otro médico– y el turno del doctor ya ha terminado. “Soy médico y me debo a mis pacientes, así que acabo viendo a todos”, admite Bejarano. “Pero si alguien abusa de eso, lo está haciendo muy mal”, señala la pediatra en una clara referencia a la Consejería de Sanidad madrileña. “Para estar en las mismas, no paramos la huelga”, concluye. 

“Si esto sigue así, la Atención Primaria se muere”

Como Bejarano, Javier Rodríguez también es pediatra, pero en su caso en Galapagar. Se ha desplazado hasta Aluche provisto de una caja para dar ritmo a las protestas, y sobre todo para luchar por que la pediatría sobreviva. “En esta comunidad autónoma se ha permitido que la Atención Primaria vaya muriendo poco a poco”, lamenta Rodríguez. 

El pediatra recalca que el colectivo médico “jamás se organiza para hacer una huelga en condiciones”. “Pero hemos visto que no podemos permitirlo ya. Hemos dicho ‘hasta aquí’. Porque si esto sigue así, ya no hay punto de retorno, esto se muere”, advierte.

Es probable que la pediatría ya esté muerta. Lo que tenemos que hacer ahora mismo es resucitarla
Javier Rodríguez, pediatra

Si hay una especialidad realmente tocada esa es la de la pediatría. Se estima que en los últimos tres años la Comunidad de Madrid ha perdido a unos 200 pediatras que no han sido sustituidos, de modo que el hueco está ahí. 

Para Javier Rodríguez, “es probable que la pediatría ya esté muerta”. La pérdida de una quinta parte de toda la cartera de profesionales de pediatría en la región supone que “hay muchísimos niños sin pediatra asignado, que hay muchísimos profesionales de pediatría que están teniendo que asumir, aparte de sus 1.300 o 1.400 pacientes, uno o dos cupos más”. “Eso es inasumible, no se puede permitir”, denuncia. Si la pediatría está agonizando, “lo que tenemos que hacer ahora mismo es resucitarla”, reclama Rodríguez.

Javier Rodríguez, pediatra en Galapagar.
  Javier Rodríguez, pediatra en Galapagar.AURORA PASCUAL

AMYTS ha hablado esta semana de un seguimiento “histórico” de la huelga a la que están llamados casi 5.000 médicos de familia y pediatras de la región, mientras que la Consejería apunta que el seguimiento ha ido decayendo considerablemente con el paso de los días, tras calcularlo primeramente en un tercio de los convocados. 

Desde AMYTS señalan que cada día de huelga supone casi 200 euros menos en la nómina mensual de un médico, más la consiguiente sobrecarga asistencial que se les acumulará a la vuelta. Pero no están dispuestos a ceder a la primera de cambio, recelosos de las palabras de la Administración que no se ven apoyadas en una mejora de las partidas para la Primaria.

“Que esto suponga un punto de inflexión”

Ángela Hernández es, probablemente a su pesar, la cara visible de las protestas sanitarias en la comunidad. Cirujana y secretaria general de AMYTS, reconoce que está “agotada”; “pero es lo que toca”, añade enseguida. Para ilustrarlo tira de un símil muy propio: “Es como cuando en mitad de una cirugía estás agotado… pero hay que acabar, hay que cerrar al paciente”. Y en este caso, la operación con la Consejería “no está cerrada”.

Es como cuando en mitad de una cirugía estás agotado… pero hay que acabar, hay que cerrar al paciente
Ángela Hernández, secretaria general de AMYTS

“Pedimos que esto suponga un punto de inflexión en un deterioro de la Atención Primaria a lo largo de las últimas décadas en Madrid”, afirma Hernández. La portavoz tampoco es ingenua y sabe que en una negociación de días no se resuelve un problema de años, como el hecho que no se destine el 25% del presupuesto de la sanidad a la Atención Primaria. Sin embargo, Hernández se sienta casi cada día a negociar con la Administración porque escucha a sus compañeros, los médicos de familia y pediatras, que le cuentan “que no pueden más”, que “necesitan ser más”. “Y para ser más tenemos que atraer médicos y pediatras. Y para atraerles, las condiciones tienen que ser mejores” resuelve Hernández. Y para eso se necesita dinero, claro. Que es lo que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso se resiste a dar. 

Ángela Hernández, secretaria general de AMYTS.
  Ángela Hernández, secretaria general de AMYTS.AURORA PASCUAL

Hernández es consciente de que el desastre con el nuevo plan de urgencias extrahospitalarias ha sido la puntilla para unos profesionales ya quemados. “Si querían hacerle eso a 220 compañeros –700 en total de todas las categorías–, los siguientes podíamos ser cualquiera”, advierte.   

“Esta huelga tenía que llegar. Los médicos se están rompiendo”

Así que “esta huelga tenía que llegar antes o después”, afirma Ángela Hernández. “Los profesionales se están rompiendo. Están abandonando, y se trata de intentar preservar la atención sanitaria que queremos dar a la población”, reitera. 

Tenemos miedo por nuestro trabajo y por el futuro de nuestros pacientes. No sé qué va a ser de ellos
Antonio Molina, médico de familia

Igual que decía una de las médicas al principio de este reportaje, Antonio Molina –58 años, médico de familia en Móstoles, presente en la protesta– ya no teme tanto por su día a día laboral, sino por el futuro de una profesión a la que ha dedicado su vida. Le duelen especialmente la incomprensión de la Administración –“no sabe cuál es nuestro trabajo”– y el deterioro progresivo de la atención a pacientes. “En los últimos años hemos ido amortiguándolo con el esfuerzo y la sobrecarga de los profesionales, pero ya desde la pandemia la precipitación ha sido salvaje”, afirma.

Cuando se le pregunta por qué hace huelga, Molina responde: “Estamos aquí porque no nos queda más remedio, estamos aquí porque tenemos miedo por nuestro trabajo, por nuestra función y por el futuro de nuestros pacientes”. “No sé qué va a ser de ellos”, dice el médico.