Bustinduy, ¿la nueva esperanza de la izquierda?
Rufián le señaló para suceder a Yolanda Díaz, pero él prefiere quedarse en la retaguardia. Es el tercer ministro mejor valorado del Gobierno y ha puesto de los nervios a agencias inmobiliarias y aerolíneas.

La sucesión cronológica de hechos, en muchas ocasiones, no es una mera casualidad. El pasado martes, a través de un tuit publicado a la 13.26h. del mediodía, Gabriel Rufián bendecía al ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, como una de las "mejores cabezas que hay en la izquierda". Un halago que repitió al día siguiente en los pasillos del Congreso de los Diputados, pero añadiendo algo importante: que le parecería "maravilloso" que fuera el candidato de la nueva coalición de Sumar.
Ese mismo día, sólo unas horas después, Yolanda Díaz anunciaba por carta que no sería cabeza de lista en las siguientes elecciones generales. "Es una decisión muy meditada", señalaba en una misiva en la que también advertía de que era el momento de "ampliar la democracia y de llenarla de sentido y esperanza".
Y todo, además, la semana posterior a que el propio Rufián y Emilio Delgado organizaran un coloquio para reorientar a la izquierda ante el desafío de "frenar a la ultraderecha" y que varios de los partidos que conformaron la coalición de Sumar pusieran la semilla para una nueva mezcolanza electoral que movilice al votante progresista.
En esta sucesión de hechos, el perfil que sale más reforzado es el de Bustinduy. Una vez que la opción de Rufián aterriza en el ideario común como una quimera imposible (ni él mismo se ha llegado a postular), el ministro se ha posicionado casi de forma natural como una figura de consenso para evitar el desastre de la izquierda en 2027. Al menos, ningún otro nombre parece estar sobre la mesa, aunque la portavoz de Sumar en el Congreso, Verónica Martínez Barbero, asegurara este viernes que hay "muchas personas" con cualidades, además del "excelente" Bustinduy, para ser cabezas de lista electoral.
Una idea que también repetía en Antena 3 la coordinadora general de Sumar, Lara Hernández. "Bustinduy es un dirigente maravilloso. Peroni el señor Gabriel Rufián ni otras personas deben, de alguna manera, postular candidatos o candidatas. Los liderazgos son la ciudadanía", aseguró.

Lo cierto, según fuentes de los partidos que ya han puesto las primeras piedras para construir la nueva coalición, es que no hay un nombre todavía elegido y que, por ahora, se está trabajando en un proyecto amplio en el que todo el mundo se sienta cómodo. Y eso pasaba por que Yolanda Díaz se hiciera a un lado, como ocurrió el pasado miércoles. "Se le está dando manga para despedirse por lo alto", asegura una de esas fuentes.
Que la salida de Díaz favorezca el entendimiento con Podemos es más difícil, aunque Irene Montero apostara el pasado jueves por coger el "guante" de Rufián sobre la unidad de la izquierda y que asegurara que las alianzas "van a caer por su propio peso". Ahora habrá que ver en qué se traduce este cambio, ya que desde Podemos llevan tiempo defendiendo que no confluirán con Sumar, como ya han hecho en las autonómicas de Aragón o Castilla y León.
Madrileño de apellido vasco y graduado de politólogo, Bustinduy estuvo en los inicios de Podemos y fue uno de los portavoces del grupo parlamentario de aquel entonces. Hijo de la socialista Ángeles Amador, que fue ministra de Sanidad con Felipe González entre 1993 y 1996, y de Javier Bustinduy, ingeniero de Caminos responsable de la modernización de la red ferroviaria de Cercanías, se "coló" en el Gobierno a última hora después de que Podemos no aceptara la oferta de Sumar para que Nacho Álvarez fuera el titular de la cartera que ahora ostenta Bustinduy. Unos meses antes, Díaz le había rescatado para forma parte de su equipo de campaña aunque no entró en las listas del 23-J, puesto que él actúa como independiente.
Su perfil, en general, gusta en sectores de Más Madrid o Izquierda Unida, aunque hay dudas de si tiene el "punch" electoral necesario para entusiasmar a una izquierda desmotivada. Según el CIS del mes de enero, sólo un 30% de los ciudadanos lo conoce. Sin embargo, es el tercer ministro del Gobierno mejor valorado (con un 4,81 de nota), sólo por detrás de Carlos Cuerpo (5,27) y Margarita Robles (4,82).

El problema para las izquierdas es que Bustinduy no se ve encabezando ninguna lista electoral. "Mi papel es empujar desde el Gobierno para conseguir mejorar la vida de la gente”, dijo hace sólo dos semanas en el Congreso cuando se le preguntó específicamente sobre ello. Otros nombres posibles como Mónica García, Ernest Urtasun o Antonio Maíllo también se han autodescartado.
Además de ser el ministro más joven del gabinete de Sánchez (tiene 42 años), Bustinduy es uno de los que más iniciativas y leyes ha promovido desde que dio origen la legislatura. Entre las normas presentadas, destaca su estrategia estatal para garantizar que las personas mayores puedan vivir en sus hogares o las famosas 'tarjetas monedero', que permiten a las personas en situación de vulnerabilidad hacer una compra como cualquier otro ciudadano.
También sacó adelante una ley que obligará a los comedores escolares a ofrecer fruta y verdura fresca todos los días - medida aplaudida por el propio Pau Gasol - y esta misma semana ha anunciado una propuesta normativa para regular la publicidad de alimentos insanos o para prohibir la venta de bebidas enérgéticas a los menores de 16 años.
En el mismo apartado de Consumo, Bustinduy también ha sido protagonista de varios titulares en la prensa por abrir expedientes a inmobiliarias o a aerolíneas por no cumplir la normativa vigente, lo que ha provocado que el CEO de Ryanair, Michael O'Leary, le vistiera como un payaso.

De naturaleza inconformista y bordeando sus competencias, el ministro de Sumar levantó ampollas en el seno del Gobierno cuando envió diversas cartas a empresas españolas con actividad económica destacada en Israel advirtiéndoles del riesgo de estar contribuyendo “al genocidio en Palestina”. Un gesto que provocó el enfado de ministros como el de Economía, Carlos Cuerpo, o el de Exteriores, José Manuel Albares, que se lo llegaron a afear públicamente.
Pero Bustinduy no se achanta ante los ministros socialistas: este mismo martes se quejó ante la portavoz, Elma Saiz, de que siempre le tocaba a él responder primero las preguntas formuladas por los periodistas. La reacción de Bustinduy dejó a su compañera del Consejo de Ministros patidifusa.
"Bustinduy es tímido, poco amigo de las estridencias y de los alardes, pero es vehemente en la defensa de lo que cree y meticuloso en el trabajo. Su máxima es que las ideas se miden en sus efectos", dijeron en su día a El HuffPost los más próximos de su gabinete.
En una legislatura con una difícil aritmética parlamentaria, su ministerio todavía tiene por delante aprobar una ley de familias que lleva atascada en el Congreso casi dos años o la prometida prestación universal por crianza para combatir la "insoportable" pobreza infantil en España.
Objetivos prioritiarios para un ministro que se autodefine como "buena persona" y con una "fuerte vocación pública". "Estoy aquí para poder empujar las causas en las que creo y para mejorar la vida de las mayorías trabajadoras. No es fácil el día a día, pero mi determinación es absoluta. Porque la política bien hecha merece la pena", señaló en su momento en una entrevista para El HuffPost. La duda, ahora, es si acabará siendo el revulsivo que necesita la izquierda o si preferirá mantenerse en la retaguardia.