La encrucijada de la extrema derecha ante la guerra en Ucrania

La encrucijada de la extrema derecha ante la guerra en Ucrania

Los líderes de ultraderecha pasaron de coquetear con Putin a llamarle 'comunista'. Entre sus seguidores también hay confusión y divergencias.

Voluntarios civiles, entrenados por veteranos del Regimiento Azov, en una ubicación secreta en Dnipro (Ucrania), el 6 de marzo de 2022. Andrea Carrubba/Anadolu Agency via Getty Images

La imagen de Matteo Salvini vistiendo hace años una camiseta con la cara de Vladimir Putin y visitando, hace unas semanas, una ciudad polaca fronteriza para solidarizarse con los refugiados ucranianos es la metáfora perfecta para entender la postura de la extrema derecha frente a la invasión rusa de Ucrania. Es decir: todo vale.

El último episodio de Salvini en Przemysl (Polonia) –cuyo alcalde humilló al ultraderechista italiano por su apoyo a Putin– es para rizar el rizo ideológico, teniendo en cuenta que el regidor polaco, que en un primer momento fue aplaudido por la opinión pública, resultó pertenecer también a un partido de extrema derecha. ¡Boom!

Sirva esto para ilustrar, de forma muy simplificada, la difícil postura de la ultraderecha ante esta guerra, empezando porque sus principales representantes europeos –especialmente Salvini, Marine Le Pen y Viktor Orbán– llevaban años mostrando a las claras su simpatía con el ruso. Al otro lado del océano, el estadounidense Donald Trump y la alt-right también reían las gracias de Putin hasta hace nada. Dentro de nuestras fronteras, aunque de forma más sutil, se podría decir que Vox es el partido más próximo al líder ruso, no sólo por homologación con los líderes antes nombrados, sino porque, como cuenta la revista ctxt, el partido de Santiago Abascal ha recibido a través de la fundación Hazte Oír donaciones del magnate ruso Konstantin Malofeev, muy vinculado al Kremlin. 

No es que Putin sea de extrema derecha, pero ha fomentado los grupos de extrema derecha para propiciar una desestabilización de Europa

Ernesto Pascual, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), explica: “No es que Putin sea de extrema derecha; Putin es un autócrata”. Eso sí, el ruso ha “fomentado [y financiado] los grupos de extrema derecha en Europa porque así propiciaba la desestabilización del continente, y eso le interesaba para empequeñecer Europa y engrandecer Rusia”, señala Pascual.  

  La francesa Marine Le Pen se reúne con el presidente ruso, Vladimir Putin, en el Kremlin (Moscú), el 24 de marzo de 2017. MIKHAIL KLIMENTYEV via AFP via Getty Images

La formación de Abascal, que en un primer momento se mostró ‘prudente’ en su posicionamiento con respecto al conflicto en Ucrania, trató después de darle la vuelta, argumentando que “los aliados de Putin se encuentran dentro del gobierno de Sánchez”. 

Putin tampoco es comunista, pero le gusta jugar a retorcer la ideología, hasta el punto de que uno de los motivos para atacar Ucrania –según él– es el objetivo de “desnazificar” el país. Y aquí la historia se enmaraña aún más.  

Los seguidores de Putin utilizan la palabra fascista y la palabra nazi para todo lo que sea contrario a lo que ellos dicen

Los seguidores de Putin “utilizan la palabra fascista y la palabra nazi para todo lo que sea contrario a lo que ellos dicen”, explica Ricardo Marquina, corresponsal en Rusia desde 2008 y documentalista. “Es como ser facha y a la vez llamar facha a todo el que te lleve la contraria”, compara. 

“Para ellos, llevar la bandera soviética no significa colectivizar la propiedad privada y dar los bienes de producción al pueblo, sino la idea del imperio, la grandeza imperial rusa”, prosigue Marquina. En Rusia, por tanto, una hoz y un martillo no equivalen a comunismo, sino a nacionalismo. Y el nacionalismo de Putin es, además, muy conservador, en contra de los derechos LGTBI, en contra de las libertades de prensa, expresión y manifestación, y adicto a la propaganda. 

Ucrania no es un país “nazi”, pero sí hay neonazis en Ucrania

Como en toda campaña de desinformación, en este caso también hay una pequeña verdad contaminada por la gran mentira. ¿Ucrania es un país nazi? No. ¿Hay grupos de nazis en Ucrania? Sí. 

“Ucrania es un país mucho más plural [que Rusia], pero, como en cualquier lugar, hay grupos de ultraderecha. El gran éxito de la propaganda rusa ha sido coger ese pequeño porcentaje y hacerlo pasar por el todo”, sostiene Ricardo Marquina, creador del documental Ucrania: el año del caos.

La coalición de ultraderecha apenas sacó el 2% de los votos en las elecciones parlamentarias ucranianas de 2019. Sin embargo, nombres como el del batallón Azov –que nació como grupo paramilitar y desde hace tiempo está integrado en la Guardia Nacional– resuenan demasiado estos días lejos de Kiev. 

Ucrania podría estar de nuevo abriendo la puerta a extremistas o individuos radicalizados

Tres días después de que comenzara la invasión rusa, Ucrania puso en marcha una Legión de Defensa Territorial invitando a quienes quisieran sumarse a su “lucha por la paz y la democracia en Europa”, sobre todo a aquellos con “experiencia de combate” o que quisieran “ganarla junto a los valientes defensores ucranianos”.

  Voluntarios civiles, entrenados por veteranos del Regimiento Azov, en una ubicación secreta en Dnipro (Ucrania), el 6 de marzo de 2022. Andrea Carrubba via Anadolu Agency via Getty Images

Según datos de Europa Press, el 8 de marzo ya se habían inscrito más de 20.000 extranjeros. Y los expertos avisan de que son, en su mayoría, extremistas de ultraderecha y supremacistas blancos. Con esta Legión, “Ucrania podría estar de nuevo abriendo la puerta a extremistas o individuos radicalizados para que viajen al país, se entrenen, se curtan en el combate y amplíen sus redes”, advierte a Europa Press Elisabeth Goselin-Malo, experta del think-tank italiano ISPI.

“La zona de conflicto podría llevar a extranjeros idealistas a dejarse adoctrinar con ideologías más radicales: van para enfrentarse a un enemigo pero se mezclan con otros radicales y se vuelven más radicales y más interconectados”, coincide también el politólogo Daniel L. Byman en un artículo que publica la Brookings Institution.

La zona de conflicto podría llevar a extranjeros idealistas a dejarse adoctrinar con ideologías más radicales

El pasado 25 de febrero, The New York Times se hacía eco de un estudio del grupo SITE Intelligence Group –una organización que rastrea la actividad online de grupos supremacistas blancos y yihadistas– y advertía de que las milicias de extrema derecha europeas se estaban preparando para luchar contra los rusos. “La aparente movilización de grupos de extrema derecha podría ser problemática para el gobierno ucraniano, ya que encaja en el marco de la descripción de Putin de Ucrania como un país fascista y su falsa afirmación de librar una guerra contra los nazis que controlan el gobierno en Kiev”, explicaba al Times Ali Soufan, ex agente del FBI implicado en casos de antiterrorismo. 

La ultraderecha española “se mueve entre dos aguas”

Meses antes de que estallara la actual guerra en Ucrania, la Fundación Rosa Luxemburgo publicó un extenso informe titulado De los neocón a los neonazis. La derecha radical en el Estado español, coordinado por el periodista Miquel Ramos. Su duodécimo capítulo, Conexiones del este: relaciones internacionales con Rusia y Ucrania, está ahora tristemente de actualidad. 

Pep Anton Ginestà, experto en extrema derecha de los países del Este, explica en él que la ultraderecha española “se mueve entre dos aguas” en su relación con Rusia y Ucrania. Por un lado está “la familia nacional-bolchevique”, con la que flirtean “algunos sectores muy minoritarios en Vox y su órbita”, señala Ginestà. Por otro lado, hay “un pequeño elenco de grupos neonazis [con] reminiscencias hitlerianas”, a los que son afines los Ultras Sur del Real Madrid y Hogar Social, entre otros. Estos sí tendrían “vínculos más sólidos con los batallones de voluntarios ucranianos, en parte formados por miembros de grupos de hooligans de los principales equipos de fútbol de Ucrania”, afirma Ginestà en su investigación. 

La extrema derecha no es homogénea. Más allá de los discursos populistas, no tienen posiciones definidas en el plano internacional

“La extrema derecha no es homogénea, no es un ente con una misma ideología; son grupos heterogéneos de identidades e intereses diferentes pero con algunos puntos en común”, apunta a El HuffPost Marcelino Madrigal, analista de inteligencia. “Su tema es plantear muchos problemas e intentar causar daños sin aportar una sola solución. Pero más allá de los discursos populistas, no tienen posiciones definidas en el plano internacional”, sostiene.

De antivacunas a pro-Putin

Después de meses analizando el discurso de los negacionistas en redes, Madrigal ha observado algo que llama la atención. La mayoría de los que rechazaban la existencia del covid y deploraban las vacunas hoy propagan bulos en favor de Putin, negando ahora la existencia misma de la guerra en Ucrania.  

“Una vez más, lo que están haciendo es aprovechar una desgracia para arrastrarla a su retórica y a su propio discurso”, asegura Madrigal. “Cada uno está arrimando el ascua a su sardina”, dice. Así, por ejemplo, algunos siguen con la desinformación vacunal, diciendo que para poder cobrar la indemnización de guerra en Ucrania va a ser obligatorio vacunarse; otros, los ultracatólicos, arguyen que como en Ucrania se fundó la primera iglesia Samaria lo que les está ocurriendo debe ser un castigo; los más avispados, por su parte, aprovechan esta guerra para azuzar con el discurso de las fronteras y recordar que España debe protegerse de Marruecos, enumera Madrigal. 

Una vez más, lo que están haciendo es aprovechar una desgracia para arrastrarla a su retórica

“Son muchos discursos y muy variopintos, a cada cual más absurdo”, los describe el experto, que aun así reconoce que una mayoría es pro-Ucrania porque “si hay una línea general que se intentó lanzar fue la de que Putin es comunista”, recuerda.  

Marcelino Madrigal opina que este conflicto acabará como “una pieza más dentro del boom de la polarización en el mundo”. Y el politólogo Ernesto Pascual coincide con él: más allá de Rusia y Ucrania, “hay un fantasma que recorre Europa, y es la extrema derecha y el fascismo”. “En esto sí nos tenemos que poner de acuerdo sobre cómo combatirlo”, dice.  

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Marina Velasco Serrano es traductora de formación y periodista de vocación. En 2014 empezó a trabajar en 'El HuffPost' como traductora de inglés y francés en Madrid, y actualmente combina esta faceta con la elaboración de artículos, entrevistas y reportajes de sociedad, salud, feminismo y cuestiones internacionales. En 2015 obtuvo una beca de traducción en el Parlamento Europeo y en 2019 recibió el II Premio de Periodismo Ciudades Iberoamericanas de Paz por su reportaje 'Cómo un Estado quiso acabar con una población esterilizando a sus mujeres', sobre las esterilizaciones forzadas en Perú. Puedes contactar con ella escribiendo a marina.velasco@huffpost.es