POLÍTICA
07/09/2019 09:45 CEST | Actualizado 07/09/2019 16:32 CEST

La España incendiaria: política en tiempos de Twitter

El tono faltón se ha ido propagando como la pólvora para contaminar Twitter, Facebook, e incluso llegar hasta el mismo Congreso de los Diputados.

Redacción ElHuffpost
Políticos Twitter

¿Qué tienen en común Santiago Abascal, Donald Trump y Marcos de Quinto? Entre otras cosas, vivir a golpe de tweet y moverse por las redes cruzando las mismas líneas rojas, ya sea equiparando el machismo y el feminismo, insultando a otro líder por su físico, o descalificando a migrantes.

Esto se ha vuelto algo tan común que la agenda política ya no se marca solo en las instituciones, sino que está condicionada por estos espacios que los políticos se encargan de incendiar con sus publicaciones. Las estrategias de comunicación de los partidos han visto en este tipo de fórmulas la manera de llamar la atención y causar indignación para amplificar sus mensajes. “Twitter es una fuente fundamental para los análisis sociológicos, a pesar de lo que pueda parecer, es verdaderamente necesaria para entender cómo se movilizan las opiniones en política”, señala Miguel del Fresno, Doctor en Sociología por la UNED. 

En Vox lo saben, y por eso reconocían haberse puesto en contacto con Steve Bannon, el jefe de campaña de Trump, líder indiscutible en cuanto al manejo de esta plataforma se refiere. George Lakoff, filósofo y profesor de lingüística en la Universidad de Berkeley, analizaba la maniobra de generar polémica a través de este medio en cuatro escenarios: ser el primero en dar un marco a una idea, desviar la atención sobre los asuntos reales, atacar al mensajero y poner a prueba la reacción pública.

GeorgeLakoff.com
George Lakoff

¿Tuiterización de la política?

Desde compartir una simple imagen hasta el arte de encajar una idea en 280 caracteres: la sociedad no puede parar de crear, y los políticos, como “buenos” representantes públicos, no iban a ser menos. 

Ni Abascal, ni Trump son los únicos ejemplos, el resto de políticos españoles también se aplican. Que se lo digan a Marcos de Quinto, que hace tan solo unas semanas aprovechaba la red social para referirse a los migrantes del Open Arms como “bien comidos pasajeros”.

La polémica estaba servida. Pero existen todavía más casos recientes. Desde Vox aseguran ellos mismos que “han nacido para lanzar un mensaje contra el correctismo político que en ocasiones –y por lo que se ve, no tantas– defienden PP y Ciudadanos”. 

Queda claro.

Gabriel Rufián, por su parte, es otro de los usuarios reincidentes en esto de generar controversia.

“Este tipo de ‘enmarcación lingüística’ —en referencia al lenguaje utilizado en la red social—comenzó hace ya mucho tiempo, pero parece que ahora lo van empezando a entender. Podemos ha tenido mucho que ver con ejemplos como ‘la casta’ y ’la ciudadania”, apunta del Fresno. 

“Internet iguala a todo el mundo, nos pone al mismo nivel, y por tanto, se produce una crisis de expertos. Además, cuanto más se repite algo, más efectivo se vuelve, lo que no quiere decir que sea verdadero”, añade el sociólogo. “Twitter hace mucho ruido, y por tanto, focaliza la atención. Se produce una especie de retroalimentación entre lo que pasa en política y lo que pasa en las redes, y esto consecuentemente, afecta a la percepción de la gente”.

Internet iguala a todo el mundo, nos pone al mismo nivel, y por tanto, se produce una crisis de expertosMiguel del Fresno

La realidad es que como si se tratara de una pandemia, el tono faltón se ha ido propagando como la pólvora para contaminar Twitter, Facebook y a veces, incluso, colarse hasta en las Cortes: “La derechita cobarde”; “Sánchez tiene un plan, y una banda”“Para empezar me habla el personaje más traidor de la política española”; “El mayor felón de la política en España”; “No me guiñes el ojo, imbécil”; “Dimita, por miserable”; “Felipe González, sí, el que tiene el pasado manchado de cal viva”; “Vamos a echar a este okupa”. Estas son solo algunas de las declaraciones que se han podido escuchar en el Pleno en los últimos años.

El portavoz del Grupo Popular en el Parlamento Vasco, Borja Sémper, asegura que vivimos tiempos confusos, de enfado generalizado que provoca un clima que la propia política alienta. “Una tuiterización de la política”, apuntaba,  recalcando que existe una vulgarización de la misma al tiempo que señalaba la necesidad de no olvidar el tono ni la educación, ya que son fundamentales para llegar a acuerdos. 

“Hay que intentar serenar, defendiendo tus posiciones por muy firmes y sólidas que sean, pero intentando aportar un poco de serenidad”.  Sémper defiende que educar en el lenguaje de las redes sociales no debe confundirse con el dejarse arrastrar por el mismo fuera de ellas, porque “en el barro, en el insulto, en la descalificación fácil y gratuita, solo gana el populista o el radical”.

En la misma línea, la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se reafirmaba en que ha de recuperarse la ética en la política y que los insultos solo obstaculizan el debate de ideas.

Twitter pone coto

Las plataformas también se hacen eco de esta realidad y recientemente Twitter ha comenzado a mostrar un aviso en aquellas publicaciones de cuentas influyentes que violen sus normas, pero que se mantengan por ser consideradas de “interés público legítimo”.

Según han informado, entre las cuentas que son susceptibles de clasificarse en esta categoría se encuentran las de políticos –miembros del gobierno o candidatos para puestos públicos– con más de 100.000 seguidores y que estén verificadas.

Desde la red social consideran que dada la repercusión que tienen dichas personas, y como consecuencia sus publicaciones, estas deben permanecer por “invitar al debate y la discusión”, e incluso “generar polémica”, ya que la función del servidor es “proporcionar un lugar donde la gente pueda responder a sus líderes y hacerles rendir cuentas”. Sin embargo, con la intención de “servir a la conversación pública”, Twitter ha introducido un nuevo aviso que acompaña a algunos mensaje para “proporcionar más claridad en estas situaciones y compartir más sobre dónde, cuándo y por qué lo usamos”, mientras que las amenazas serán eliminadas directamente.

Con el comienzo del nuevo curso político -y unas posibles elecciones a la vuelta de la esquina- habrá que ver hasta dónde sube el tono de los políticos y si finalmente, asumen la responsabilidad y repercusión que tienen sus palabras no solo en redes, sino también fuera de ellas.

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