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22/05/2020 10:59 CEST | Actualizado 22/05/2020 12:49 CEST

La valentía y la compasión eran eso. Políticas que se han coronado con el virus

Es relevante que, aunque en todo el planeta sólo hay diez países liderados por políticas (menos de un 7%), siete de estas diez dirigentes lideren siete de los países que mejor han gestionado la pandemia.

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La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, junto a vario ministros de su Gobierno. 

Este artículo también está disponible en catalán.

 

El 13 de abril pasado, Avivah Wittenberg-Cox, directora de una consultora sobre igualdad, publicó en la revista estadounidense Forbes un artículo (que ha tenido mucha repercusión) en el que se preguntaba qué tenían en común los países que tomaban las mejores decisiones contra el coronavirus y su respuesta era que los lideraban políticas.

Esto no quiere decir que no haya ejemplos de liderazgo masculino positivo (el del portugués António Costa, con el apoyo de la oposición, el de Kyriakos Mitsotakis, en una Grecia a la que la Unión Europea abandonó y acosó, o el del surcoreano Moon Jae-In), pero es relevante que, aunque en todo el planeta sólo hay diez países liderados por políticas (menos de un 7%), siete de estas diez dirigentes lideren siete de los países que mejor han gestionado la pandemia. Un tanto por ciento apabullante, especialmente entre los países nórdicos.

Así pues, un estudio puntúa la capacidad de liderazgo de cada país para enfrentarse al virus y sus respectivos sistemas de salud en este orden (en negrita los países con liderazgos femeninos): Nueva Zelanda, Singapur, Islandia, Australia, Finlandia, Noruega, Canadá, Corea de sur, Hong Kong, Sri Lanka, Emiratos Árabes, Japón, Taiwán, Alemania y Dinamarca.

En ocasiones se pone en duda que las mujeres y los hombres se comporten y reaccionen de manera diferente, y si en caso de que así fuera, sería genético o social. No entraré en ello pero quiero recordar que en un experimento se pidió a las y a los participantes que estuvieran quince minutos sin hacer nada y la única posibilidad de distracción era infligirse voluntariamente descargas eléctricas. El 67% de los hombres y el 25% de las mujeres las prefirieron a pasar un cuarto de hora en tranquilidad y silencio

Es relevante que, aunque en todo el planeta sólo hay diez países liderados por políticas (menos de un 7%), siete de estas diez dirigentes lideren siete países de los que mejor han gestionado la pandemia.

Wittenberg-Cox articulaba la bondad de la decidida respuesta de la políticas a partir de cuatro palabras clave: verdad, decisión, tecnología y amor. Habría más: empatía, trabajo en equipo, atención, coraje, cuidado, previsión... en todo caso, un universo ajeno al lenguaje militar, a la acumulación de poder o a considerar que la ciudadanía es mema.

Además de valentía, determinación y rapidez, hay dos cualidades que hermanan a estas líderes: competencia técnica y capacidad política. Como son mujeres, no les dieron aquellos cien puntos extra que cualquier hombre recibe al nacer por el mero hecho de serlo, ni los mil puntos de más que reciben los hombres si se dedican a la política. Ellas han partido de cero y han tenido que demostrar diez mil veces a lo largo de sus carreras lo que valen, saben y pueden. Este alto nivel de exigencia las ha preparado holgadamente. Algún detalle de la actuación de cada una lo muestra.

«Sed fuertes, sed amables»

Jacinda Ardern (1980), primera ministra de Nueva Zelanda, experta en crisis, actuó con rapidez, contundencia y claridad comunicativa (la verdad de la que habla Wittenberg-Cox), y decidió, cuando apenas se habían detectado seis casos de contagio y ninguna muerte, un mes de confinamiento a toda la población. Además, se rebajó el sueldo un 20%. Su «sed fuertes, sed amables» es toda una declaración de principios.

Tests a raudales

Katrín Jakobsdottir (1976), primera ministra de Islandia, optó por la prevención y ofreció acceso gratuito a tests a toda la ciudadanía, así como un sistema de monitorización y aislamiento de todas aquellas personas que podrían haber estado en contacto con el virus. (La tecnología que destaca Wittenberg-Cox.)

Las TIC al servicio de la población

Sanna Marin (1985), primera ministra de Finlandia, fue especialmente hábil también en el uso de la tecnología. Consciente de que mucha gente no lee la prensa tradicional, utilizó las redes sociales y las y los influencers (de edades diferentes) para difundir información científica sobre la pandemia así como agentes clave para gestionarla.

Sé valiente, acepta el miedo

Erna Solberg (1961), primera ministra de Noruega, también reaccionó rápidamente en una fase temprana de la epidemia. Además, fue pionera en montar ruedas de prensa exclusivamente para criaturas. Entre otras cosas les explicó que tener miedo era / es normal, que no debían tener miedo del miedo (nada de lo de ser la soldada más valiente en primera línea de fuego). ¿Amor y verdad?

Reflejos

Tsai Ing-wen (1956), presidenta de Taiwán, cuando el Gobierno chino aún no había bloqueado Wuhan, suspendió ya a finales de diciembre todos los vuelos y ya en enero puso en marcha un paquete de precisas medidas. Como Jacinda Ardern, tanto ella como su gobierno se rebajaron el sueldo un 20%.

Anadolu Agency via Getty Images
Angela Merkel. 

«Wir Schaffen das». Lo podemos hacer

Angela Merkel (1954), cancillera de Alemania, es una lección continua de eficacia comunicativa desde que el 18 de marzo informó a la población de la gravísima situación y la exhortó a tomársela en serio. Llena de cordura, se comporta siempre como una persona normal; ya lo mostró en agosto de 2015 con la apertura de fronteras a cientos de miles de refugiadas y refugiados. Una de las palabras clave ha sido «cooperación»: el país federal y descentralizado, fundamentado en la colaboración de los Länder, ha funcionado.

Trabajo de cuidado

Mette Frederiksen (1977), primera ministra de Dinamarca, como la noruega Erna Solberg, ha hecho ruedas de prensa para menores. Fue la primera presidenta de un país nórdico en decretar el estado de emergencia, aunque en aquel momento había muy pocos casos confirmados, y garantizó el 70% del salario a quien se quedara en casa voluntariamente si la decisión implicaba perder el trabajo.

Transparencia y claridad

A estas siete líderes, se podría añadir Sophie Wilmès (1975), primera ministra de Bélgica. A pesar de estar en minoría, decidió cerrar las escuelas y, aunque se la critique porque eso podría ahuyentar al turismo, optó por un exhaustivo y estricto recuento de víctimas porque piensa que la transparencia es preferible a contar muy por debajo de la realidad.

Como siempre, estas políticas (y en algún caso científicas) no salen de la nada ni nacen huérfanas de tradición.

Una de las muchas personas que, como Cassandra, advirtieron de una catástrofe que, si se les hubiera hecho caso, habría podido evitarse o al menos mitigar, es Laurie Garrett, una periodista y autora científica norteamericana que en 1996 fue galardonada con el Premio Pulitzer. En 1994, Garrett publicó un libro que era un lúcido y profético aviso, The Coming Plague.

No sólo son más eficaces sino también más humanas y compasivas, que no es poco.

June Dalziel Almeida (1930-2007), doctora a pesar de tener poca educación formal (la economía familiar le impidió cursarla), se inventó una técnica de microscopia para descubrir los coronavirus.

Gro Harlem Brudtland (1939), primera ministra de Noruega en tres ocasiones, fue directora general de la OMS entre 1998 y 2003. Le tocó gestionar la epidemia del SARS (2002-2003), de origen también chino. En 2003 en una rueda de prensa manifestó que la comunidad internacional había dejado de creerse las cifras chinas y a las 48 horas destituían al ministro de Sanidad y al alcalde de Pekín. Bajo su liderazgo, la OMS activó por primera vez en sus casi setenta años de historia una recomendación de no viajar a una zona determinada por una enfermedad infecciosa. Se la echa realmente de menos.

Las ocho políticas mencionadas, y en cierto modo, Gro Harlem Brudtland, miraron de cerca los vertiginosos ojos de la pandemia y en consecuencia fueron decididas y previsoras, tuvieron en cuenta medidas de prevención social y todo ello está revertiendo en un confinamiento menos duro y en un retorno al trabajo más temprano. No sólo son más eficaces sino también más humanas y compasivas, que no es poco.