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07/10/2019 07:22 CEST | Actualizado 07/10/2019 07:22 CEST

La voz de todas las víctimas: la importancia del libro 'Know my name' de Chanel Miller

Un policía del campus le explicó en voz baja cómo le habían encontrado — inconsciente y semi desnuda — y lo que probablemente había sufrido.

WTVD – Raleigh/Durham
Chanel Miller durante su primera entrevista en televisión. 

En el año 2015 un juez condenó a seis meses de cárcel al exalumno de Oxford Brock Allen Turner al encontrarlo culpable de violar por veinte minutos a una mujer inconsciente detrás de un contenedor de basura. El caso se convirtió en un debate en redes sobre los extremos de la cultura de la violación y la defensa de los derechos de la víctima, cuando el juez no sólo mostró una insólita indulgencia al condenar a Turner — a pesar de los tres cargos de abuso sexual en su contra — sino que además, aceptó una carta del padre del agresor como parte de la defensa. En el texto, el padre de Turner ignora por completo los cargos que se le imputan a su hijo y además, insiste en minimizar lo ocurrido de todas las maneras a su alcance. En algunas partes de la carta, se lamenta que su hijo — a quien describe como un chico “formidable” — ya no esté interesado en la “parrilla y los filetes de cerdo” que tanto le gustaban “a pesar de ser un gran cocinero”, y que su “tristeza” es un alto precio a pagar por “veinte minutos de acción”.

“Veinte minutos de acción”. El hipotético lector puede hacer un sencillo y escalofriante cálculo: tome su reloj y mida ese lapso de tiempo. Ahora piense en lo siguiente: durante todo ese tiempo una mujer perdió por completo el control de su cuerpo. Durante esos veinte interminables minutos, fue vejada, usada, violentada, agredida a límites oprobiosos. Veinte minutos en los que no pudo resistirse a lo que sea que Brock Turner hizo con su cuerpo. Veinte minutos en que se convirtió en un objeto sexual. Veinte minutos en que no pudo luchar ni tampoco evitar ser violada. Una idea repulsiva y desconcertante sobre la manera en la que se percibe la agresión sexual y sobre todo, las implicaciones que puede tener.

La víctima “la mujer inconsciente”, por entonces no era otra cosa que un elemento dentro de un crimen sórdido. El anonimato intentó proteger a la víctima. O al menos, esa fue la primera intención de buena parte de los medios de comunicación estadounidenses que ocultaron su identidad. Hasta hace poco menos de dos meses nadie conocía el nombre de Chanel Miller, pero sí la espantosa historia a la que había sobrevivido. No sólo fue la víctima de Turner, sino también de la opinión publica que la señaló, la estigmatizó y cuestionó. Por entonces, el seudónimo Emily Doe intentó brindar a Chanel la oportunidad de contar su historia sin tener que sufrir la inevitable revictimización que cualquier víctima de agresión sufre de una forma u otra una vez que admite la tragedia que vivió. Emily Doe se convirtió en una voz que reflejó a una nueva dimensión el dolor de las mujeres violadas y silenciadas por un sistema que acentúa la violencia casi de manera sistemática.

Pero mucho más que eso, la historia de Emily Doe debía ser contada en toda su crudeza: publicada originalmente por la página Buzzfeed la carta en la que contaba no sólo la agresión, sino todo que ocurrió después, fue compartida al menos 15 millones de veces, leída en el Congreso estadounidense y, finalmente, el detonante de una revolución casi invisible que permitió un cambio de legislación en el Estado de California, que se asegura de proteger a la víctima en lugar de violentarla de nuevo a través de toda una estructura legal carente de empatía, compasión y respeto hacia las heridas psicológicas que la víctima soporta y, sobre todo, a la carga emocional que deberá lidiar luego de sufrir una agresión como una violación. Fue Emily Doe quien puso en palabras el miedo, el terror, la impotencia, la absoluta tristeza y rabia de haber sido violentada y herida en formas inimaginables, sólo para que después su atacante fuera considerado un “muchacho prometedor” y condenado a una pena mínima. La decepción y dolor de Emily Doe fue la de todas las mujeres y hombres en situaciones parecidas, las de todas las víctimas de agresiones que han sido golpeadas y posteriormente estigmatizadas por el sistema legal. Un símbolo en mitad de un tipo de brutalidad y la violencia de las que pocas veces se habla.

Un policía del campus le explicó en voz baja cómo le habían encontrado — inconsciente y semi desnuda — y lo que probablemente había sufrido.

Transcurridos casi cinco años luego de la tragedia que le tocó enfrentar, la historia de Emily Doe alcanzó algo parecido a la justicia, en un sistema que con frecuencia evita que las víctimas la obtengan del todo. Y quizás por ese motivo, la mujer oculta detrás del seudónimo decidió que era el momento preciso no sólo para revelar su nombre — toda una declaración de intenciones — sino además, crear la posibilidad certera de mostrar los horrores y dolores detrás de agresiones semejantes a la suya desde una óptica humanizada y sin duda, personal. De modo que Emily Doe dio pasó a Chanel Miller, autora del libro autobiográfico Know my Name, en el que no sólo recorre la durísima experiencia que debió soportar sino también, reivindica la posibilidad que la víctima pueda recuperar su voz tras atravesar la peor de las experiencias.

Por supuesto Know my Name es un alegato público y directo sobre la justicia: Chanel Miller tuvo que enfrentar la misma burocracia que tantas otras víctimas alrededor del mundo, sólo que en su caso la onda expansiva fue mucho más allá del mero análisis de la agresión desde la concepción de lo anónimo. Chanel atravesó las largas horas de interrogatorios, invasivos exámenes médicos, la concepción de la violación como un delito en que se pone en tela de juicio la moralidad de la víctima. Para la autora, lo más inquietante fue comprobar que la agresión tenía además una dimensión oscura y perniciosa, relacionada de manera directa con la manera en que la sociedad comprende una agresión sexual. Como tantas otras víctimas, Chanel soportó preguntas sobre la ropa que llevaba, la relación que tenía con su novio y al final, sobre su comportamiento la noche del ataque. “Revivir el miedo a través de la desconfianza ajena”, explica Chanel, que despertó sin saber qué le había ocurrido en un hospital del campus universitario.

La atención mediática que Chanel Miller recibió tras contar al mundo la agresión que padeció no hizo las cosas más sencillas. Quizás, todo lo contrario: Know my Name no sólo reconstruye los días aterradores en que tuvo que ocultarse detrás de un seudónimo y, a la vez, batallar por ser escuchada, una combinación que llegó a aplastarle en medio de un sufrimiento inaudito, sino que además los contextualiza en un mundo hipercomunicado. La combinación entre ambas cosas, transforma al testimonio de la escritora en una curiosa mezcla entre dolor y humanidad, entre esperanza y un temor subyacente que hace de la narración un vívido reflejo de una circunstancia casi imposible de narrar de cualquier otra manera. Chanel fue violada pero también tuvo que exponer los detalles de la tragedia para lograr que el mundo pudiera comprender los alcances de una percepción semejante, de una comunión entre las heridas del trauma y la posibilidad de sobrellevarlo que al final. Es toda una mirada durísima sobre la identidad rota de quién sufre violencia.

Porque más allá de cualquier elemento tangencial, Know my Name es una denuncia contra todas las formas de violencia que una mujer o un hombre que sufren una agresión sexual deben soportar. El libro — que recorre con un estilo ameno e inteligente los temas más duros — es además una mirada consciente y bien construida sobre el hecho que la estructura legal vigente en buena parte de los países del mundo, no apunta a socorrer o a consolar a la víctima, sino a cuestionarla, algo que Chanel sufrió en más de una ocasión. La atención mediática que recibió luego de publicar su historia en la página web Buzzfeed se convirtió rápidamente en un recorrido por lo peor de la resistencia cultural al considerar la violación como un delito sin atenuantes. A pesar de la enorme solidaridad y apoyo que recibió, Chanel debió lidiar con las críticas, con el cuestionamiento sobre su conducta e, incluso, la concepción de la mirada pública sobre su historia. “Tener que demostrar que fui violada y que además no “lo merecía” fue uno de los dolores que debí soportar inmediatamente después de despertar inconsciente”, cuenta con una sencilla crudeza que deja entrever el sufrimiento a cuestas.

La víctima debe afrontar el hecho que se le deshumaniza, pierde la identidad, se convierte en un objeto del dominio público.

Lo más duro de Know my Name es la mirada de la autora sobre sí misma y el hecho real que narra, difundido y convertido en un hecho viral desde el primer día en que la carta fue publicada. “No me conoces, pero has estado dentro de mí, y es por eso que estamos aquí hoy”, comienza la carta de Chanel, entonces Emily Doe y con esa única línea, la autora resume no sólo el horror de la violación, sino que profundiza el horror que encaja y enlaza la percepción del miedo con algo más duro y angustioso. Hay una reflexión consecuente sobre la crueldad de la agresión sexual y de como, la víctima debe afrontar el hecho que se le deshumaniza, pierde la identidad, se convierte en un objeto del dominio público. Más allá del miedo, Chanel afrontó la crueldad de una agresión anónima que sufrió de forma casi aleatoria, pero que le demostró que el origen de toda violencia cultural contra la mujer tiene un ingrediente inevitable de normalización del estereotipo de la mujer tradicional. 

Chanel Miller despertó en un centro médico del Valle de Santa Clara en enero de 2015 sin tener idea del motivo por qué se encontraba allí o qué había pasado durante las cinco horas previas. Tenía una herida en la cabeza, el cuerpo lleno de moretones y la vaga sensación de horror que había sufrido algo lo suficiente grave que no podía recordar. En Know my name, cuenta que un policía del campus le explicó en voz baja cómo le habían encontrado — inconsciente y semi desnuda — y lo que probablemente había sufrido. Un decano de Stanford le aclaró que el hecho de violencia había ocurrido en la universidad. A partir de allí, pierde el control sobre su vida. Se convierte en paciente, en la mujer que debe denunciar y también en sospechosa. En la mujer que debe explicar por qué acompañó a su hermana al campus, por qué bebió, qué pudo hacer para provocar la violencia sexual que sufrió. De pronto, Chanel descubre que aunque su agresor ya fue identificado y también está bajo custodia, es ella quien debe responder las preguntas. Es ella la que debe analizar y profundizar sobre las imágenes a fragmentos que logra recordar. Y es ella la que debe enfrentar la pesada maquinaria de la justicia. En suma, es Chanel la que asume el costo de la denuncia y los rigores de la agresión.

Por otro lado, Brock Turner es descrito como “esperanza olímpica”, “una promesa”, “un hombre joven que cometió un error”. Una percepción sobre el crimen que deja a Chanel incluso más rota y herida de lo que pudo suponer. “Descubrí que para la mayoría de quienes conocían el caso lo que viví se resumía en la imagen de una mujer inconsciente y desnuda”, cuenta con terrorífica sencillez, “por lo que supe que debía contar la historia, personalizarla, hacerla real, concluir que detrás de cada víctima hay un rostro y una historia esperando ser escuchada”. 

El principal valor del libro es lograr que la violencia sexual sea interpretada como un delito y no como un debate moral que evade una mirada directa.

Know my Name es el intento de Chanel Miller de poner de manifiesto el valor de la comprensión del horror de la violencia sexual y sus consecuencias para las víctimas. Y lo logra a través de un cuidadoso trayecto hacia la redención. Al final, el principal valor del libro es lograr que la violencia sexual sea interpretada como un delito y no como un debate moral que evade una mirada directa. “Durante años, el delito de agresión sexual dependió de nuestro silencio. El miedo a saber qué pasaría si habláramos. La sociedad nos dio mil razones; no hable si le falta evidencia, si sucedió hace mucho tiempo, si estaba borracho, si el hombre es poderoso, si enfrentará un retroceso, si amenaza su seguridad", escribe Miller en uno de los últimos párrafos del libro, quizás lo más importantes y los más poderosos de todos. “Las barricadas que nos detuvieron ya no funcionarán. Y cuando el silencio y la vergüenza se hayan ido, no habrá nada que nos detenga. La violencia puede ser destruida a través del poder de nuestra voz y también, de la capacidad de nuestra voz colectiva para lograr un cambio”.

 

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