Las bacterias resistentes a los medicamentos ya matan más que el sida y la malaria

El mayor estudio hasta la fecha alerta de que en 2019 murieron 1,27 millones de personas por infecciones resistentes a antibióticos.
Un niño recibe la vacuna contra la malaria en Kenia.
Un niño recibe la vacuna contra la malaria en Kenia.
BRIAN ONGORO via AFP via Getty Images

La resistencia a los antibióticos de bacterias causantes de infecciones como la neumonía u otras de la sangre o intraabdominales (derivadas por ejemplo de la apendicitis) provoca ahora más fallecimientos anuales que el sida y la malaria.

Alrededor de 1,27 millones de personas murieron en 2019 en el mundo por infecciones bacterianas comunes que se han convertido en resistentes a los antibióticos, según indica un estudio publicado este jueves por The Lancet. Mientras, las muertes causadas por el sida y la malaria en la misma fecha fueron 860.000 y 640.000, respectivamente.

La Investigación global sobre la resistencia antimicrobiana (GRAM, en inglés) calcula que otros 4,95 millones de muertes ese año pueden asociarse con esas infecciones, aunque no fueran su causa directa.

Para su estudio, el mayor de este tipo realizado hasta el momento, los investigadores analizaron las muertes vinculadas a 23 patógenos y 88 combinaciones de medicamentos para patógenos en un total de 204 países y territorios.

Los expertos, de las universidades de Washington (Estados Unidos) y Oxford (Inglaterra), usaron un modelo estadístico para calcular el impacto global de la resistencia antimicrobiana (AMR, en inglés), en base a 471 millones de historiales individuales obtenidos de varias fuentes.

Su análisis demuestra que la AMR en infecciones del sistema respiratorio inferior, como la neumonía, causó más de 400.000 muertes de forma directa y se asoció con otros 1,5 millones.

Por su parte, la resistencia en infecciones de la sangre —que pueden llevar a una sepsis— causó unos 370.000 fallecimientos e incidió en otros 1,5 millones. Mientras, la resistencia antimicrobiana mostrada por infecciones intraabdominales provocó unos 210.000 decesos en 2019 y estuvo vinculada a otros 800.000.

El grupo con más riesgo son los niños pequeños

Aunque la AMR afecta a todas las edades, el grupo con más riesgo son los niños pequeños, con una de cada cinco muertes atribuida al fenómeno ocurrida entre niños de menos de 5 años.

Las zonas con más fallecimientos motivados por la resistencia a los antibióticos fueron el África subsahariana y el sur de Asia, con 24 y 22 por cada 100.000 habitantes, respectivamente. En cuanto a las muertes asociadas, se estima que fueron en esas regiones de 99 y 77 por 100.000 personas.

En los países de ingresos altos, la AMR fue la causa directa de 13 muertes por cada 100.000 habitantes en 2019 e incidió de alguna manera en 56 decesos por cada 100.000 personas.

De los 23 patógenos estudiados, la resistencia de solo seis de ellos (E. coli; S. aureus; K. pneumoniae; S. pneumoniae; A. baumannii y P. aeruginosa) llevó a 929.000 muertes y estuvo vinculada a otras 3,57 millones. Una de las combinaciones patógeno-medicamento, el estafilococo aureus (causante de infecciones de la piel) resistente a la meticilina, causó directamente 100.000 muertes en el año estudiado.

La resistencia a dos clases de antibióticos habitualmente administrados contra infecciones graves —las fluoroquinolonas y los betalactámicos— supone aproximadamente un 70% de las muertes causadas por AMR, según el estudio. El impacto de los patógenos varía según el lugar, y mientras en el África subsahariana buena parte de las muertes vinculadas a la resistencia antimicrobiana son por S. pneumoniae, en los países ricos se deben sobre todo a S. aureus y E. coli.

Los autores, que reconocen que hay que seguir estudiando el fenómeno con datos más precisos de ciertos países donde escasean, recomiendan tomar medidas cuanto antes para limitar el desarrollo de resistencia a los antibióticos.

Entre otras cosas, aconsejan a los Gobiernos y autoridades sanitarias “optimizar el uso de los antibióticos existentes” y no recetarlos sin motivo, controlar y hacer un mejor seguimiento de las infecciones y proporcionar más fondos para desarrollar nuevos antibióticos y tratamientos.