"Maricones también hay en el fútbol"

El deporte ha sido históricamente un lugar de dominación masculina, lo que explica el rechazo a la homosexualidad en la práctica deportiva.

La mayoría de aficionados, directivos, técnicos y jugadores se muestran convencidos de que no hay maricones en el fútbol; ni ellos se lo creen. Así lo manifiestan para estar a salvo de dudas y presionar a quienes lo son. El deporte ha sido históricamente un lugar de dominación masculina, lo que explica el rechazo a la homosexualidad en la práctica deportiva.

En pleno siglo XXI, la homosexualidad sigue siendo tabú en el deporte en general y en el fútbol en particular, aún hay una invisibilidad obligada por la intolerancia y la presión social.

La historia del deporte muestra auténticos dramas tras la exposición pública de su homosexualidad por algunos deportistas. Muy conocido fue el caso del futbolista inglés Justin Fashanu, que tras revelar su condición sexual acabó suicidándose. Otro caso es el del árbitro de fútbol gaditano Jesús Tomillero, quien al hacer pública su homosexualidad fue objeto de insultos, agresiones y amenazas de muerte, hasta que tomó la decisión de dejar de arbitrar.

No obstante, también ha habido deportistas famosos que hicieron frente a las presiones hasta superarlas. Todos ellos han tenido que demostrar mucha más ejemplaridad que sus adversarios, para que la opinión pública reconociese sus méritos, como fueron los casos de las tenistas Martina Navratilova y Billie Jean King o el exsaltador Greg Louganis.

El deporte y el fútbol en particular son de los ámbitos más homófobos de nuestra sociedad, lo que deja en entredicho su grado de democratización efectiva. Hay una gran hostilidad hacia la presencia de gays y lesbianas entre la afición, los técnicos, los directivos y los deportistas.

“Ojalá los futbolistas homosexuales, los principales referentes deportivos, salgan del armario; nos harían a todos y a la sociedad en general un gran favor.”

A nivel legal la libertad sexual es un derecho en España. La heterosexualidad y la homosexualidad son orientaciones sexuales que en el Estado español han alcanzado la plena igualdad. Sin embargo, esta diversidad sexual, que tanto las leyes como la mayor parte de la sociedad española asumen sin mayor problema, no se visibiliza en el ámbito deportivo.

Ante esta situación y de la misma forma que hicieran en el pasado las mujeres o los deportistas negros, en la comunidad LGTBI venimos luchando en el terreno deportivo desde hace décadas sin conseguir el objetivo de ganar respeto y visibilidad.

Los estudios sobre la población LGTBI ponen de manifiesto que al menos el 6% de la población europea se considera miembro de este colectivo. De cumplirse esta hipótesis, en España habría algo más de 42.000 futbolistas LGTBI federados, según los datos oficiales de 2016, entre los cuales 142 lo harían como profesionales. Sin embargo, son contados los deportistas que han reconocido pertenecer al colectivo LGTBI.

En 2015 la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) animaron a los equipos y jugadores de fútbol a su repulsa contra el tabú de la homofobia en el fútbol. Equipos como el Rayo Vallecano, el Leganés o el Cádiz, llevaron cordones multicolores para expresar este mensaje, y solidarizarse con la causa. Una excepción que no ha tenido continuidad porque a los clubes no les ha interesado.

Es una asignatura pendiente en nuestro país el respeto a la diversidad sexual. Hay que sensibilizar, formar y seguir luchando contra la homofobia en el deporte en general y en el fútbol en particular. Ojalá los futbolistas homosexuales, los principales referentes deportivos, salgan del armario; nos harían a todos y a la sociedad en general un gran favor. Ánimo, porque todos sabemos que “maricones también hay en el fútbol”.