Qué es la productividad tóxica y cómo evitarla

En muchos sentidos, la productividad tóxica es la forma moderna de designar la adicción al trabajo, pero tiene nuevos matices.

Piensa en tu disciplina de trabajo durante la pandemia. ¿Has sido más productivo de lo habitual? ¿Te prestas voluntario para hacer encargos aunque tengas la agenda llena? ¿Comes más tarde de lo habitual porque quieres tachar “una cosa más” de tu lista de tareas? Si estos escenarios te resultan familiares es porque sufres productividad tóxica.

¿Cómo? ¿Acaso es posible que la productividad, ese indicador tan preciado del éxito profesional, sea tóxica?

En muchos sentidos, la productividad tóxica es la forma moderna de designar la adicción al trabajo, pero tiene nuevos matices. La productividad tóxica es el deseo insano de querer ser productivo a todas horas y a toda costa. Es la necesidad de exprimirte al máximo, en casa o en la oficina, para dar más de lo que te exigen.

La productividad tóxica ni siquiera se desvanece cuando terminas esa ”última” tarea, sino que te hace sentir remordimientos por no seguir con algo más. Para las personas que sufren este problema, nunca es suficiente, asegura Simone Milasas, autora de Joy of Business.

“Cuando la productividad tóxica gobierna tu vida, te juzgas a ti mismo todos los días por las cosas que no has hecho en vez de alegrarte por lo que sí has hecho”, resume.

Mucha gente ha caído en la espiral de la productividad tóxica durante la pandemia, asegura Kathryn Esquer, psicóloga y fundadora de Teletherapist Network. El principal motivo es la pausa en la que han quedado las rutinas habituales de la sociedad. De repente, casi todo el mundo se vio con una cantidad sin precedentes de tiempo libre, pero ¿cuántos lo aprovecharon para relajarse y disfrutar en vez de intentar hacer más y más tareas?

Al inicio de la pandemia, con el confinamiento, imperaba una sensación de incertidumbre. El mundo entero entró en territorio desconocido. Quienes tuvieron la suerte de conservar su empleo, en muchos casos acabaron convertidos en mártires del trabajo, algo que les dio una falsa sensación de seguridad.

“Podríamos haber aprovechado nuestro tiempo libre para descansar, recargar las pilas y recuperarnos, pero muchos de nosotros lo que hicimos fue utilizar esas horas para trabajar más y sentirnos útiles”, recuerda Esquer.

Ni siquiera al final de la jornada laboral se detenía la gente, ya que todo el mundo se obsesionó con aprender un nuevo idioma o con hacer bizcochos.

Tal y como señalaba un tuit que se viralizó: “Si sales de este confinamiento sin haber adquirido una nueva habilidad o emprendido ese proyecto que llevas tanto tiempo aparcando, no será por falta de tiempo, sino de disciplina”.

La productividad tóxica no es un fenómeno nuevo. Trabajar más de lo necesario en tiempos de incertidumbre forma parte de la cultura de la sociedad. Ser productivos en el entorno más inmediato produce bienestar y permite que la mente se evada, al menos de forma temporal, sostiene Esquer.

“El problema es que sentirnos más productivos en casa o en el trabajo solamente enmascara por un tiempo el estrés y la incomodidad de la situación que estás atravesando”, advierte.

Y cuando una persona se obsesiona con seguir mejorando y abarcando más tareas, corre el riesgo de volverse menos productivo hasta llegar al agotamiento laboral, que también le pasa factura a tus relaciones personales, avisa Milasas.

“Es probable que te vuelvas más irascible y te enfades más con las personas de tu entorno”, señala. “Estar atrapado en la espiral de la productividad tóxica es agotador, y desahogarte de malas maneras es una reacción natural”.

Si te sientes identificado con estas situaciones y descripciones, presta atención para aprender a resolver el problema antes de que sea tarde:

Reconoce las señales y asume el problema

El primer paso es reconocer que tienes un problema. Presta atención a las señales de alerta: ¿Te sientes culpable si no consigues terminar una tarea en tu jornada laboral? ¿Tienes la sensación de que deberías trabajar más? ¿Piensas que pierdes el tiempo si no haces nada?

“Si estás siempre intentando hacer más cosas para no sentirte culpable, eso es productividad tóxica”, asegura Milasas.

Otra señal de alarma es el agotamiento y el estrés desde que te despiertas.

“Presta atención a tus niveles de energía por la mañana”, indica Milasas. ”¿Te despiertas por obligación cuando suena el despertador o te despiertas de forma natural? ¿Cómo te encuentras?”.

“Estar exhaustos no tiene por qué ser normal y, de hecho, es un síntoma habitual de la productividad tóxica”, añade.

Piensa también en tu actitud en el trabajo, propone Laurie Ruettimann, asesora de recursos humanos y autora de Betting on You: How to Put Yourself First and (Finally) Take Control of Your Career. Presta atención a si sientes la necesidad de demostrar lo mucho que te esfuerzas en el trabajo.

“Una señal de que sufres productividad tóxica es pedir una reunión por videollamada para resolver un asunto que se puede resolver fácilmente por correo o por teléfono”, comenta. “Otro ejemplo es utilizar mucha jerga especializada que hace que tus frases sean el doble de largas porque tienes miedo de sonar demasiado simple y breve”.

Elimina la pregunta ”¿Qué podría hacer ahora?” de tu mente y sustitúyela con esta otra

Cuando terminas un proyecto, ¿te concedes un merecido descanso o pasas al siguiente proyecto sin pensártelo dos veces? ¿Estás siempre preguntándote qué tarea puedes hacer a continuación aunque sea fin de semana?

Si es así, es una señal típica de productividad tóxica, comenta Milasas. En su opinión, es mejor preguntarse: ”¿Qué puedo hacer ahora que no me genere ningún estrés?”.

Date cuenta de que tus superiores no le dan tanta importancia como piensas a ese esfuerzo extra

Lo gracioso de la productividad tóxica es que existe más en tu cabeza que en el propio entorno de trabajo. En otras palabras: hay muy pocos jefes a los que les importa si trabajas o no más horas de las pactadas, asegura Ruettimann.

“Lo que les impresiona son los logros, no las horas que has tardado en conseguirlos”, aclara. “Les da igual que hagas una hora más o termines el trabajo media hora antes. Lo que quieren es ver el trabajo bien hecho”.

Incluye el cuidado personal en tu lista de tareas

Reserva un hueco para cuidar de ti, sea cual sea tu forma de hacerlo. Puede ser un paseo por la mañana o un descanso para tomar un café. O incluso abrir un paquete de pipas y ponerte a ver Netflix. Lo hagas como lo hagas, dale la misma prioridad que le darías a un proyecto de tu trabajo, recomienda Lynn Taylor, experta en lugares de trabajo y autora de Tame Your Terrible Office Tyrant: How to Manage Childish Boss Behavior and Thrive in Your Job.

“Las situaciones extraordinarias requieren esfuerzos extraordinarios, y estamos viviendo una de esas situaciones. El cuerpo y la mente están alerta nos guste o no, pero solo tenemos un cuerpo y hay que cuidarlo”, comenta.

Sustituye la productividad tóxica por un “desapego profesional”

Si tu caso es grave, deberías aprender lo antes posible a lograr el desapego profesional con tu trabajo, un concepto que, según Ruettimann, “salvará tu alma”. El desapego profesional consiste en entender que, por muy comprometido que estés, tu empleo no es lo único que define tu identidad.

“Cuando consigues ese desapego profesional, empiezas a tratar a todo el mundo como a clientes: a tus superiores, a tus compañeros...”, explica Ruettimann. “Tú has tomado la decisión de trabajar para esa empresa. Ve a trabajar, sé profesional, trabaja duro y demuestra lo que vales, pero no conviertas el trabajo en tu vida entera”.

Piensa en todo lo que te pierdes por dedicarle demasiado tiempo y energía al trabajo y corta por lo sano

Muchas personas son incapaces de conciliar su vida personal y profesional, sobre todo durante la pandemia. Por eso debes ser honesto contigo mismo y preguntarte seriamente si de verdad es necesario que pases tanto tiempo conectado al trabajo. La próxima vez que decidas hacer una tarea que no tienes por qué hacer, detente un segundo y piensa: ¿por qué?.

“Debes distinguir si lo estás haciendo porque de verdad quieres hacerlo o porque piensas que es lo que la sociedad y tus superiores esperan de ti. En gran medida, la productividad tóxica surge cuando haces lo que crees que deberías hacer y no lo que te parece importante a ti”, expone.

En la sociedad está arraigada la idea de que trabajar duro y muchas horas es algo positivo, pero no hay nada que te impida darle la vuelta a la tortilla. No te mantengas ocupado si no hay una buena razón detrás, y, desde luego, no lo hagas si tus superiores ni siquiera lo aprecian.

“Si no quieres caer en la espiral de la productividad tóxica, te propongo que tomes las riendas de tu vida en vez de dejar que tu trabajo te controle. Solo tienes una vida”, concluye Milasas.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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