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Qué traerá la "Furia Épica" de Trump: ¿un Irán sin armas o un cambio de régimen?

Qué traerá la "Furia Épica" de Trump: ¿un Irán sin armas o un cambio de régimen?

El presidente de EEUU lo vuelve a hacer: ataca junto a Israel en mitad de las negociaciones con Teherán. Promete que no tendrá armas atómicas, llama a los ciudadanos a tomar las riendas y pide el desarme de la Guardia Revolucionaria. 

Una imagen satelital muestra una columna de humo y daños en el complejo del líder supremo iraní, Alí Jamenei, en Teherán, tras los ataques de EEUU e Israel del 28 de febrero de 2026.
Una imagen satelital muestra una columna de humo y daños en el complejo del líder supremo iraní, Alí Jamenei, en Teherán, tras los ataques de EEUU e Israel del 28 de febrero de 2026.Pleiades Neo Airbus DS 2026 / Handout via REUTERS

Donald Trump lo ha vuelto a hacer. El presidente de Estados Unidos ha lanzado este sábado un nuevo ataque a Irán, sobre al menos cinco ciudades, cuando estaba en plenas negociaciones con su régimen. Ya lo hizo el pasado verano, en la que a la postre se convirtió en la Guerra de los 12 Días. Más allá de constatar que la palabra del republicano vale poco, queda ahora la pregunta de qué va a pasar con esta nueva andanada, ejecutada junto a su socio regional eterno, Israel. 

La operación "Furia Épica", como la ha llamado el Pentágono, bautizada como "León Rugiente" por los de Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí, puede tener un objetivo doble. El primero sería forzar al régimen de los ayatolás a negociar a la mínima, asumiendo las condiciones de EEUU, que impone que nunca logre el arma nuclear y que desmantele su programa de misiles por completo, o sea, el práctico desarme de Irán, arrancarle los dientes para que deje de ser una potencia regional. 

El segundo iría más allá y es el vuelco en el poder, la defenestración del líder supremo, Ali Jamenei, y de toda su corte, poniendo fin al sistema implantado tras la Revolución Islámica de 1979, la que eliminó a la monarquía autocrática y represiva del sha de Persia a base de presión popular y de la que luego se adueñaron los religiosos. 

Ya en las operaciones conjuntas del pasado junio se especuló con el cambio de régimen -"sabemos dónde estás", le advertía Trump a Jamenei-, pero los ataques a instalaciones nucleares de Irán y a altos mandos de su Ejército y la Guardia Revolucionaria les parecieron suficientes. De forma triunfalista, tanto Washington como Tel Aviv anunciaron que se había destrozado el sistema de investigación atómica de Irán, ese que los islamistas siempre defienden que busca un uso plenamente civil y no militar. 

Sin embargo, con el paso de las semanas y la evaluación de daños se vio que el golpe fue importante, sí, pero no letal, y que Teherán podía levantarse sobre esas cenizas y esos escombros y avanzar de nuevo. Eso es lo que no quieren ni Trump ni Netanyahu, cuando ambos son líderes de países que sí tienen armas atómicas. No quieren un Irán que mande en Oriente Medio y saben que hoy está más débil que nunca, por lo que es el momento de apretar. 

¿Por qué esa debilidad? Por múltiples razones. La primera viene de esa operación del verano, donde recibió un duro golpe en su cúpula defensiva y militar y en su proceso científico de enriquecimiento de uranio. 

La segunda son las grandes protestas que desde finales de diciembre llenan las calles del país, pese a la violenta represión, por la aplastante crisis económica que se sufre, en un estado arrasado por las sanciones internacionales y por la falta de respuestas de un Gobierno totalitario y sin soluciones, lo que ha hecho que se manifiesten incluso sus fieles, los comerciantes. 

La tercera razón es que Teherán ya no tiene el colchón de ayuda regional tan valioso del pasado, cuando podía activar a su Eje de Resistencia, con el régimen sirio, los hutíes de Yemen, los palestinos de Hamás y los libaneses de Hezbolá y generar un incendio colectivo, con Israel como diana preferente. Bachar el Assad está exiliado en Rusia, los hutíes han pactado con Trump y los otros dos grupos están en horas bajas tras las agresiones israelíes posteriores al 7 de octubre de 2023. 

Había que aprovechar la brecha, la ventana de oportunidad, que se dice. 

De la diplomacia al ataque

Las cosas se han dado la vuelta en diez años largos. En 2015, el Gobierno norteamericano del demócrata Barack Obama, la Unión Europea y Naciones Unidas firmaban con Irán un acuerdo que representaba uno de los mayores éxitos diplomáticos de la historia reciente, por el que se establecían límites al programa nuclear, más inspecciones garantistas. Fue Trump el que lo rompió al llegar a la Casa Blanca, en su primer mandato, haciendo caso a Israel y acusando a los ayatolás de financiar el terrorismo. 

Hecho trizas el pacto, los islamistas tampoco se sintieron comprometidos por él y apostaron por enriquecer más uranio. Aunque nunca asumen en público que quieran un arma nuclear, saben que les daría el poder que quieren, la disuasión que necesitan, en un momento de agotamiento del modelo de mando actual. ¿Por qué nadie se mete con Corea del Norte? Pues por eso mismo. 

Con la vuelta de Trump al Despacho Oval, hace un año, esa presión se ha incrementado notablemente. Primero vino el ataque del verano. Ahora, desde enero, el mandatario estaba usando las protestas populares, las más serias en tres años, para echar más leña al fuego. Alentaba a los ciudadanos a levantarse contra el régimen y les prometía que "la ayuda estaba en camino", sin afinar nada más. Luego, se olvidó de los derechos humanos y el ansia de cambio de la sociedad iraní y volvió a hablar exclusivamente de armas atómicas. 

Tras semanas instando a Irán a llegar a un acuerdo defensivo, Trump publicó el lunes un vídeo del presentador de Fox News, Mark Levin, argumentando que negociar con Irán ya no tenía sentido. Aunque siempre se dice eso de que "retuit no es endorsement", fue una señal clara de alarma de que el ataque podía llegar de nuevo. El vídeo reflejaba la creciente frustración del presidente estadounidense por el fracaso de su aluvión de amenazas, hasta el momento, en obtener concesiones reales de la República Islámica.

También resumió la situación en la que se encontraba Trump mientras sopesaba la mayor apuesta en política exterior de su segundo mandato: un ataque a gran escala contra Irán. "Creo que la realidad es que el presidente se ha metido en un lío", declaró Aaron David Miller, experto en Oriente Medio del Carnegie Endowment for International Peace y exnegociador de paz entre EEUU en la zona. "Trump se ha acorralado", afirmó al Financial Times, al prometer asistencia a los manifestantes iraníes y desplegar una serie de activos militares a poca distancia de Teherán. ¿Podía no hacer nada, aunque sea de cara a la galería?

La exitosa operación estadounidense para derrocar a Nicolás Maduro en Venezuela, el pasado 3 de enero, también ha alentado a Trump a la hora de confiar en sus posibilidades en Irán. Se ha colocado en una situación en la que, a menos que logre obtener una concesión considerable de los iraníes para evitar una guerra mayor, que no desea ninguna de las partes, se verá obligado a entrar en ella. Es una crisis que él mismo ha creado. Lo de este sábado es la constatación de ello. 

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, habla con el presidente estadounidense, Donald Trump, antes de su salida del Aeropuerto Internacional Ben Gurión de Tel Aviv, el 23 de mayo de 2017.Kobi Gideon / GPO via Getty Images

Los motivos

Lo que comenzó como una promesa de "rescatar" a los manifestantes iraníes de la letal represión del régimen -por la que que se calcula que han sido asesinados al menos 6.200 civiles y hay 17.000 muertes más en investigación, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (Hrana)- se ha convertido en una táctica de presión, aunque los motivos de Trump siguen sin estar claros.

Durante los últimos dos meses, el magnate ha citado una "lista de justificaciones" para atacar a Irán, según Defense Priorities, un centro de estudios de Washington que advierte contra el intervencionismo. Las motivaciones han abarcado desde el imperativo de desmantelar un programa nuclear que Trump afirmaba haber "aniquilado" hasta la desactivación de los militantes iraníes que, según funcionarios estadounidenses e israelíes, también se han visto drásticamente debilitados. Plantea, por ejemplo, que Teherán compre el uranio fuera, en el mercado internacional, adaptado a esos usos civiles, y desmantele lo demás. 

Dañar los misiles balísticos iraníes es otro motivo, aunque no tienen hoy el alcance suficiente para alcanzar EEUU, aunque sí Europa (llegan a 2.000 kilómetros al menos), como ha resaltado esta mañana Trump, en un intento de ganarse los apoyos del viejo continente a su nueva acción. El programa de misiles de la República Islámica es considerado el más grande y diverso de Medio Oriente, constituyendo la columna vertebral de su estrategia de defensa y disuasión.

Es posible que Trump quiera forzar a Jamenei y su gente a sentarse de nuevo en la mesa de negociaciones: el jueves se vieron en Ginebra (Suiza), en la tercera ronda de discusión en este mes, y quedaron en verse de nuevo en la semana entrante, cita que hoy por hoy es impensable. El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, habló de "avances sustanciales" y tono "positivo", vistos desde su papel de mediador. Incluso, casi de forma increíble, dijo en una entrevista en la CBS que se pusieron sobre la mesa propuestas mejores respecto al acuerdo firmado con Obama hace casi 11 años. 

Eso ha quedado en nada. EEUU quiere a Irán más débil y claudicante. Lo quiere, como decimos, sin armas nucleares, pero también sin misiles, y también es llamativo que en su mensaje de hoy Trump ha citado expresamente a la Guardia Revolucionaria, a la que ha llamado a que abandone las armas, o sea, para que caiga el esqueleto de seguridad y defensa del régimen. 

La otra opción es que vaya a por todas, a por el Gobierno, más allá de atarle las manos. El problema es que Irán no es Venezuela, no hay un elemento cooperador -al menos a la vista- que pudiera ejercer de Delcy Rodríguez. Es una dictadura completa y por eso la oposición no tiene posibilidades de organizarse dentro de Irán, porque sus miembros están en el exilio, en las cárceles o asesinados por los ayatolás. 

Los miembros de la línea dura en la órbita de Trump han dejado claro que el objetivo debe ser un cambio de régimen y que EEUU debe actuar ahora, pero hay que entender que el sistema tiene reemplazo, que si cae Jamenei habrá otro clérigo dispuesto a tomar el mando -hay quien lleva años preparándose, en espera de la muerte o retirada del líder, de 86 años ya- y a no ceder. Porque en este sistema autoritario hay dos elementos muy fuertes, irrenunciables: la ideología y la religión, en entendimiento de que forman parte de una causa, con todas sus consecuencias, y hay que pelear por ella. Eso se extiende, también y al menos hasta ahora, a sus uniformados. 

El hijo del antiguo sha de Persia, Reza Pahlavi, residente en EEUU, ya ha dicho esta mañana que "la victoria final está cerca", pero lo cierto es que él no tiene tirón dentro de su país como para echarse la causa a las espaldas. La población echó a su padre, un monarca déspota, hace más de 40 años, y él no tiene ni el liderazgo ni los apoyos para tomar esa bandera. Tampoco hay unidad en la propia disidencia, con tendencias muy variadas. 

Es posible que el llamamiento de Trump, entonces, busque un levantamiento interno en el seno del Ejército, la Policía y la Guardia, para que alguien se alce contra sus jefes. Hoy es un escenario altamente improbable, porque las filas están prietas. El régimen en sí no puede rendirse, lo sabe, no puede asumir todo lo que quiere EEUU, porque sería el fin. Habrá que ver qué fórmula busca para mantener su supervivencia, que es por lo que lucha ahora. No hay vuelta atrás, eso sí, a su poder del pasado. Está en un punto de no retorno, aunque nadie sepa cuándo llegará la quiebra total. 

El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, saluda durante una reunión en Teherán, Irán, el 17 de febrero de 2026.
El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, saluda durante una reunión en Teherán, Irán, el 17 de febrero de 2026.Oficina del líder supremo de Irán, vía Reuters

El enfado y el miedo

El presidente Trump había ordenado en las últimas semanas el mayor despliegue de recursos militares estadounidenses en Oriente Medio desde la guerra de Irak, en 2003. El lunes, un segundo grupo de portaaviones, el USS Gerald R. Ford, fue avistado frente a la costa de Creta, en el Mediterráneo oriental. A pesar del aumento de tropas y las reiteradas amenazas de Trump de utilizar los recursos, incluso para posibles ataques limitados, Irán aún no había llegado a ningún acuerdo, para desconcierto de los funcionarios estadounidenses. Pensaban que iban a ceder. Y Trump odia que la gente no cumpla sus órdenes y sus deseos. 

Entonces, en círculos diplomáticos, se empezó a mover en los últimos días la idea de que Irán estaba "probablemente a una semana de tener material para fabricar bombas de grado industrial", en palabras del propio Steve Witkoff, el enviado especial de Trump a Oriente Medio, aunque los expertos no comparten esa afirmación

Nunca se han aportado pruebas de la inminencia de esa conquista, tampoco ahora que lo ha vuelto a afirmar Witkoff, ni por EEUU ni por Israel, que insiste en que, de tenerla, sería una amenaza existencial para su Estado, vistos los mensajes de odio lanzados históricamente. La propia inteligencia norteamericana ha llegado a afirmar que Teherán "ha tenido capacidad de producir armas nucleares en algún momento", pero "ha detenido su programa de armas nucleares y no ha dominado todas las tecnologías necesarias" para su construcción.

Irán afirma, por su parte, que su actividad de enriquecimiento se detuvo después de que el dúo Trump-Netanyahu atacara sus instalaciones, incluso las subterráneas, el año pasado, aunque no ha permitido que los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) accedan a las instalaciones dañadas y lo verifiquen. 

Que tenga voluntad de llegar a tener ese arma es una posibilidad con base real. Sin embargo, sin pruebas, quedan sólo las declaraciones, tanto de Trump como de Netanyahu, de que Irán representaba un peligro para sus países y hasta planetario. ¿Sirve eso para aplicar la justificación legal de la legítima defensa? El mítico especialista de la BBC Jemery Bowen tiene claro que estamos ante "otro golpe al tambaleante sistema del derecho internacional".

Poco parece importante a quien se llevó a Maduro de Caracas saltándose las normas o a quien tiene una orden de arresto por presuntos crímenes de guerra en Gaza, firmada por la Corte Penal Internacional. Netanyahu, además, tiene elecciones en otoño y sabe perfectamente que la apuesta por la guerra y el enemigo común une al país y le puede rentar, en un momento de contestación interna, por ejemplo, por las lagunas en su prevención del ataque de Hamás del 7-O o en las investigaciones posteriores al respecto. Irán es una materia en la que siempre hay consenso. 

Manifestantes iraníes protestan contra los ataques estadounidenses e israelíes en Teherán, el 28 de febrero de 2026.
Manifestantes iraníes protestan contra los ataques estadounidenses e israelíes en Teherán, el 28 de febrero de 2026.Majid Asgaripour/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS

Extensión y problemas

A pesar de la rápida escalada, Trump también se enfrenta a los riesgos que conllevan nuevos ataques o una guerra abierta contra Irán. Expertos regionales y funcionarios de la Administración le han advertido que Teherán probablemente atacaría activos militares, aliados e infraestructura energética de EEUU en la zona como represalia.

Y eso es lo que está pasando: ya se han reportado ataques en bases norteamericanas en Bahrein, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Hay dudas sobre lo que está pasando en Arabia Saudí, además. Es un paso esperado por parte de Teherán: ya en verano, se ordenó el ataque a bases en Qatar y en Irak, pero fueron testimoniales, respuestas calibradas y medidas, una manera de indicar a su adversario de que podían hacerle daño, que tenían el poderío de herirlo y la información para golpearles con certeza. 

Ahora, es la primera vez que Irán responde con un ataque global, más allá de Israel, a los golpes en contra. Ahora se ve que estamos en una pantalla diferente, más desesperada: se golpea más, todo lo que se puede, y desde el primer día. Quedan por ver las consecuencias de este escenario nuevo. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC) de Irán prometió esta mañana una "respuesta aplastante", en general, y asumió que han estado haciendo los deberes en estos meses, preparándose por si no se lograba nada en los despachos. El momento es peligroso. 

Puede que estemos en el mismo punto, de advertencia sin causar grandes daños, ni personales ni materiales, pero cuando la chispa se prende, las consecuencias pueden ser impredecibles. Todos los estados citados están ya diciendo que se reservan la posibilidad de responder a estas agresiones, por lo que no es descartable un conflicto regional mayor. Sí, Oriente Medio siempre es un avispero y siempre se acaban controlando las fuerzas, porque obviamente a ninguno de estos países les interesa un conflicto abierto y largo, pero tampoco pueden quedarse de brazos cruzados, de cara a la galería, si se les a ataca en su suelo soberano. Las próximas horas serán muy tensas y muy abiertas. 

El lunes, Trump respondió a los informes de que el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, se había opuesto a atacar a Irán precisamente por lo que puede desencadenar. "Todo lo que se ha escrito sobre una posible guerra con Irán se ha escrito incorrectamente, y a propósito", publicó Trump en Truth Social. "Soy yo quien toma la decisión; prefiero un acuerdo a no hacerlo, pero si no lo logramos, será un día muy malo para ese país y, lamentablemente, para su gente". "Sería una victoria fácil", auguraba el neoyorquino. Veremos. 

Por la parte de los proxies, los socios regionales de Irán, se espera una respuesta mínima, porque no tienen fuerzas. Aún así, con ayuda de los yemeníes, podía haber problemas para el comercio mundial en el estrecho de Ormuz. A Rusia, aliada de Teherán de siempre, no se la espera tampoco. Está demasiado enredada en Ucrania y tiene que velar por no enfadar más aún a EEUU, de paso. 

La inteligencia israelí ha concluido que EEUU tiene capacidad militar para sostener un intenso ataque aéreo de tan sólo cuatro o cinco días, o una semana de ataques de menor intensidad, según declaró un funcionario de inteligencia israelí al Financial. La prensa norteamericana, como el New York Times, publica a esta hora que el plan de Trump es prolongar los ataques, "quirúrgicos", durante "varios" días. Trump sólo desvela que su operación será "masiva y continua". 

La invasión terrestre, por ahora, se descarta, por lo que se esperan ataques a dianas concretas, selectivos, lejos de las aspiraciones de Israel de arrasar con todo. El problema es que los regímenes no suelen caer sólo con ataques desde el aire, como los perpetrados y los supuestamente planeados para los próximos días. Y si se acaban los objetivos militares y científicos y Jamenei no cede y se estancan las cosas, ¿qué harán los occidentales, atacar ciudades iraníes? 

Israelíes son evacuados de un edificio residencial dañado por metralla en Haifa, tras el lanzamiento de misiles desde Irán, el 28 de febrero de 2026.
Israelíes son evacuados de un edificio residencial dañado por metralla en Haifa, tras el lanzamiento de misiles desde Irán, el 28 de febrero de 2026.Rami Shlush / Reuters

Que haya bajas estadounidenses podrían generar consecuencias internas en el electorado de Trump, el partido MAGA, y entre los votantes, en general, más recelosos de la guerra que de la inacción hacia Irán. Una cuarta parte de los republicanos se opone a una intervención militar estadounidense en Irán en las circunstancias actuales, mientras que el 40% la apoya, según una nueva encuesta de la Universidad de Maryland. La gran mayoría de los demócratas se opone. 

Trump prometió en la campaña electoral del 2024 que no se enrolaría en más guerras, que hacen perder dinero y vidas a EEUU, sino que las acabaría (se vanagloria de eso, pero no ha logrado nada). No obstante, su mirada militar se ha radicalizado, se ha envalentonado por su éxito en Venezuela. Y con Irán es que ha subido ya muchos peldaños, le tiene ganas: tras su retirada del pacto nuclear en 2018, ordenó el asesinato del comandante de la Guardia Revolucionaria Qassem Soleimani en 2020 y luego vino el bombardeo de instalaciones nucleares iraníes, en 2025. 

Aún piensa que las graves advertencias de desencadenar una guerra regional son exageradas, cree que eso pasó en verano y puede pasar de nuevo ahora, que Irán no va a aguantar y él podrá pasar a los libros de Historia como un hérore, que es su propósito personal principal, como lograr el Nobel de la Paz. 

Quiere cambiar el mundo a martillazos, cincelándolo a sus intereses y gustos. Ahora se escuda en que los ayatolás, esa "dictadura radical tan perversa", "sólo quiere practicar el mal" y se apoya en la causa ciudadana -que tampoco parece importarle en realidad- para actuar. "Paz mediante fuerza". Lo dijo el martes en su discurso del Estado de la Unión. Lo segundo, ya lo tenemos. ¿Llegará lo primero?

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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