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15/03/2019 22:02 CET | Actualizado 15/03/2019 22:02 CET

El precio de todo y el valor de nada

Las claves de la semana

Sergio Perez / Reuters

Las leyes generales de Murphy son muy claras. La tostada siempre cae del lado de la mantequilla; cualquiera cosa es susceptible de empeorar; a perro flaco todo se le vuelven pulgas... Todas se basan en la máxima de que "si algo puede empeorar, empeorará". Esta es la dinámica en la que ha entrado Ciudadanos. Una caída de diez puntos en un año no parece algo coyuntural ni imputable sólo a una foto en la madrileña plaza de Colón.

Es difícil cometer más errores en menos tiempo y dilapidar a tanta velocidad mayores dosis de crédito. Y no será porque el PSOE no dejara el listón alto antes de llegar al Gobierno. O que Podemos no vaya a pagar el coste de sus crisis internas y la atomización de sus siglas. O que la disparatada competición del nuevo PP con VOX que le ha arrastrado a adoptar como propio el discurso de la ultraderecha le vaya a salvar del abismo. Nada está escrito. Pero ya hay constantes que se repiten en todos los trabajos demoscópicos. Y una es la situación de Ciudadanos.

El HuffPost
El secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas (c), junto a la expresidenta de las Cortes, Silvia Clemente, este lunes en Valladolid.

Hace un año, subía imparable en las encuestas, su líder era el político más valorado, su recuerdo de voto rozaba el 80% y estaba a punto de conquistar la hegemonía en el espacio de la derecha. De un tiempo a esta parte sus "electrodos" parecen haber cortocircuitado hasta provocar una corriente de gran intensidad y efectos adversos en cuadros, bases y electorado.

Ya se habla de un frente crítico en la organización al que curiosamente se han sumado algunos de sus fundadores, la militancia está desmovilizada y quienes admiten haber votado por los naranjas en 2016 suman apenas un 40% en los trabajos demoscópicos. Esto por no hablar del perseguido "efecto Arrimadas" que no aparece en ni una sola encuesta. El desembarco de la líder de la oposición en Cataluña no se ha traducido ni en medio punto siquiera en intención de voto. Que el entusiasmo con su decisión no ha sido desbordante lo demuestra el dato de que en sus primarias para ocupar el primer puesto de la lista de Barcelona al Congreso participara el 19% de la militancia.

Las señales no pueden ser más alarmantes y en la organización empieza a cundir el pánico. Aunque el líder de los naranjas doblara el número de diputados, si no logra ser decisivo en la formación del próximo gobierno, se evaporará para siempre

Las señales no pueden ser más alarmantes y en la organización empieza a cundir el pánico. El 28-A, Rivera se la juega tanto como Pablo Iglesias, y mucho más que Pablo Casado, ya que para éste último es su primer examen electoral y, salvo que se produjera un milagro para Ciudadanos que no se espera, mantendrá el liderato de la derecha. Aunque el líder de los naranjas doblara el número de diputados, si no logra ser decisivo en la formación del próximo gobierno, se evaporará para siempre.

Los pronósticos son tan poco halagüeños, que la preocupación ya no es sólo la caída en picado de los naranjas, sino que su deterioro lastre las posibilidades del bloque de derechas que en Andalucía permitió arrebatar al PSOE el Gobierno. La última encuesta publicada por GAD3 esta semana, daba al PSOE 134 diputados, al PP 87, a Cs 38 y a Podemos 30, con lo que la suma del bloque de la moción de censura sumaría 189 diputados y la derecha se desinflaría por el desgaste de Rivera.

EFE
Inés Arrimadas interpela a Carles Puigdemont en el Parlament de Cataluña.

Si hay algo en lo que coinciden todos los expertos es que el ciclo de indignación del 15-M se ha cerrado y que el votante socialista ha regresado a las siglas de Pedro Sánchez. El fenómeno explica que en la izquierda haya hoy más estabilidad que indecisión. Tanto es así que en La Moncloa creen que la campaña electoral no se librará en el eje derecha-izquierda sino en la conquista por el destino final del voto de quienes en anteriores elecciones generales apostaron por los partidos nacionalistas, y hoy buscan una opción de estabilidad desde la que resolver el conflicto catalán.

El caso es que la cotización de Ciudadanos en el parqué electoral empeora por días desde que se produjo la moción de censura, y sus dirigentes decidieron redireccionar el rumbo hacia la derecha. Luego, llegó el veto al PSOE, un grave error que conduce a dividir el mapa postelectoral en los tradicionales bloques de derecha e izquierda que impiden hacer frente a los retos del momento actual. Después, una excéntrica política de fichajes obsesionada por incorporar a sus filas lo que algunos llaman "el detritus del bipartidismo". Y, ahora, un "pucherazo" antológico en las primarias de Castilla y León que entierra para siempre su impostado compromiso de regeneración y abre, de paso, un cisma interno de incalculables consecuencias para la organización.

Por si fuera poco, la semana de Ciudadanos aún ha dado para más. También para sendos intentos fallidos de paralizar la ampliación de los permisos de paternidad que siempre abanderaron y las ruedas de prensa de los Consejos de Ministros. Ambos tanteos los plantearon junto al PP en forma de recurso ante la Junta Electoral Central, que falló a favor del Gobierno. Dos asuntos que en todo caso no tienen el volumen ni la trascendencia que su alianza con UPN y el partido de Casado para concurrir juntos en generales, autonómicas y municipales. El pacto supone la aceptación de hecho del Régimen Foral navarro y por extensión el vasco, que siempre vieron como un "privilegio" de ambos territorios que rompía con el sacrosanto principio de igualdad. Aquí otro ejemplo de partido líquido y líder gaseoso, cuyas palabras siempre desmienten sus hechos y que, en versión literaria, podría ser ese cínico descrito por Wilde que conoce el precio de todo y el valor de nada. Tampoco el de la palabra.

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