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01/02/2016 07:26 CET | Actualizado 31/01/2017 11:12 CET

Las tres negaciones de Pedro

Igual que en el evangelio el apóstol negó tres veces a Jesús antes de que cantara el gallo, Sánchez lo ha hecho con sus barones. Tres negaciones, de lo que algunos ven como la introducción del virus del populismo en la organización. La consecuencia más inmediata es que la fractura entre los cuadros dirigentes se traslada así al último rincón de la más recóndita de las federaciones.

Cuando el viernes por la mañana el presidente de Asturias, Javier Fernández, salió del despacho de Pedro Sánchez en la calle Ferraz, lo hizo convencido de que España caminaba lenta pero inexorablemente hacia unas nuevas elecciones generales. Su secretario general le trasladó por activa y pasiva el "no" del PSOE a una investidura del PP, pero también la negativa de la dirección federal a ceder a las presiones de Podemos para formar lo que Pablo Iglesias llamó un "gobierno de coalición", y el extremeño Guillermo Fernández Vara rebautizó como una "coalición de gobiernos". Una alianza que en todo caso precisaría de la anuencia, activa o pasiva, de los independentistas.

Ni cesiones a Podemos ni flirteos con los soberanistas, garantizó el mandamás del socialismo al asturiano, pese a que el viernes por la tarde en una tensa reunión con Susana Díaz y como si no hubiera hoy un cisma constitucional en Cataluña, Sánchez preguntó a la presidenta de Andalucía por qué los votos de ERC sirvieron en su día para Zapatero y no pueden servir para su investidura.

El asturiano creyó en todo caso en la palabra de su líder cuando le dijo que la intención era explorar un acuerdo con Ciudadanos que contara con la abstención del PP o de Podemos. Para muchos, la cita del Comité Federal del sábado demostró que la respuesta al asturiano era una falsa liebre, y que la intención de Sánchez no es sólo buscar el pacto con los "podemitas", sino hacer suya la estrategia de Pablo Iglesias de enfrentar a los "aparatos" con las bases. La casta frente al pueblo; los de abajo frente a los de arriba...

La "candidez" de Javier Fernández fue la misma que la del secretario general de los socialistas extremeños cuando 24 horas antes de la reunión de la Comisión Federal de Listas que debía elaborar las candidaturas para el 20-N preguntó a Pedro Sánchez si había algún asunto polémico que debiera saber antes de acudir a la cita. "Ninguno. Todo está controlado", fue la respuesta. Mientras Vara viajaba de Mérida a Madrid se enteró por los medios de comunicación del fichaje de la tránsfuga Irene Lozano como número 5 de la lista por Madrid. Lo que siguió a aquél anuncio y el "trágala" que supuso para muchos socialistas es bien conocido por todos.

Vara, Fernández y esta semana también Javier Lambán han sido víctimas de la credulidad. El ardid al presidente de Aragón tuvo que ver con la consulta a las bases que anunció en el Comité Federal para avalar la política de pactos. El lunes Infolibre adelantaba que para sortear las presión de los barones, Ferraz sopesaba la idea de consultar a la militancia. Lambán preguntó a Sánchez sobre ello, y éste negó la mayor, si bien desde la sede federal arguyen que la decisión se adoptó el viernes por la noche y la tomó personalmente el secretario general en coherencia con el pensamiento político de alguien que fue elegido en un proceso de consulta también a la militancia.

En todo caso igual que en el evangelio el apóstol negó tres veces a Jesús antes de que cantara el gallo, Sánchez lo ha hecho con sus barones. Tres negaciones, además de lo que algunos ven como la introducción del virus del populismo en la organización. La consecuencia más inmediata es que la fractura entre los cuadros dirigentes se traslada así al último rincón de la más recóndita de las federaciones.

Los presidentes autonómicos saben que el único gobierno para España aritméticamente posible es el que llaman "Ejecutivo Frankenstein" (PSOE+Podemos+IU con apoyo y/o abstención de PNV, DiL, ERC y hasta Bildu). Y sospechan que su secretario general está dispuesto a pactar con todos, menos con sus barones con tal de llegar a la Presidencia del Gobierno. Ninguno alzará la voz contra una alianza con los de Iglesias porque saben que entre sus bases mayoritariamente se prefiere este tipo de acuerdo a cualquier otro y porque algunos de sus gobiernos regionales dependen del apoyo de la formación morada. Su única perspectiva es que la negociación se trunque por el lado de Podemos.

Hasta entonces, no habrá más que un sonoro silencio apenas quebrado para avisar de que antes de acordar con los de fuera, convendría acordar con los de dentro. Pactar con los tuyos antes que pactar con otros, como afirmaba en una entrevista con El Huffington Post Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, unos días antes del Comité Federal del pasado sábado. El secretario general ha hecho caso omiso de la recomendación de sus mayores y ha decido mantener el pulso con los barones con una consulta a las bases que diluye las competencias a un Comité Federal, máximo órgano entre congresos, cuya mayoría ya no controla. Ya es tarde para pedir confianza.

Uno piensa que, quien tiene el mando del botón, nunca activará la bomba atómica, pero Sánchez lo ha hecho después de que los barones le forzaran a cambiar la fecha del Congreso Federal. Un debate sobre tres semanas arriba o abajo no tendría mayor trascendencia si en la mente de todos no estuviera que el cónclave se celebre antes o después de unas nuevas elecciones generales. Y como Ferraz tuvo que ceder en esto ante la amenaza de varios presidentes regionales de someterlo a votación del Comité Federal, la dirección ha decidido revisar el concepto de democracia representativa sobre el que se construyeron los cimientos de un partido con 140 años de historia para convertir la organización en un movimiento asambleario al más puro estilo de la CUP.

Que la consulta a la militancia sobre un posible acuerdo de gobierno sea previa al aval del Comité Federal, y no refrendataria, rompe con las estructuras y los principios en que hasta ahora se apoyaba el PSOE. "Hemos acabado con el máximo órgano entre congresos. Mi tristeza es mayor que mi preocupación", lamenta un histórico socialista.

Desde la dirección rechazan de plano un debate que sólo están dispuestos a librar desde dos categorías: la responsabilidad y la adaptación. La primera para trabajar, dicen, por una alternativa de cambio posible en España. La segunda, para recordar que el PSOE "está orgulloso de ser un viejo partido, pero no un partido viejo". Tan añoso como el evangelio, el gallo y la tercera negación. ¿Recuerdan cómo acabó aquello? Pedro se puso a llorar, reconoció haber mentido y se dio cuenta que negarlo había sido tanto como contradecir su propia existencia. El valiente y osado, después arrepentido, se quedó sólo sin nadie a su lado. Pero eso cuenta la doctrina de un tal Jesucristo... y el PSOE es un partido laico.

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