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31/10/2015 09:52 CET | Actualizado 31/10/2016 10:12 CET

Mientras les quede voz, hablarán de sus muertos

Para dejar en paz a los muertos hay que haberles reconocido su derecho a la verdad, la justicia y la reparación. Mientras tanto, seguirán siendo una herida abierta en el corazón de quienes no los olvidan y en el de una democracia que, para serlo, debe cumplir con el requisito fundamental de cerrar esa herida.

Captura de pantalla del programa El Intermedio, donde entrevistaron a Hilda Farfante, hija de dos maestros fusilados por los franquistas.

Ya no hay más fosas que descubrir, salvo que se empeñen en buscar a Federico García Lorca en los cuatro puntos cardinales de España. Ahora mismo no hay más sitio a donde ir". Con estas palabras, el senador del Partido Popular, José Joaquín Peñarrubia, aseguró el jueves pasado en la Comisión de Presupuestos que en España "no hay demanda" de exhumaciones.

Como no podía ser menos, ante la cínica desfachatez de la falacia, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica criticó a Peñarrubia por su "enorme incultura en cuestión de derechos humanos" y por "insultar" a las víctimas del franquismo. "No es solo que sea mentira lo que dice, esto ya es un ejercicio de negacionismo. Es casi como negar que había campos de concentración en Alemania", señaló Emilio Silva, presidente de la asociación. "Ahora mismo tenemos una lista de 1.539 personas desaparecidas y reclamadas por familiares, que cumplen los requisitos del protocolo establecido por Naciones Unidas. Son personas de las que sabemos dónde podrían estar y que, si tuviéramos los recursos, podríamos ir a buscar".

Asimismo, hace unos días, el Partido Popular rechazó en la Comisión de Justicia del Congreso la enmienda transaccional pactada por el PSOE con el Grupo Mixto y la Izquierda Plural, en base a la proposición no de ley presentada por ambos grupos, en la que se insta al Gobierno a extraditar a Argentina a una veintena de exaltos cargos del franquismo -algunos ya fallecidos- acusados de crímenes de lesa humanidad y genocidio, o bien, propiciar que se les juzgue en España. La diputada conservadora Rocío López acusó entonces a los diputados autores de la propuesta de "querer reabrir heridas del pasado", y no tuvo el menor reparo en añadir: "Para eso, con nosotros no van a contar. Dejen en paz a los muertos".

El reportero Gonzo -en El Intermedio- creyó oportuno el pasado jueves dar respuesta tanto al diputado Peñarrubia como a la senadora López, y para ello tuvo la perspicacia de buscar entre varias de las víctimas del franquismo -hijas e hijos de ese millar y medio de personas desaparecidas y reclamadas por sus familiares- a la maestra Hilda Farfante, hija de un matrimonio de maestros de la localidad asturiana de Cangas del Narcea, asesinado por la dictadura fascista.

Hilda tiene muy vivas, muy lúcidas y muy sensibles las facultades del recuerdo y la expresión, y supo resumir en una frase la contestación que le dio a Gonzo cuando el periodista le preguntó si mataron a sus padres por haber ejercido algún tipo de resistencia armada. "Sólo tenían la llave de la escuela", respondió Farfante, y para dejar bien claro cuál es su propósito hasta que le llegue la muerte, recitó estos magníficos versos de Marisa Peña, que no sé si el senador Peñarrubia o la diputada López tienen la posibilidad de comprender, porque para dejar en paz a los muertos hay que haberles reconocido su derecho a la verdad, la justicia y la reparación. Mientras tanto, seguirán siendo una herida abierta en el corazón de quienes no los olvidan y en el de una democracia que, para serlo, debe cumplir con el requisito fundamental de cerrar esa herida:

Mientras me quede voz

hablaré de los muertos,

tan quietos, tan callados,

tan molestos.

Mientras me quede voz

hablaré de sus sueños,

de todas las traiciones,

de todos los silencios,

de los huesos sin nombre

esperando el regreso,

de su entrega absoluta

de su dolor de invierno.

Mientras me quede voz

no han de callar mis muertos.

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