Delcy Rodríguez mueve el tablero: cambia al máximo jefe operativo de la Fuerza Armada venezolana
Jornada de cambios que parece escrita para una serie: desapariciones, ascensos fulminantes y un alto mando que se recompone como si alguien hubiese apagado y encendido las luces.
En Venezuela, el poder raramente se anuncia: se insinúa, se reordena, se susurra. Y la última jugada de Delcy Rodríguez encaja exactamente en ese molde. En cuestión de horas, la presidenta encargada desmanteló el viejo andamiaje militar y lo reconstruyó pieza a pieza, como si estuviera escribiendo la nueva temporada de una serie política. Son tiempos complejos.
El movimiento más simbólico llegó primero: la destitución de Domingo Hernández Lárez, un nombre pesado, sancionado por Estados Unidos, instalado desde 2021 al frente del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada.
En su silla se sienta ahora Rafael Prieto Martínez, mayor general, recién llegado a la parte más alta del tablero, y que se define a sí mismo como "venezolano revolucionario, chavista y patriota".
Una declaración de intenciones que parece escrita más para quien lee entre líneas que para Instagram.
Un ejército que cambia de piel en una sola noche
Pero el relevo no fue un gesto "uno por uno". Fue un barrido. Rodríguez movió al mismo tiempo al Ejército, la Aviación, la Armada, la Guardia Nacional Bolivariana y la Milicia.
Un rediseño completo del organigrama militar, apenas un día después de anunciar otro paquete de nombramientos, entre ellos el más simbólico: la llegada de Gustavo González López al Ministerio de Defensa, reemplazando a la figura que llevaba allí una década.
El mensaje estaba claro antes incluso de que ella lo pronunciara: este es un nuevo equipo, no un parche. Y cuando lo dijo, lo dijo así: "Designo a este alto mando para garantizar la soberanía, la paz, la estabilidad y la integridad territorial".
Una frase que huele más a advertencia que a protocolo.
Una presidencia que legitima su poder mientras el país cambia de guion
La puesta en escena siguió un hilo muy preciso: Ella habló de "trabajar incansablemente", de "una Venezuela soberana, justa y solidaria" y de "felicidad absoluta para todos".
Es un tono que mezcla fe política con épica institucional, como si cada cargo fuera una pieza de una misión mayor que se articula en silencio.
Mientras tanto, González López, su nuevo ministro de Defensa, entra a Fuerte Tiuna con una trayectoria que atraviesa casi todas las instituciones más poderosas del aparato del Estado: dos mandatos al frente del Sebin, paso reciente por la Guardia de Honor Presidencial y dirección de contrainteligencia militar.
Un currículum que suena a control, a lealtad, y a intimidad con el poder.
Sombras que no desaparecen aunque cambien los nombres
Es lo que hace que este movimiento no parezca solo un baile de cargos, sino un reajuste profundo del sistema de poder.
Y es difícil no pensar que lo que realmente se está trabajando, sin descanso, es la reconfiguración total del poder militar venezolano, en un país donde ningún movimiento es inocente y ninguna designación es solo una designación.