Otra señal del rearme tecnológico ruso: aparecen antenas anti-jamming de 12 elementos hasta en los drones Gerbera 'low cost'
Analistas ucranianos creen que Moscú ha conseguido aumentar la producción de componentes clave pese a los ataques sobre sus fábricas.
La guerra de drones entre Rusia y Ucrania acaba de dejar otra señal importante sobre la evolución tecnológica del conflicto. Las fuerzas ucranianas están empezando a encontrar drones señuelo rusos Gerbera equipados con antenas antiinterferencias mucho más avanzadas de lo habitual, un detalle que para varios analistas militares apunta a que Moscú está logrando reforzar su producción de componentes estratégicos pese a las sanciones y los ataques ucranianos.
La novedad ha sido revelada por Serhii "Flash" Beskrestnov, uno de los analistas ucranianos de drones más conocidos y asesor del Ministerio de Defensa de Ucrania en tecnologías de combate no tripulado. Beskrestnov publicó imágenes de un dron Gerbera derribado equipado con una antena Kometa de 12 elementos, una configuración considerablemente más sofisticada que las utilizadas hasta ahora en este tipo de aparatos.
“Recientemente, han comenzado a aparecer antenas Kometa de 12 elementos en los Gerberas”, explicó el experto en declaraciones publicadas en Business Insider. Y añadió una lectura mucho más importante: “Para mí, esto es una señal de que la planta que produce la Kometa ha aumentado su capacidad de producción”.
Qué son las antenas Kometa y por qué preocupan a Ucrania
Las antenas Kometa son sistemas diseñados para resistir interferencias electrónicas y proteger las señales de navegación y control de drones y municiones guiadas. Cuantos más elementos incorpora la antena, mayor capacidad tiene para filtrar interferencias y mantener estable la señal, incluso bajo ataques de guerra electrónica.
Y precisamente la guerra electrónica se ha convertido en una de las armas más importantes de Ucrania contra los drones rusos. Kiev utiliza sistemas de inhibición para desorientar, bloquear o derribar drones kamikaze y aparatos de reconocimiento enemigos antes de que alcancen sus objetivos.
Hasta ahora, las versiones más habituales de las antenas Kometa utilizadas por Rusia eran de cuatro u ocho elementos. Ver una versión de 12 elementos integrada incluso en drones baratos y desechables ha llamado especialmente la atención.
El Gerbera: el dron barato que Rusia usa como señuelo
El Geran-2 sigue siendo el principal dron de ataque de largo alcance empleado por Moscú. Se trata de la versión rusa derivada del Shahed-136 iraní y puede costar entre 35.000 y 80.000 dólares por unidad.
Frente a él, Rusia utiliza el Gerbera como dron señuelo de bajo coste. Fabricado en ocasiones con espuma o madera contrachapada, su objetivo principal es saturar las defensas aéreas ucranianas, obligándolas a gastar misiles y munición en blancos secundarios mientras los drones de ataque reales avanzan hacia sus objetivos.
Según estimaciones ucranianas de 2024, cada Gerbera costaba alrededor de 10.000 dólares, una cifra mucho menor que la de los drones de ataque principales. Precisamente por eso resulta significativa la aparición de tecnología antiinterferencias avanzada en estos aparatos considerados hasta ahora prácticamente “consumibles”.
Rusia mejora su producción pese a los ataques ucranianos
Beskrestnov aseguró además que hace apenas un año Rusia sufría graves problemas de producción incluso para suministrar antenas Kometa a armamento prioritario como las bombas planeadoras guiadas KAB. “Había una lista de espera de tres a cinco meses”, explicó en el mismo medio.
Ahora, la aparición de estas antenas en drones baratos sugiere que la industria militar rusa ha logrado aumentar considerablemente su capacidad de fabricación. Rusia sigue reservando los sistemas aún más avanzados —como las antenas de 16 elementos, algunas de fabricación china— para armamento considerado estratégico o de mayor valor operativo.
Ucrania intenta frenar la producción rusa
La mejora tecnológica rusa llega además pese a los repetidos ataques de Kiev contra instalaciones industriales clave. A principios de este mes, Ucrania anunció un ataque con misiles nacionales Flamingo contra el complejo VNIIR-Progress, situado en la ciudad rusa de Cheboksary.
La planta, especializada precisamente en la producción de antenas anti-jamming, ha sido atacada varias veces durante el último año por drones ucranianos de largo alcance. Sin embargo, el impacto real de esos ataques sobre la capacidad industrial rusa sigue siendo incierto.
Mientras tanto, la evolución de drones aparentemente secundarios como el Gerbera refleja un patrón cada vez más habitual de que la guerra tecnológica entre Rusia y Ucrania entra en una nueva fase donde incluso los sistemas baratos y desechables empiezan a incorporar tecnología militar mucho más sofisticada.