Trump coloca a su exabogado como nuevo fiscal general y desata una crisis sobre moral e independencia judicial
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Trump coloca a su exabogado como nuevo fiscal general y desata una crisis sobre moral e independencia judicial

El Senado de EEUU ha ratificado la designación de Todd Blanche como máximo responsable del Departamento de Justicia, en una ajustada votación hasta la madrugada. Ya está en la cúpula del sistema judicial estadounidense.

El fiscal general Todd Blanche, cuando era interino, durante su comparecencia ante el Comité Judicial del Senado para se confirmado, el 15 de julio de 2026, en Washington.Nathan Posner / Anadolu via Getty Images

El pasado sábado, el Senado de Estados Unidos ratificó la designación de Todd Blanche como máximo responsable de su Departamento de Justicia. Su nombramiento, alcanzado en una ajustada votación nocturna tras intensas negociaciones en la Cámara Alta, sitúa al exabogado del presidente Donald Trump en la cúpula del sistema judicial estadounidense. Así, sin anestesia: la cúpula del sistema judicial estadounidense ya está en manos de quien llevó los asuntos penales del magnate. El debate sobre la moralidad de la jugada, sobre la preservación de la separación de poderes y la independencia judicial es ahora el más candente en el país. 

La votación parlamentaria se resolvió con 50 apoyos a favor y 49 en contra en las primeras horas de la madrugada, justo antes de que el Senado iniciase su receso de verano. Blanche, que venía ejerciendo la jefatura de la fiscalía de manera interina desde el pasado mes de abril tras la salida de Pam Bondi, necesitó la máxima cohesión de la bancada republicana para asegurar su puesto.

El margen de aprobación fue tan estrecho que la ausencia del senador conservador Mitch McConnell, convaleciente tras una caída sufrida en junio, obligó al bloque gubernamental a exprimir cada voto disponible. Las senadoras republicanas Susan Collins (Maine) y Lisa Murkowski (Alaska) decidieron romper la disciplina de voto de su partido y sumarse a la bancada demócrata en contra de la candidatura. Aunque no sea masiva, hay contestación en el seno del Partido Republicano al MAGA trumpista. 

El respaldo decisivo en la hora de la verdad procedió del senador republicano por Luisiana, Bill Cassidy, que argumentó que la disyuntiva residía entre refrendar a Blanche o arriesgarse a la llegada de una figura con menor capacidad organizativa al frente de una institución de la que dependen más de 100.000 empleados. Un pilar del Estado. 

Para superar la resistencia interna entre senadores de su propia formación, Blanche se vio obligado a efectuar concesiones reglamentarias de última hora. En particular, mantuvo intensas gestiones con los parlamentarios republicanos Thom Tillis y John Cornyn para atender sus reservas sobre los acuerdos suscritos entre la administración central y el Servicio de Impuestos Internos (IRS).

Entre los compromisos asumidos -por escrito- por el nuevo fiscal general figura la cancelación definitiva de un fondo presupuestario de 1.800 millones de dólares, proyectado inicialmente para compensar a personas que alegasen persecución por motivos políticos. Además, aclaró que los pactos de inmunidad tributaria sobre ejercicios pasados en favor del mandatario y sus familiares no los eximirán de eventuales auditorías gubernamentales en el futuro.

Un intenso debate sobre la imparcialidad de la Justicia

Blanche había ejercido la defensa letrada de Trump en causas penales de relevancia, como los procesos vinculados a los documentos clasificados que se llevó hasta a la ducha de su casa cuando acabó su primer mandato o las disputas sobre la legalidad de las elecciones de 2020, las que ganó el demócrata Joe Biden. Ahora ha saltado hasta la dirección de la fiscalía federal y eso ha reavivado las alarmas de los sectores más críticos con el Ejecutivo. Porque Trump, sin cortarse, dice de él: "Es mi amigo". 

Desde las filas demócratas han denunciado que el nuevo mando priorizará la protección de los intereses de la Casa Blanca por encima del interés público. El senador demócrata Dick Durbin manifestó que "esta nación merece un Fiscal General que ame la Constitución más de lo que ama al Presidente. Lamentablemente para nuestra nación, Todd Blanche no es esa persona".

Por su parte, la senadora republicana Lisa Murkowski, una de las críticas en la familia conservadora, fundamentó su voto desfavorable argumentando que "el país necesita un fiscal general que ponga freno a los peores impulsos de esta administración", expresando sus dudas sobre la capacidad del nominado para ejercer un contrapeso efectivo.

En el lado opuesto, los defensores de la nominación enfatizaron la trayectoria previa de Blanche como fiscal federal y socio en firmas legales de primer nivel. El presidente del Comité de Judicatura del Senado, el republicano Chuck Grassley, respaldó con firmeza la ratificación al afirmar que "América está más segura con Todd Blanche al frente del Departamento de Justicia".

Los desafíos inmediatos al frente del departamento

Al desprenderse de la condición de interino, Blanche asume de forma plena la gestión de un departamento expuesto a un constante escrutinio político y mediático. Ahora es cuando tiene que meterse en harina, aunque medios como la CNN han difundido que su poder ya era muy elevado en el departamento, antes de este ascenso. 

"Blanche lleva mucho más tiempo al frente de las operaciones diarias del departamento, y su nombramiento formalizó lo que ya ocurría internamente desde hacía tiempo. CNN informó anteriormente que, incluso como secretario de Justicia adjunto, Blanche solía dirigir reuniones, incluidas aquellas que el secretario de Justicia debía supervisar.n Ese papel central resultó especialmente trascendental en una de las sagas más turbulentas de la administración: las consecuencias del caso Epstein", expone el citado medio.

En un momento dado, la exsecretaria Bondi fue apartada de los medios durante varias semanas por sus repetidos errores (o verdades) en sus apariciones televisivas sobre el caso Epstein, porque llegó incluso a confirmar que sobre su escritorio estaba la famosa lista Epstein, la que Trump prometió sacar a la luz si volvía al Despacho Oval, en la que supuestamente estaban los nombres de los que se beneficiaron de la red de pederastia y abusos a menores del financiero. Blanche la sustituyó y, según Bondi, "continuó gestionando la crisis por su cuenta", indice la CNN. 

Todo el proceso sobre el abusador de niñas ha recibido críticas por los ritmos de entrega de los miles de documentos y por los criterios de tachado en los documentos: muchos aparecen censurados y nadie sabe qué se ha querido ocultar, cuando Trump y Epstein fueron los mejores amigos durante al menos una década. 

Ya en los pocos meses transcurridos desde su nombramiento como secretario de Justicia interino, el Departamento de Justicia ha presentado acusaciones contra figuras políticas, incluido el exdirector del FBI James Comey, ha emitido citaciones para identificar las fuentes de los periodistas, ha creado -y luego abandonado- el controvertido fondo "contra la instrumentalización de la Justicia" y ha aprobado un acuerdo de inmunidad fiscal entre el presidente y el Servicio de Impuestos Internos.

Medios como el New York Times sostienen que ahora Blanche tendrá una estrategia similar a la aplicada sobre Epstein, una vez confirmado oficialmente: presentar casos que pongan de manifiesto lo que el presidente Trump afirma que fueron casos de "instrumentalización" del Departamento de Justicia contra él, sus aliados y sus partidarios. O sea, tratar de borrar las investigaciones pasadas que pusieron en marcha investigadores en la era demócrata. 

En esta nueva era, también tendrá que impulsar otras prioridades del Gobierno, como los casos de inmigración de línea dura y la lucha contra el fraude relacionado con los programas gubernamentales. También, su tiempo estará marcado por cómo sea su gestión el escrutinio de las investigaciones iniciadas contra antiguos mandos de inteligencia y exfuncionarios de la era Biden. Y todo, bajo la mirada atenta de socios internacionales sobre la estabilidad de la cooperación judicial multilateral, en riesgo como está el comercio o la diplomacia en plena era trumpista. 

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