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05/10/2015 06:57 CEST | Actualizado 05/10/2016 11:12 CEST

El refugiado que jugaba a fútbol y las falsas apariencias

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"Español, sin casa y sin trabajo, busca periodista que le ponga la zancadilla". Frases como ésta o del tipo "está bien que acojamos refugiados, pero primero los de aquí", han inundado las redes sociales desde el momento en que el Getafe ha fichado al refugiado sirio zancadilleado en la frontera húngara mientras huía de la policía. Una zancadilla que le ha cambiado la vida, pues ha puesto fin a ese épico periplo al que se ha visto arrastrado y le ha abierto las puertas a una nueva vida que incluye un trabajo, un permiso de residencia por circunstancias excepcionales y a reunir a su familia. Todo en tiempo record. Una zancadilla que enmudeció al mundo. El 'Gordo' de las zancadillas que muchos parecen envidiar y no le perdonan. Esa suerte de la fea, que la guapa le desea.

Es muy fácil identificarse con el otro cuando éste está a un océano de distancia, pero hay que ser capaces de ponerse en su lugar más allá de nuestras propias circunstancias. Quienes escriben estos comentarios seguramente se compadecían de él antes de la zancadilla, pero ahora que está aquí lo envidian y protestan, probablemente inducidos por su propia desgracia, pero que incita a imaginar qué dirían en caso de la llegada masiva de refugiados. Otros hablan de discriminación hacia el resto de inmigrantes. De manipulación por parte de todos los implicados en la tramitación y gestión de su caso. Un caso en el que, llegados a este punto, todos han querido salir en la foto. Todos se han dado prisa y opositado públicamente a solidarios. Todo muy humano, y tal vez un ejemplo más de falsas apariencias y de solidaridad de plató de la que, en cualquier caso, este refugiado no tienen culpa, pues sigue siendo una víctima de las circunstancias no escogidas que le han tocado vivir.

La única realidad indignante es que se establecen cupos. Que se discuten números. Que se seleccionan personas como en un 'Tú sí que vales' que abra las puertas de Europa al agraciado. Un espectáculo bochornoso donde los organizadores, los propios Gobiernos, hacen trampas e incumplen las reglas establecidas perjudicando a los concursantes. Un espectáculo de regates donde las cifras que están dispuestos a asumir siempre son insuficientes, y que una vez aceptadas airean con rapidez para que el ciudadano tenga claro lo caritativo y solidario que es su Gobierno. Falsas apariencias. Huraños con el mal ajeno al que sólo han respondido después del clamor ciudadano, a pesar de que algunos no quieran ver más allá de su propia desgracia.

Decía León Tolstói en Ana Karenina que "Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada". Y es cierto. Es muy difícil establecer un umbral a partir del cual podamos decir que somos o no desgraciados, que somos o no felices. Que lo somos en mayor o menor medida que los demás. Afortunadamente no es necesario vivir la experiencia del otro, basta con ponerse en su lugar. Meterse en su piel. Vivir con la muerte en los talones. Avanzar con el desprecio y la indiferencia en las narices. Tal vez con esa capacidad tan humana de la empatía comprendiésemos que hay circunstancias que sí nos hacen diferentes, y determinadas coyunturas que condicionan nuestra percepción, porque la vida no zancadillea por igual, a pesar de lo difícil que nos lo pone a todos.

Falsas apariencias, sí, como las de este plato: Fingido de espaguetis a la boloñesa, que ni son espaguetis ni es boloñesa, sino finas hebras de calabacín y una salsa que en lugar de carne lleva atún. Un calabacín que se creía espagueti; un atún que fingía no ser mar. Un conjunto que juega a los equívocos, complementándose a la perfección y combinando la textura crujiente del espagueti de calabacín (si le das el punto justo de cocción) con la untuosidad de nuestra falsa boloñesa, para ofrecernos una delicatessen sencilla, sorprendente y exquisita. Todo un regalo para el paladar que no dejará indiferente a nadie.

Que lo disfrutes.

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 2 calabacines largos y gordos.
  • 1 cebolla tierna.
  • 4 o 5 dientes de ajo.
  • ½ guindilla (opcional).
  • 400 g de lomo de atún o bonito.
  • 200 g de tomate frito.
  • Sal y pimienta.
  • Aceite de oliva virgen extra.

ELABORACIÓN

  1. Corta los extremos de los calabacines y pélalos. Con una mandolina de cocina pela el calabacín. Extrae finas láminas hasta llegar a la zona de la semilla, que reservarás para otra elaboración. Coloca 3 o 4 láminas, unas sobre las otras, y con un cuchillo ve dándoles finos cortes longitudinales para obtener los espaguetis de calabacín (si dispones de una mandolina dentada, la obtención de espaguetis es automática conforme cortas las láminas). Cuécelos al vapor durante dos minutos exactos como mucho, no más, y pásalos a un bol con agua y hielo para cortar la cocción. Escurre, salpimienta y reserva.
  2. Pela la cebolla y los ajos y córtalos muy fino. Sofríelos en aceite y añade la media guindilla. Cuando ya esté prácticamente hecho el sofrito, incorpora el atún cortado muy fino, casi para tartar, en daditos de tres milímetros aproximadamente, y ya salpimentados. Añade el tomate frito, rectifica de sal y pimienta y remueve bien durante un minuto más o menos. Retira del fuego y reserva.
  3. Emplatado: en plato hondo sirve los espaguetis de calabacín tibios y sobre los mismos la boloñesa de atún.

Umm, un plato sencillísimo, exquisito y sorprendente. A disfrutar.

NOTA

Puedes utilizar para la boloñesa clásica también carne picada del tipo que más te guste e incluso tus salchichas frescas favoritas (eso sí, previamente liberadas de su tripa). Por supuesto, el plato estará igualmente buenísimo, pero el atún le da un toque delicioso y más original. Si quieres, puedes proceder de igual forma que con el calabacín con zanahoria y mezclarlo con ésta. El resultado es perfecto y muy colorido.

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: El aguante, calle 13

Para la degustación:Sufre como yo, Albert Pla

VINO RECOMENDADO

Cune rosado 13. DO La Rioja

DÓNDE COMER

A poder ser, junto a personas que, a pesar de las apariencias, no se dejan engañar y saben colocarse en el lugar de los demás en la mesa y en la calle. Y si además son divertidas y de conversación ingeniosa, el éxito de la velada lo tienes garantizado.

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

Pero qué calorías ni calorías... ¡que los espaguetis son de calabacín y la boloñesa de pescado! Ale va, levanta, date una vuelta y que te pegue el aire, que es que no te enteras.

LA NATURALEZA SÍ QUE SABE