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27/01/2016 07:05 CET | Actualizado 27/01/2017 11:12 CET

Sopas del niño, o el bebé que irrumpió a 'tetajarro' en el señorío de sus señorías

sopas del niño Sí, va a ser una legislatura diferente, no hay duda. Una legislatura donde las rastas van a expresar su opinión sin miedo a que la policía les golpee la cabeza, y a compartir espacio con quienes siguen trazando a tiralíneas la raya del pelo y de las ideas. Y, sobre todo, una legislatura donde algunas mujeres valientes, por fin van a hacer oír su voz y la de aquellos a quienes representan.

Si quieres llamar más la atención que Miley Cyrus frotándose con un palo a cinco metros de altura, sácate una teta en un bar y da de mamar a tu bebé o llévatelo al Congreso de los diputados en tu primer día de trabajo. Desde luego son dos gestos que se han ido convirtiendo en algo tan inusual e inaudito (el primero por considerarlo vulgar y agresivo a los ojos de algunos, y el segundo por la imposibilidad de conciliar maternidad y trabajo) que los percibimos como sorprendentes, cuando no de mal gusto e innecesarios.

Por sus comentarios, eso es lo que ha debido parecerle a muchas de sus señorías el hecho de que una diputada haya decidido llevar a su hijo al curro. Un bebé en el señorío de sus señorías. Así, a tetajarro y sin avisar. Para que conozca a los compis de trabajo de la mami. Y, ya de paso, para poder alimentarle cuando sea preciso, dedicarle todas las caricias del mundo que se merece y cuidarle con la exquisita ternura de quien más le quiere.

La verdad es que no ha sido la primera vez que una diputada lleva a su hijo al Congreso, aunque bien es cierto que no pasó de los despachos y nunca entró al hemiciclo. Tampoco que una madre se lleva a su hijo al trabajo, sobre todo cuando se trata de un trabajo estiloso. En televisión conocemos verdaderas sagas de actores o presentadoras que comparten plató y camerino con sus hijos desde la prehistoria. Porque para el resto de los ciudadanos de trabajo normalito, la posibilidad de conciliarlo con la maternidad es hoy por hoy una utopía.

Ahí está la pertinencia de la decisión de Bescansa de llevar a su hijo a la sesión constitutiva del Congreso de los Diputados. Ha sido una manera de denunciar, desde el privilegiado cargo que ocupa, la necesidad de conciliar la vida familiar y la vida laboral, de reivindicar la normalización de la lactancia y de hacer ver que los permisos por maternidad han caído en España un 20% desde 2008.

Quienes se sitúan enfrente de ella sólo ven en su decisión una señal de oportunismo político, una pantomima sin más fin que el protagonismo. Incluso Jorge Fernández Díaz la acusa de una posible violación de la ley del menor. Pero quienes son capaces de leer el mensaje más allá de la teta que alimenta y del pañal saben que es toda una declaración de intenciones, y que gestos de esta naturaleza acercan la política al ciudadano, sin que por ello el político pierda credibilidad.

Sí, va a ser una legislatura diferente, no hay duda. Una legislatura donde las rastas van a expresar su opinión sin miedo a que la policía les golpee la cabeza, y a compartir espacio con quienes siguen trazando a tiralíneas la raya del pelo y de las ideas. Y, sobre todo, una legislatura donde algunas mujeres valientes, por fin van a hacer oír su voz y la de aquellos a quienes representan.

Para todas ellas, y por todos los gestos valientes con que son capaces de sorprendernos, este plato: sopas del niño. Las sopas para el niño y la niña; y ya puestos, para toda la familia. El postre que se come con cuchara y se sirve en plato hondo.

Una receta de las de toda la vida que nos trae la tradición a nuestros días. Unos tiempos en los que, con el ingenio que caracteriza a quienes siempre tuvieron poco, se era capaz de sacar adelante familias, iniciativas y hasta recetas. Como la que nos ocupa.

Una elaboración exquisita que, con un poco de pan, leche y almendra, convertirá el postre en toda una experiencia en la que el sabor será el auténtico protagonista. Que lo disfrutes.

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 100 g de pan del día anterior.
  • 750 ml de leche.
  • 100 g de azúcar.
  • 100 g de almendra molida.
  • 1 cucharadita de canela.
  • 1 rama de canela.
  • 4 bolas de helado de chocolate.

ELABORACIÓN

  1. Troceamos el pan y lo mezclamos en un cazo con la leche. Dejamos que se empape bien. Añadimos la canela y el azúcar, lo ponemos al fuego (medio) y vamos removiendo de tanto en tanto hasta que comience a hervir. Añadimos la almendra y continuamos removiendo. Pasados 5', retiramos del fuego y pasamos por la batidora para conseguir una textura homogénea. A mí me gusta con la apariencia de una crema, como unas natillas claras, pero si te va más líquida, añade leche; o un poquito más de almendra si, por el contrario, la quieres más espesa.
  2. Emplatado: servir tibia en plato hondo, con la bola de helado de chocolate encima.

La simplicidad llevada a su máxima expresión. Un plato tan económico como buenísimo.

NOTA

Esta receta tiene infinidad de variantes, incluso la que pasa por el horno y se convierte en un pastel exquisito. Si no tienes helado o no te gusta, pruébala también con galletas de canela troceadas o muesli picado y espolvoreado por encima, es todo un acierto. Y para los más puristas, sola. En cualquiera de sus formas, no decepciona a nadie

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración:El gallo Eduardo Montenegro, Albert Pla.

Para la degustación:Los cuatro muleros, Estrella Morente.

VINO RECOMENDADO

Málaga Virgen. D.O. Málaga.

DÓNDE COMER

En mesa amplia vestida para fiesta y bien flanqueada de niños y familia.

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

Irte al parque con tu niño, salir con él en bicicleta, jugar en su habitación...Pero bueno, ¿habrá algo que absorba más energía que tu hijo?

APRENDE A USAR TU DINERO