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21/01/2013 08:28 CET | Actualizado 22/03/2013 10:12 CET

Ganando la batalla de la imagen

Queda aún mucho por hacer para reajustar la visibilidad de España (educativa, empresarial, pero también institucional) al lugar que le corresponde. Una tarea en la que el concurso privado, el de la sociedad civil y el de la esfera de la cultura es asimismo crucial.

El acceso global e instantáneo a la información a través de internet ha motivado que la gestión de la imagen-país se haya convertido en un asunto prioritario de la comunicación política. En este aspecto, como en tantos otros, tenemos todavía mucho que aprender de Estados Unidos. Un ejemplo reciente lo encontramos en las candidaturas a los Premios Oscar por parte de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Entre las favoritas están Argo, La noche más oscura y Lincoln. La primera relata la estrategia que desplegó la CIA para rescatar a seis miembros de la embajada estadounidense de Teherán durante la crisis de los rehenes y acaba con la voz en off del presidente Jimmy Carter. Por su parte, Kathryn Bigelow ha dirigido La noche más oscura, una producción que toca el tema de la tortura en la lucha contra el terrorismo. La película tiene la virtud de plasmar con contundencia las fortalezas y los excesos --en un ejercicio de autocrítica admirable-- de la historia contemporánea estadounidense. Lincoln, por último, aborda los últimos meses de la presidencia de esta mítica figura filmada por la cámara magistral de Spielberg.

Estas películas ya han encandilado a millones de espectadores en todo el mundo, proporcionándoles una imagen de Estados Unidos asociada a la libertad y a la democracia. En este sentido, no se me ocurre una lección de "diplomacia cultural" más eficaz. El caso norteamericano, del que podríamos extraer muchos más ejemplos --empezando por el Born in the USA de Bruce Springsteen--, muestra que en la creación de imagen pueden participar con naturalidad proyectos de naturaleza privada, aunque obviamente su Administración Pública cuente con instituciones encargadas de canalizar la proyección global. Además del National Endowment for the Arts (agencia del Gobierno federal), el Departamento de Estado norteamericano dispone de una under secretary (algo así como una Secretaría de Estado) para la Diplomacia Pública y las Relaciones Públicas desde la que se articulan ofertas culturales, becas académicas, intercambios educativos y programas de visitantes internacionales.

La iniciativa Marca España lanzada por el Gobierno español se enmarca en un horizonte de acción similar, teniendo por objetivo mejorar la imagen del país tanto fuera como dentro de nuestras fronteras e impulsar la posición internacional española, ya no solo en materia cultural sino también económica, social, científica o tecnológica.

Lejos de tratarse de una ocurrencia repentina la idea retoma los objetivos que el Real Instituto Elcano --organismo que actualmente se ocupa de monitorizar el proyecto-- hiciera públicos en un informe de 2003. En él se planteaba la necesidad de construir un mensaje sólido y coherente de nuestro país a fin de incrementar su reputación --punto de urgente necesidad-- y modificar percepciones folclóricas y estereotipadas, transmitiendo una imagen renovada acorde a la realidad española, que hoy puede presumir de liderar a nivel mundial empresas de infraestructuras, telecomunicaciones o energías renovables. Ya en tal informe se recomendaba la implantación de un programa de relaciones públicas que ejecutase iniciativas de intercambio de jóvenes líderes e invitase a preceptores de opinión extranjeros, citando expresamente a la Fundación Carolina. Transcurridos diez años la Fundación superaría con creces un examen de lo que los anglosajones llaman accountability, sumando a sus pruebas --número de visitantes, construcción de una red iberoamericana de líderes, etc.-- el enorme impacto que tiene su programa de becas internacionales. Y, lo que resulta de gran relevancia, demostrando que la opinión pública reconoce que sus actividades contribuyen significativamente a mejorar la proyección de España. Así se desprende de una reciente encuesta publicada por el Elcano en el que la Fundación Carolina aparece como única organización de su género y junto con otras instituciones culturales tan prestigiosas e históricas como el Museo del Prado, el Reina Sofía o el Instituto Cervantes.

La repercusión alcanzada no justifica que podamos dormirnos en los laureles, entre todos queda aún mucho por hacer para reajustar la visibilidad de España (educativa, empresarial, pero también institucional) al lugar que le corresponde. Una tarea en la que --como hemos visto que sucede en Estados Unidos-- el concurso privado, el de la sociedad civil y el de la esfera de la cultura es asimismo crucial. ¡Volquémonos juntos en ello!

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