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11/08/2013 10:41 CEST | Actualizado 11/10/2013 11:12 CEST

Gibraltar: aguas, petroleros e intereses

La solución a largo plazo pasa por la distensión y el relajamiento de posturas entre ambas partes. El verdadero reto es evitar que continúe la destrucción de aquella bahía.

Debió de ser a comienzos de 2003. Habían pasado sólo unas semanas desde que el Prestige manchase con su negra carga las costas de Galicia. Amanecía en la entrada de la bahía de Algeciras mientras nos dirigíamos en el buque de Greenpeace Esperanza hacia el Vemamagna, un enorme petrolero dedicado a la actividad del bunkering, algo así como una gasolinera flotante, que se encontraba fondeado en aguas reclamadas por Gibraltar. Uno de los posibles destinos del misterioso y maldito Prestige era precisamente el bunkering, y aquel fuel que acabó en las costas gallegas podía tener como destino el repostaje en el Estrecho.

El bunkering es el gran negocio en aguas de la bahía de Algeciras: miles de buques que pasan cada año por el Estrecho repostan combustible allí. Para el bunkering no hay fronteras, ni conflictos internacionales, ni colores políticos: hasta el ministro español de Medio Ambiente, Arias Cañete, presidió la empresa Ducar que se dedica a esta actividad en aguas de Ceuta. El diario infoLibre publicaba recientemente que "según la declaración de patrimonio del titular de Agricultura y Medio Ambiente que consta en la web del Congreso desde noviembre de 2011, cuando obtuvo su acta como diputado por Madrid, mantiene un importante paquete de acciones de dicha sociedad. Exactamente, 85.349 participaciones, valoradas en 165.120 euros". La discusión sobre las aguas territoriales de Gibraltar toma otra dimensión cuando de ello depende un negocio que mueve millones de euros al año.

El Tratado de Utrecht, por el cual en 1713 España cede al Reino Unido la soberanía de Gibraltar no contempla la cesión de aguas territoriales. De hecho en las cartas marinas no se indica la existencia de tales aguas. Pero Gibraltar las reivindica cada cierto tiempo con gran vehemencia. De hecho a nosotros nos costó un largo juicio, tras abordar el petrolero Vemamagna, no por el abordaje en sí mismo, sino por nuestra entrada en esas presuntas "aguas territoriales" con lanchas fueraborda. El gesto de arrojar los arrecifes artificiales parece un acto -uno más- de reivindicación de esas aguas territoriales.

El conflicto de Gibraltar se agita cada cierto tiempo cuando conviene políticamente a alguna de las partes, pero cada vez esconde más intereses económicos y menos políticos. En realidad, España y el Reino Unido son en la actualidad sólidos aliados políticos, como demuestra el hecho de que parte de la flota británica vaya a recalar en la base de... ¡Rota! Un asunto de verdad preocupante, por cierto, es la circulación de buques de propulsión o con armamento nuclear por esas aguas, con el grave riesgo que ello conlleva para los habitantes y el medio ambiente de uno y otro lado de la cerca. Por cierto que a la opinión pública inglesa no le preocupa mayoritariamente el asunto de Gibraltar, que cada vez ven más como una cuestión marginal y de importancia menor.

Desde mi punto de vista la solución a largo plazo pasa por la distensión y el relajamiento de posturas entre ambas partes. Tirar de la cuerda sólo sirve para agitar unas aguas sometidas al riesgo verdadero de que cualquier día amanezcan negras del petróleo que acumulan esas enormes naves petroleras que surten de combustible a los buques que pasan. El verdadero reto es evitar que continúe la destrucción de aquella bahía.

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