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31/01/2014 07:48 CET | Actualizado 01/04/2014 11:12 CEST

Castración a la ley Gallardón

España, 2014, las mujeres que habitan en este país se encuentran amenazadas por el monstruo de la anti-democracia. El Gobierno de este Estado monárquico y derechista busca despojar de un derecho a las mujeres, a todas, aunque unas tendrán más posibilidades que otras de escapar de esta gran ofensiva.

España, 2014, las mujeres que habitan en este país se encuentran amenazadas por el monstruo de la anti-democracia. El Gobierno de este Estado monárquico y derechista busca despojar de un derecho a las mujeres, a todas, aunque unas tendrán más posibilidades que otras de escapar de esta gran ofensiva. Las que tengan posibles y dinero en su cuenta corriente podrán huir con su bombo no deseado a Londres o Portugal, las que estén sin un duro tendrán que enfrentarse a la clandestinidad y recurrir a métodos peligrosos para deshacerse del embarazo que no quieren por más de una razón.

El Gobierno del PP quiere negar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo a toda mujer residente en el territorio español para reemplazarlo por una maternidad obligatoria, para hacer un lavado de cerebro a la población femenina desde las aulas hasta los hospitales con el objeto de dar rienda suelta a una sociedad más moralmente cristiana y menos abiertamente libre. Quieren condenarnos una vez más al silencio, a cargar con una vida que no podemos mantener, a vivir un calvario dentro de la precariedad, donde además de tener que hacer frente a nuestras necesidades individuales, tengamos que sumar las de un hijo o una hija sin ningún tipo de ayuda.

Al mismo tiempo que discriminan a las mujeres del ámbito laboral, nos obligan a tener descendencia que no deseamos. ¿A qué nos conduce esto? Opino que a producir para los poderosos, producir mano de obra que funcione al servicio del sistema económico y las nuevas políticas de austeridad que extorsionan en especial a las mujeres y las conduce en muchos casos a situaciones de pobreza extrema.

Mientras los grupos anti-elección (o pro-vida, como de mala manera han decidido autonombrarse) dicen defender una vida ficticia que desata toda una serie de relatos fantásticos sobre el aborto, abogando por una familia tradicional, mientras el feminismo combate a capa y espada contra la conquista que plantean tanto estas tropas moralistas como el Gobierno mismo. La familia podría considerarse de hecho una de las unidades de socialización más opresoras jamás contempladas, que es vista por la religión como una asociación tradicional e inamovible donde la mujer ha de cumplir los requisitos de dadora de vida y cuidadora. Una esclavitud que ni si quiera está asalariada, y que por tanto condena a las mujeres a una vida de empobrecimiento y dependencia constante dentro de una unión social liderada por hombres. Luchar por el aborto es luchar por la emancipación de la mujer, todo lo contrario a lo que plantea el sistema patriarcal y el sistema del capitalismo embrutecido.

El Gobierno del PP no sólo nos está llevando al empobrecimiento, sino que además de restarnos este empoderamiento económico (básico para la liberación de las mujeres y primer poder), nos fuerza al desempoderamiento de nuestros cuerpos, último reducto de resistencia ante el sistema patriarcal. El miedo que suscita a los opresores escuchar a una mujer gritar "Mi cuerpo es mío" o "Mi cuerpo, mis reglas" es tal que necesitan reglamentar cada célula de nuestro cuerpo. Hoy por hoy, el cuerpo de las mujeres está bajo un control moralista, por un lado, de los grupos religiosos y ultras; y por otro lado, del control económico. Los úteros han pasado a ser territorio político donde el poder desea intervenir y reglamentar su funcionamiento. Los hombres y el Estado son los principales agentes de amenaza sobre la salud reproductiva de las mujeres, y no hay más que echar un vistazo a quiénes son los que han propuesto esta reforma de ley y quiénes la apoyan.

En primer lugar, Gallardón, abanderado del ultra-catolicismo, amigo y compadre cristiano de Rouco Varela. Él ha sido el gran empujón de esta reforma, empeñado en defender lo que él llama "no nacido", un agente fantasma de la Constitución Española que a lo largo de todos estos años de débil democracia, aún no sabemos por qué sigue estando ahí. Tiene la teoría de que para las mujeres, abortar es un gran drama del que no se recuperan nunca. Un argumento totalmente patriarcal y paternalista que atenta contra todo esfuerzo de liberación femenina. Un hombre machista adoctrinado en una religión violenta que no acaba de comprender que lo que una mujer necesita cuando está embarazada es elegir, no ser forzada a tomar una decisión. La ley actual permite decidir, cosa que la Ley Gallardón no. Así, esta propuesta de ley no es más que otra medida política de control sobre nuestro cuerpo para evitar la emancipación y liberación total de las mujeres sobre sus cuerpos. Penaliza nuestra libertad de elección. Castigar a las mujeres que decidan marcar el ritmo de sus vidas y encarcelar a los/las que se atrevan a ayudar en prácticas abortivas.

En segundo lugar, Rouco Varela, cabeza de la Iglesia católica en España, es uno de los primeros en atacar la libertad de las mujeres, rompiendo una lanza por todos aquellos cigotos inocentes que son asesinados por sus supuestas madres. Ve el aborto como un crimen, versión para nada alejada de la de Gallardón. El aborto no es un derecho, es una abominación que el mundo moderno y la democracia han traído a las mujeres.

En tercer lugar, apoyos variados, en especial por parte del PP. Miembros tan integristas como Fernández Díaz, ministro del Interior, el mismo que nos quiere prohibir salir a ejercer la libertad de expresión mediante la nueva ley de Seguridad Ciudadana. Esta defensa emana de la boca de un extremista católico, con una militancia abierta dentro de la Orden Constantiniana de San Jorge, que contribuyó a la fundación de la asociación de la Familia y la Dignidad Humana.

En conclusión, una lista de individuos que deben haber sufrido en sus carnes numerosos partos para saber lo que significa y conlleva estar embarazada, dar a luz y estar social, física y psicológicamente preparada para ser madre.

La nueva ley anti-abortos del PP no debe hacernos pensar por tanto que es obra y firma tan sólo de Gallardón, sino de todo el Gobierno y del presidente Rajoy, y no caer en el juego del despiste. Esto es, que algunos de los integrantes del partido se opongan en algunos aspectos de la modificación de la ley. El hecho de que no exista un consenso no quiere decir que la ley no vaya a cambiar o que defiendan un aborto totalmente seguro, libre y gratuito con un sistema de plazos.

La larga carrera de obstáculos que plantea la reforma del aborto no sólo habla de penalizar el aborto, sino que nos retrotrae a una legislación más dura que la post-franquista. Volvemos a una ley de supuestos, donde además se elimina el supuesto de malformación fetal, los plazos se acortan, y medidas tan absurdas como el período de reflexión se ven alargadas en el tiempo. Además, los trámites sanitarios son más numerosos y consumen más tiempo. Un conjunto de circunstancias que hacen que la mujer pierda más tiempo y así las posibilidades de abortar dentro de la escueta legalidad sean menores.

El Gobierno pretende recortar además de un derecho fundamental de las mujeres dentro de su independencia, un derecho sanitario. Es llamativo que el que plantea la ley sea el ministro de Justicia en orden al famoso "non naturum", y no la ministra de Sanidad como sería lógico. Sin embargo, este cambio dentro de la legislación obedece también a otro punto, el recorte en sanidad. En la actual ley de plazos el aborto es una prestación sanitaria pública, con la ley que propone el PP se restringiría y el gasto sería muchísimo menor. Gracias a esto, las que no se enmarquen dentro de ninguno de los supuestos que plantea la ley del PP, o tienen dinero para irse a abortar a un país donde sea legal, o tendrán que cargar con el bombo. La libertad vuelve a ser concendida a los poderosos, o las hijas de éstos. Serán y demostrarán ser histéricas incapaces de criar las que pasen el filtro del supuesto de riesgo psicológico grave.

España vuelve a ser pasto de la Inquisición, esta vez en su versión más moderna. El Estado vuelve a hacer negocios sucios con la Iglesia y las grandes afectadas, de nuevo son las mujeres. Una alianza criminal y una amenaza para uno de los derechos que más trabajo y esfuerzo ha costado al feminismo y a las mujeres dentro de los tiempos, el derecho a decidir sobre el cuerpo y la maternidad. Al PP le hace falta un Zhenotdel.

No debemos olvidar que ha habido tanto profesionales imputados como mujeres imputadas por temas relacionados con el aborto en nuestro país no hace tanto tiempo. ¿Volveremos a esos tiempos? Desde Europa se ha mostrado un rechazo tajante ante este cambio legislativo, pero en los países europeos más conservadores ¿será la decisión española la que marque el camino para retroceder en las legislaciones de salud reproductiva? ¿Destapará el PP la caja de pandora del anti-abortismo en Europa?

Cualquier apoyo es necesario, cualquier acto de protesta imprescindible, todo grito de guerra contra esta reforma de ley es vital para conseguir frenarla. No debemos cesar en la lucha contra el Gobierno español y su deseo de hacernos máquinas de reproducción humanas. No somos fábricas de fetos, somos mujeres libres. Nunca más volveremos a callar, no retrocederemos al tiempo en el que las mujeres cerrábamos la boca y manteníamos la vagina abierta. ¡El aborto es sagrado!

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