Los científicos coinciden y desmontan el mito: los insectos no son máquinas, sienten dolor y toman decisiones complejas
Quizá Kafka no iba tan desencaminado. Tal vez la distancia entre nosotros y esos pequeños seres que solemos aplastar sin pensar nunca fue tan grande como creíamos.

Gregorio Samsa —el protagonista de La metamorfosis, de Franz Kafka— nos mostró cómo un ser humano puede llegar a sentirse— e incluso convertirse— en un verdadero insecto para la sociedad. Alguien despojado de su identidad por culpa del trabajo, apartado de los demás y condenado a una progresiva deshumanización cuando deja de ser útil para el sistema.
A través de esa metáfora, Kafka consiguió acercar el mundo de los insectos al de las personas mucho más de lo que parecía posible. Y, aunque durante décadas, se veía a los insectos como pequeñas criaturas gobernadas únicamente por reflejos e impulsos mecánicos, (sin emociones, sin conciencia y, sobre todo, sin capacidad de sentir dolor como lo hacemos los humanos) esa idea ha comenzado a derrumbarse.
Según un estudio compartido en Proceedings of the Royal Society, insectos como los grillos pueden llegar a experimentar dolor. De hecho, se acarician y acicalan las antenas, de forma similar a un perro con su pata dolorida, cuando les duelen. Para comprobar esto, los investigadores hicieron un experimento: seleccionaron un grupo de grillos, a unos se les aplicó un soldador caliente en una antena, mientras que a otros no.
Aquellos que recibieron la sonda caliente centraron su atención en la antena afectada, acariciándola con mayor frecuencia y durante más tiempo. "No estaban simplemente agitados y nerviosos, sino que dirigían su atención a la antena que había sido alcanzada por la sonda caliente", señala uno de los autores de la investigación.
Esto ha llevado a que los investigadores se replanteen por qué no debería considerarse que los insectos también sufren, al igual que ocurre con los seres humanos o con otros animales como los perros o los gatos. "Si ves a un perro cojeando, lamiéndose la pata o sujetándose una pata en particular, por supuesto, inmediatamente diríamos: 'Bueno, eso le duele, debe estar dolorido'".
"No se trata de simples máquinas", opina en The Guardian el profesor asociado Thomas White, entomólogo de la Universidad de Sídney. "Tienen una gran capacidad de aprendizaje, de tomar decisiones complejas y de sopesar las ventajas y desventajas", agrega finalmente.
Como diría Bebe, "no subestimes a esta bicha, aunque tenga poca chicha"
Aunque su sistema nervioso es muy distinto al humano, estudios publicados por investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres y la Universidad de Sídney, sostienen que algunos insectos podrían experimentar algo más que una simple reacción automática ante el daño.
Además, esto no solo ocurre con los grillos. Las abejas, por ejemplo, han demostrado la capacidad para tomar decisiones basadas en recompensas y estados emocionales. De hecho, algunos experimentos sugieren incluso que pueden mostrar comportamientos similares al optimismo o al pesimismo dependiendo de las circunstancias.
Por otra parte, las moscas de la fruta también han sorprendido a los científicos al desarrollar respuestas duraderas tras sufrir daños físicos, algo que recuerda a mecanismos básicos del dolor crónico, según un análisis publicado en National Library of Medicine.
