Ni ventiladores ni aire acondicionado: el electrodoméstico que más dinero puede hacerte perder este verano si lo colocas mal
El sencillo gesto que puede reducir el consumo eléctrico sin hacer obras.

Con la llegada del calor, muchas familias ven cómo la factura de la electricidad aumenta sin haber cambiado apenas sus hábitos. El aire acondicionado suele llevarse toda la atención, pero hay otro electrodoméstico que trabaja las 24 horas del día y cuyo consumo puede dispararse por un error muy habitual: el frigorífico.
Su ubicación dentro de la cocina influye mucho más de lo que parece. Colocarlo junto al horno, cerca de una ventana donde reciba el sol o pegado a un radiador, obliga al motor a trabajar con mayor intensidad para mantener la temperatura interior. El resultado es un mayor consumo eléctrico y un desgaste más rápido del aparato.
El calor obliga al frigorífico a consumir más electricidad
El funcionamiento de un frigorífico es sencillo: extrae el calor del interior para mantener fríos los alimentos. Cuanto mayor sea la temperatura del ambiente que lo rodea, más esfuerzo necesita realizar para cumplir esa función.
Por eso, los fabricantes recomiendan instalarlo en un lugar bien ventilado, lejos de fuentes de calor y dejando varios centímetros de separación respecto a la pared para facilitar la circulación del aire alrededor del condensador.
Aunque pueda parecer un detalle menor, ese pequeño margen permite que el calor generado por el motor se disipe correctamente. Si no ocurre, el compresor permanece más tiempo funcionando y aumenta el consumo energético.
Los errores más frecuentes que elevan la factura
Durante el verano es habitual cometer varios fallos que, sumados, terminan reflejándose en el recibo eléctrico:
- Colocar el frigorífico junto al horno o la vitrocerámica.
- Instalarlo donde reciba luz solar directa durante varias horas.
- Pegarlo completamente a la pared, impidiendo la ventilación trasera.
- Introducir alimentos todavía calientes.
- Abrir la puerta continuamente o mantenerla abierta más tiempo del necesario.
Cada una de estas acciones obliga al aparato a recuperar la temperatura perdida, aumentando el tiempo de funcionamiento del compresor.
La temperatura ideal no es la más baja
Otro error frecuente consiste en pensar que bajar al máximo el termostato conserva mejor los alimentos.
Sin embargo, organismos especializados en seguridad alimentaria recomiendan mantener el frigorífico alrededor de 4 ºC y el congelador en -18 ºC. Reducir aún más la temperatura apenas mejora la conservación, pero sí incrementa el consumo eléctrico.
También conviene revisar periódicamente las gomas de la puerta. Si no sellan correctamente, el aire frío se escapa y el motor debe trabajar más para compensarlo.
Pequeños cambios que ayudan a ahorrar durante todo el verano
Además de elegir bien la ubicación del frigorífico, existen hábitos sencillos que pueden reducir el consumo sin afectar al uso diario:
- Esperar a que los alimentos se enfríen antes de guardarlos.
- Mantener el frigorífico razonablemente lleno, ya que los productos ayudan a conservar el frío.
- Limpiar el condensador cuando el fabricante lo recomiende.
- Evitar abrir la puerta repetidamente para decidir qué sacar.
Son gestos que apenas requieren esfuerzo y que contribuyen a mejorar la eficiencia energética del aparato.
En una época en la que el aire acondicionado, los ventiladores y otros equipos elevan el consumo del hogar, prestar atención a un electrodoméstico que funciona de forma ininterrumpida puede marcar una diferencia en la factura mensual.
Los expertos en eficiencia energética coinciden en que la ubicación correcta y un uso adecuado del frigorífico son dos de las medidas más sencillas para ahorrar electricidad en verano, junto con el uso de iluminación LED y el mantenimiento de hábitos de consumo responsables.
