Anna, 101 años, se levanta al amanecer y atiende en el bar desde las 06:30 de la mañana: "Para desayunar té y pastel de manzana, y 10 gramos de espagueti con mantequilla y fruta o queso para el almuerzo"
"Me gusta tener siempre algo que hacer y nunca estar quieta"
Se suele decir que trabajar en la hostelería pasa factura. Las largas jornadas, el estrés, el esfuerzo físico y la dificultad para conciliar hacen que muchos profesionales consideren el sector especialmente exigente. Sin embargo, la historia de Anna Possi parece romper todos esos tópicos.
Con 101 años recién cumplidos, esta italiana continúa atendiendo cada día el bar Centrale, en la localidad piamontesa de Nebbiuno, a orillas del lago Mayor. Lo hace con la misma rutina que mantiene desde hace 67 años: se levanta al amanecer, corta la leña para calentar el local y, a las 6:30 de la mañana, ya está detrás de la barra preparando cafés para sus primeros clientes. Su larga jornada termina alrededor de las seis de la tarde. Después, todavía encuentra tiempo para tejer, consultar las noticias locales y seguir la actualidad económica desde el ordenador.
Un desayuno sencillo y una dieta basada en pequeñas cantidades
Cuando le preguntan por el secreto de su extraordinaria longevidad, Anna evita hablar de fórmulas mágicas. Reconoce que su alimentación es muy sencilla y que siempre ha sido partidaria de la moderación. Cada mañana desayuna una taza de té acompañada de una porción de pastel de manzana elaborado por ella mismo con manzanas de la zona.
Al mediodía toma apenas diez gramos de espaguetis con mantequilla o preparados con ajo, aceite y guindilla, acompañados de una pieza de fruta o un poco de queso. Por la noche suele optar por un puré de alubias y garbanzos para incorporar proteínas vegetales, además de fruta cocida. "Siempre muy poco de todo", resume. Además, hace tiempo también disfrutaba de una copa de vino, aunque dejó de hacerlo tras ser diagnosticada de una hernia de hiato.
Un bar que nunca cierra
Anna comenzó a trabajar con solo 18 años ayudando a unos familiares en el sector hotelero. Tras pasar por una trattoria en Génova, llegó a Nebbiuno, donde abrió el bar que sigue regentando hoy. Desde entonces apenas ha cerrado el establecimiento. De hecho, asegura que solo estaría dispuesta a hacerlo por un motivo muy especial. Se trata de cumplir uno de sus sueños pendientes y visitar por primera vez Turín junto a su hija Cristina. "Será la única vez que cierre el bar", afirma.
Su historia ha traspasado las fronteras de Italia. En los últimos años, viajeros procedentes de Alemania, Suiza, Reino Unido, Perú o incluso China han acudido expresamente a conocer a la camarera centenaria y tomar un café servido por ella. Anna conserva con cariño cuadernos repletos de dedicatorias, fotografías y mensajes de quienes pasan por el establecimiento atraídos por su historia. En reconocimiento a toda una vida dedicada al trabajo, el presidente italiano, Sergio Mattarella, le concedió el título de Comendadora de la República por su trayectoria.
"Para evitar el estrés hay que trabajar en algo que te apasione"
Más allá de la alimentación o la genética, Anna cree que el verdadero secreto para llegar a los 101 años está en disfrutar del trabajo. "Me gusta tener siempre algo que hacer y nunca estar quieta", explica.
Y es que no existe una receta única para alcanzar una edad tan avanzada. La genética, la actividad física, el entorno social, el acceso a la atención sanitaria y los hábitos de vida influyen conjuntamente en el envejecimiento. Más que una fórmula universal, Anna representa el caso excepcional de una mujer que, más de seis décadas después de abrir su bar, sigue encontrando cada mañana una razón para levantar la persiana.