Ramiro Calle, experto en yoga y estoico moderno: "Los ascetas de antes dormían dos horas y se enterraban vivos para fortalecerse, y nosotros nos venimos abajo por una mala noche"
Asegura que nos hemos vuelto “fofos psicológicamente”.

En un tiempo en el que la prisa, el estrés, la ansiedad y la búsqueda constante de comodidad parecen marcar el ritmo de la vida, quizá conviene echar la vista atrás y recordar que no siempre hicieron falta grandes lujos para sentirse en paz. Hubo épocas en las que vivir bien tenía más que ver con la fortaleza interior que con el confort externo, una idea que hoy vuelve a cobrar sentido en medio de tanta exigencia cotidiana.
En esa línea se sitúa Ramiro Calle, pionero del yoga en España y observador crítico de los hábitos modernos. Para él, hemos ido perdiendo una cualidad esencial: la resistencia interior. Frente a una sociedad que tiende a evitar cualquier incomodidad, Calle recuerda que durante siglos hubo personas capaces de vivir con muy poco, dormir apenas unas horas o someterse a duras pruebas con el objetivo de fortalecerse por dentro.
En una conversación difundida en YouTube por el canal ‘Pepe García El Estoico’, el maestro reflexiona sobre la resistencia de los antiguos ascetas y contrapone esa dureza con la sensibilidad actual ante cualquier contratiempo. “Los ascetas de antes dormían dos horas y se enterraban vivos para fortalecerse, y nosotros nos venimos abajo por una mala noche”, explica entre risas mientras añade que nos hemos vuelto “fofos psicológicamente”.
“Somos muy débiles”
Su reflexión no busca mirar al pasado con nostalgia, sino cuestionar hasta qué punto nos hemos vuelto más frágiles ante dificultades que, en otro tiempo, se asumían con mayor entereza. El veterano maestro recuerda que, para los ascetas, la adversidad no era algo que hubiera que esquivar, sino una oportunidad de entrenamiento interior. Desde esa mirada, insiste en que el verdadero reto no consiste en evitar los contratiempos, sino en aprender a responder sin perder el equilibrio.
“Somos muy débiles”, viene a señalar en la charla, al lamentar que muchas personas se derrumben tras una mala noche o una pequeña contrariedad. Su mensaje no busca glorificar el sufrimiento, sino subrayar que la fortaleza humana es mucho mayor de lo que solemos creer y que puede cultivarse si se trabaja con constancia. En ese sentido, invita a dejar de huir de lo incómodo y verlo como una oportunidad para fortalecer la mente y ganar equilibrio.
El discurso de Calle conecta con una línea de pensamiento cercana al estoicismo: la de entrenar la mente para no depender de las circunstancias externas. Con un tono directo pero cercano, el maestro insiste en que esa fortaleza no es una excepción de unos pocos, sino una cualidad inherente al ser humano. “Está ahí, pero hay que desarrollarla”, defiende. Y añade que, si aprendemos a cultivarla, incluso las pequeñas dificultades diarias pueden convertirse en oportunidades para crecer y vivir con más serenidad y plenitud.
