"Dale un beso al tío": los expertos explican por qué forzar gestos afectuosos puede confundir a los niños sobre las emociones
Explican que muchos padres y cuidadores repiten estos comportamientos porque durante su propia infancia tampoco recibieron una educación emocional adecuada.
Pedir a un niño que dé un beso o un abrazo cuando no quiere hacerlo puede parecer un gesto sin importancia, pero los expertos en educación emocional advierten al diario 'Il Fatto Quotidiano' que este tipo de situaciones pueden enviar mensajes contradictorios sobre cómo gestionar los sentimientos y los límites personales.
Así lo explican el psicoterapeuta del desarrollo Alberto Pellai y la psicóloga educativa Bárbara Tamborini, autores del libro infantil ¿De qué está hecho un abrazo?, una obra que utiliza el lenguaje de los cuentos para ayudar a los más pequeños a comprender sus emociones y expresarlas de forma saludable.
Según Pellai, las emociones son respuestas naturales que permiten a las personas interpretar lo que ocurre a su alrededor. “Las emociones son mecanismos innatos que nos permiten experimentar la relación con lo que está fuera de nosotros, teniendo una confirmación interna”, señala el especialista al diario italiano.
Los autores consideran que una de las tareas más importantes de los adultos es ayudar a los niños a identificar y comprender lo que sienten. Sin embargo, advierten de que, en ocasiones, los propios adultos transmiten mensajes que invalidan esas emociones o incluso las sustituyen por las expectativas de otras personas.
Entre los ejemplos que citan figuran expresiones como “No llores como una niña”, “No tengas miedo” o el habitual “Dale un beso al tío”. Para Pellai, este tipo de frases pueden enseñar a los niños que determinadas emociones son incorrectas o que deben mostrar afecto aunque no lo sientan.
Los expertos explican que muchos padres y cuidadores repiten estos comportamientos porque durante su propia infancia tampoco recibieron una educación emocional adecuada. Por ello, consideran fundamental que los adultos reflexionen sobre su propia experiencia para poder acompañar mejor a los niños en el desarrollo de sus emociones.
A través de la historia de dos niños protagonistas, la obra invita a los lectores a descubrir que cada abrazo es diferente y que los gestos de cariño tienen valor cuando nacen de una emoción auténtica. El objetivo, explican sus autores, es enseñar a los más pequeños que reconocer lo que sienten y expresarlo con libertad forma parte de un desarrollo emocional saludable.
La importancia de validar las emociones
Los especialistas coinciden en que uno de los errores más frecuentes de los adultos es restar importancia a los sentimientos de los niños o intentar corregirlos de forma inmediata. En lugar de ello, recomiendan escuchar, reconocer la emoción y ayudar a encontrar maneras adecuadas de expresarla.
Para los autores, educar emocionalmente no significa evitar emociones como la tristeza o el miedo, sino enseñar a comprenderlas y gestionarlas. De esta forma, los niños aprenden a relacionarse mejor con los demás y a desarrollar una mayor confianza en sí mismos y en sus propias emociones.