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Todo el mundo quita las semillas del calabacín antes de cocinarlo: en Italia, es lo primero que se guarda

Todo el mundo quita las semillas del calabacín antes de cocinarlo: en Italia, es lo primero que se guarda

Contienen ácidos grasos omega-3 y fitonutrientes.

En la cocina española, el calabacín es una de las verduras más veneradas.
En la cocina española, el calabacín es una de las verduras más veneradas.Getty Images

Mientras que en muchos hogares las semillas del calabacín terminan directamente en la basura, en Italia ocurre justo lo contrario. Allí, este pequeño ingrediente se aprovecha en numerosas recetas y es considerado una forma sencilla de sacar más partido a una de las verduras más populares de la cocina mediterránea.

En muchos lugares se tiende a retirar las semillas, especialmente cuando el calabacín es grande, porque se consideran demasiado blandas o acuosas. Sin embargo, la tradición culinaria italiana apuesta por aprovechar prácticamente todas las partes de esta hortaliza, incluidas la piel, la pulpa y las semillas.

Puede utilizarse en cremas, salteados, tortillas, pastas o salsas

Uno de los usos más curiosos de estas semillas es su incorporación al pesto. En lugar de utilizar exclusivamente piñones, un ingrediente cuyo precio suele ser elevado, algunos cocineros italianos emplean semillas de calabacín como alternativa. El resultado es una salsa con matices suaves y un ligero sabor a frutos secos que combina bien con ingredientes como la albahaca, el parmesano y el aceite de oliva.

Además de su uso culinario, las semillas contienen compuestos de interés nutricional. Según la información difundida por especialistas en alimentación, aportan ácidos grasos omega-3 y fitonutrientes, sustancias presentes en distintos vegetales que forman parte de una dieta equilibrada.

La filosofía detrás de esta práctica va más allá de una simple receta. La cocina italiana tradicional se caracteriza por aprovechar al máximo los alimentos y reducir el desperdicio. En platos como los calabacines rellenos, la pulpa retirada se utiliza para preparar el relleno y las semillas pueden incorporarse a salsas o acompañamientos, evitando que se desaprovechen partes comestibles del producto.

Los expertos destacan que los mejores ejemplares para este tipo de preparaciones son los calabacines jóvenes y de pequeño tamaño. En estos casos, las semillas todavía son tiernas y se integran fácilmente en distintas elaboraciones sin alterar la textura final.

Un ingrediente que suele pasar desapercibido

El calabacín actual se desarrolló en Italia a comienzos del siglo XIX y desde entonces se ha convertido en un ingrediente fundamental de la gastronomía mediterránea. Su aprovechamiento integral forma parte de una tradición culinaria que apuesta por utilizar cada parte del alimento siempre que sea posible.

Aunque las semillas suelen ser ignoradas, los cocineros italianos llevan generaciones incorporándolas a distintas recetas. Una costumbre sencilla que demuestra que algunos de los ingredientes más útiles pueden estar precisamente en la parte que muchos descartan sin pensarlo dos veces.

Beneficios de incluir calabacín en la alimentación

El calabacín es una de las verduras más versátiles de la cocina y destaca por su alto contenido en agua, lo que lo convierte en un alimento ligero y fácil de incorporar a numerosas recetas.

Además de poder consumirse cocinado o incluso crudo en algunas preparaciones, aporta fibra, que contribuye al buen funcionamiento del sistema digestivo. También contiene vitaminas y minerales presentes de forma natural en las hortalizas.

Otra de sus ventajas es que permite aprovechar prácticamente todas sus partes. La piel, la pulpa y las semillas son comestibles, especialmente cuando se trata de ejemplares jóvenes. Esto favorece una cocina con menos desperdicio alimentario y un mejor aprovechamiento de los ingredientes.

Por su sabor suave, el calabacín combina fácilmente con otros alimentos y puede utilizarse en cremas, salteados, rellenos, tortillas, pastas o salsas. Las semillas, que a menudo se desechan, contienen ácidos grasos omega-3 y fitonutrientes, por lo que pueden aportar valor nutricional adicional cuando se incorporan a recetas como pestos, sopas o cremas de verduras.

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