Un diseñador asturiano explica por qué dejó las pasarelas de París para vestir a Beyoncé y Harry Styles desde un taller en un bajo: "El sistema pone a los independientes entre la espada y la pared"
"No era sostenible mental ni económicamente. Estaba haciendo por hacer".
Desde un discreto bajo en París, lejos del brillo constante de las pasarelas, el diseñador asturiano Arturo Obegero ha decidido cambiar las reglas de su propia carrera. Lo ha hecho después de desfilar en la capital de la moda y de entrar en el circuito más exigente del sector, pero también tras comprobar de primera mano sus límites.
"El sistema pone a los diseñadores independientes entre la espada y la pared" resume en una entrevista con el diario 'El País'. Según explica, el ritmo de colecciones y temporadas puede volverse insostenible: "Si una temporada no te va bien, puedes irte al traste". En su caso, reconoce que llegó un momento en el que ya no tenía sentido seguir por ese camino. "No era sostenible mental ni económicamente. Estaba haciendo por hacer".
Su decisión no ha significado dar un paso atrás, sino cambiar de enfoque. Hoy trabaja desde casa, rodeado de un pequeño equipo de confianza, centrado en encargos muy concretos y alejándose del calendario frenético de la industria.
Ese giro no le ha impedido seguir creciendo. Al contrario. Sus diseños han terminado en escenarios internacionales y sobre algunos de los artistas más influyentes del momento. Uno de los momentos que marcó su carrera fue ver a Harry Styles luciendo una de sus prendas en un videoclip. "Eso cambió mi vida", admite.
Con Beyoncé la historia fue aún más inesperada. Tras insistir sin éxito para contactar con su equipo, acabó colaborando gracias a un asistente de la artista. El proceso fue tan improvisado como surrealista, con decisiones tomadas a través del móvil. "Cuando la vi aparecer con una pamela de encaje que habíamos hecho, llamé corriendo a mi madre. Fue un sueño", recuerda.
Detrás de sus diseños hay siempre algo personal. Desde una camisa inspirada en su abuelo hasta formas que evocan el mar de su Tapia de Casariego natal. Sus colecciones mezclan referencias íntimas con elementos teatrales, bordados elaborados y un aire barroco que se ha convertido en su sello.
Lejos de grandes talleres o estructuras industriales, su espacio de trabajo refleja esa filosofía: cercano, casi artesanal y con un punto de precariedad que él mismo asume como parte del proceso. "París, una cierta precariedad y una red de amigos sin los que nada de esto sería posible", resume su día a día.
Ahora, con el foco puesto en proyectos a medida, su nombre empieza a sonar con fuerza también fuera de Europa. El mercado asiático, por ejemplo, especialmente vinculado al pop y al K-pop, ha mostrado interés por su estética.