Investigó la lepra en India, descubrió la bacteria de la fiebre recurrente española y trajo las gambusias para combatir el paludismo: Sadí de Buen, el desconocido pionero fusilado por el franquismo
Uno de los científicos españoles más decisivos y menos recordados del siglo XX.

Hay personas que pasan a la historia por conquistar países, levantar imperios o protagonizar guerras. Otras dedican su vida a combatir aquello que no sale en los monumentos: las enfermedades, el hambre o el abandono. Sadí de Buen pertenecía a esa segunda categoría. Investigó la lepra en India, ayudó a frenar la malaria en España y realizó descubrimientos clave para la medicina de su tiempo. Sin embargo, su nombre quedó enterrado durante décadas.
Hoy, casi noventa años después de su fusilamiento, su historia empieza por fin a recuperar el lugar que nunca debió perder. Sus restos fueron inhumados en noviembre de 2024 en el mausoleo del cementerio municipal de Zuera, en un acto que contaba con la presencia de familiares, vecinos y alumnos del colegio público que lleva el nombre de su padre. Esta ceremonia devolvió al foco público a uno de los científicos españoles más decisivos y menos recordados del siglo XX.
Nacido en Barcelona en 1893, Sadí de Buen se formó en medicina y se especializó en parasitología. Una beca de la Fundación Rockefeller le abrió las puertas de la investigación internacional y le llevó incluso a la India, donde estudió la lepra. A su regreso, trabajó como inspector general de instalaciones sanitarias y en el Instituto Nacional de Higiene, donde consolidó una carrera científica centrada en la lucha contra las enfermedades infecciosas.
Castigado por el franquismo
En 1922 describió por primera vez en España la fiebre recurrente transmitida por garrapatas, identificó el agente causal (Treponema hispánica) y señaló el vector que la propagaba (Ornithodoros erraticus). Según recoge elDiario.es, ese trabajo lo situó en la primera línea de la investigación epidemiológica de la época. También investigó sobre la leishmaniasis, una infección producida por protozoos que son transmitidos por un tipo de mosquitos.
No obstante, su gran obra fue la batalla científica contra el paludismo. Participó en la Comisión Antipalúdica, impulsó dispensarios por todo el país y fundó en 1924 el Instituto Antipalúdico de Navalmoral de la Mata. Además, colaboró en la introducción y aclimatación de la Gambusia affinis, un pez capaz de devorar larvas de mosquito y entonces consolidado como herramienta biológica contra la malaria. Con el tiempo, esa especie se catalogó de invasora y dañina para los ecosistemas locales.
Pese a ser uno de los científicos más destacados de la España de la época, la guerra civil truncó esa trayectoria. Sadí de Buen fue detenido en Córdoba en julio de 1936 y fusilado el 2 de septiembre de ese año. Con ello no solo moría un médico brillante, sino también una parte de aquella generación de científicos que soñó con modernizar la sanidad española y que el franquismo condenó al exilio, al silencio o al olvido.
