Llucia Ramis, escritora: "Tener un buen casero no puede depender de la suerte porque se convierte en un privilegio. Hemos normalizado que 900 euros es barato, cuando es un pastón"
La autora de 'Egosurfing' o 'Cosas que te pasan en Barcelona cuando tienes 30 años' estrena 'Un metro cuadrado'.

Normalizar lo que no puede ser normal. La reflexión de la escritora Llucia Ramis sobre el mercado de la vivienda y más concretamente el alquiler lleva a poner el foco en una realidad cada vez más sangrante. El alza de precios que hacen progresivamente más difícil la idea de emanciparse.
La escritora presenta ahora Un metro cuadrado (Libros del Asteroide), un relato diferente de la transformación de Barcelona en las últimas décadas; esta vez, centrado en las intrahistorias de tantos pisos y barrios que han cambiado en paralelo a la propia ciudad.
Y sobre vivienda y evolución vital ha hablado en una entrevista con El País. En ella, Ramis destaca que "se ha escrito mucho de la crisis de vivienda desde un enfoque económico o social, pero no desde el punto de vista psicológico: de la angustia y el miedo que provoca vivir de alquiler". "De la inseguridad y el agotamiento que provoca estar siempre en alerta ante el fin del contrato", prosigue.
Sabe bien de lo que habla. Ramis acumula mudanzas y experiencias de todo tipo, aunque en la actualidad "tengo suerte, tengo un casero bueno". Pero mira más allá de su caso.
"Tener un buen casero no puede depender de la suerte, porque se acabará convirtiendo en un privilegio, cuando es un derecho. Además, esta suerte no evita que los precios sean inasumibles para la población con rentas medias: hemos normalizado que 900 euros es barato, cuando es un pastón”, remata al respecto.
Su nueva obra va de vivencias, pero también de memoria, de relatos vitales. Para Llucia Ramis "somos memoria de los lugares que habitamos: ciudades, barrios. Igual la dignidad del derecho de tener una vivienda pasa porque no te expulsen del lugar donde está tu vida". Lo expone sabedora de que son muchas las zonas donde se 'expulsa' al vecino por no poder adquirir o siquiera mantener un alquiler cada vez más caro.
Paseando por los alrededores de la Sagrada Familia, la escritora no duda en admitir que "ahora no podría vivir aquí", casi tres lustros después de su tiempo en la zona. Todo ha cambiado allí en esta larga década y media desde que se mudó a otro punto.
De negocios de toda la vida a "una tetería, un restaurante chino, uno de pinchos vascos, uno de sushi, un kebab...". Todo eso y un fijo "la misma oficina bancaria donde querían que me hipotecara hace quince años".
