El filósofo que acuñó la solastalgia para definir la ansiedad climática propone ahora el simbioceno "para construir el nuevo mundo"
Un término que busca redefinir la relación entre humanidad y planeta.

Hace casi dos décadas, el filósofo australiano Glenn Albrecht puso nombre a una sensación que millones de personas experimentaban sin saber cómo describirla: la angustia de ver cómo el entorno que aman se degrada ante sus ojos. La llamó solastalgia y se convirtió en uno de los conceptos más influyentes para entender el impacto emocional de la crisis climática. Ahora, lejos de quedarse en aquel diagnóstico, Albrecht propone un nuevo concepto.
El filósofo plantea ahora una idea todavía más ambiciosa que parte de una crítica frontal al Antropoceno, la era marcada por la dominación humana sobre la Tierra. Por ello, plantea el término simbioceno para referirse a una nueva era geológica futura en la que seres humanos, naturaleza y tecnología conviven en armonía. Con ello busca lograr una era basada en la cooperación entre humanos y naturaleza “para construir el nuevo mundo” en beneficio mutuo.
Esta idea no es nueva en su obra, pero sí está ganando visibilidad en los últimos años. Albrecht la desarrolló en ‘Earth Emotions: New Words for a New World’, publicado en 2019, donde ya defendía que las emociones ligadas a la crisis ecológica no son un efecto secundario, sino una pieza central para entender y transformar la relación entre humanidad y planeta. El libro sitúa al simbioceno como un tiempo en el que los seres humanos se reintegran simbióticamente con el resto de la vida, tal y como recoge La Repubblica.
La importancia de la simbiosis
En su planteamiento, la palabra clave es simbiosis, que se utiliza para definir una “asociación” o una “convivencia” para el beneficio mutuo. A partir de ahí, Albrecht construye su tesis: los humanos no somos individuos aislados, sino holobiontes, cuerpos formados por una red de organismos, incluidos microbios, bacterias, virus y restos de antiguas interacciones inscritas incluso en nuestro ADN. Su argumento es que reconocer esa interdependencia debería cambiar tanto la ciencia como la política y la manera en que imaginamos el futuro.
La propuesta llega además en un momento en el que el propio autor sigue defendiendo públicamente sus ideas. En 2024 y 2025 aparecieron nuevas entrevistas y charlas en las que insiste en que el lenguaje importa para describir lo que sentimos ante la crisis climática, y para imaginar salidas culturales y emocionales. En una presentación académica de 2024, se describía el Simbioceno como una salida esperanzadora del humanocentrismo.
La solastalgia, el término que lo hizo conocido, sigue siendo la base de esta trayectoria intelectual. Ahora, con el simbioceno, Albrecht da un paso más: no solo describe el dolor, sino que intenta nombrar el tipo de mundo que podría curarlo. Para ello es necesario dejar atrás la era en la que el ser humano se pensó como dueño del planeta y entrar en otra en la que se reconozca como parte de una red viva.
