Comer con un plástico en la boca para perder peso, la nueva tendencia que preocupa a los expertos: "Esto no es una conducta saludable bajo ningún concepto"
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Comer con un plástico en la boca para perder peso, la nueva tendencia que preocupa a los expertos: "Esto no es una conducta saludable bajo ningún concepto"

'El HuffPost' ha contactado con una nutricionista especializada en trastornos alimenticios para conocer los peligros de esta nueva (y preocupante) moda viral. 

Un plato con varios plásticos encimaV@dym Plysiuk- Getty Images

En China, un nuevo hábito entre los jóvenes ha hecho saltar las alarmas entre los expertos sanitarios y padres. Comer plástico para perder peso. Según sus defensores, se trata de un pequeño truco que puede ayudar a perder peso de forma sencilla. Sin embargo, para los expertos consultados por el HuffPost, no es más que una tendencia bastante peligrosa que puede conllevar serios perjuicios para la salud. 

La moda, que se ha hecho viral a través de las redes sociales y ha sido bautizada como 'plastic eating', consiste en introducir un papel film transparente en la boca, colocar la comida sobre él, masticar para sentir la textura y expulsar luego todo sin tragar. 

Esto, según explican en algunos videos varios usuarios, les ayuda a tener una supuesta sesación de saciedad que les ayuda a reducir el hambre y, especialmente, la ingesta calórica. Sin embargo, no hay evidencia científica de ello y puede suponer un grave riesgo para la salud. 

El HuffPost ha hablado con Beatriz Verdi, especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Alimentación Intuitiva e Imagen Corporal Positiva, quien ha advertido de algunos de los peligros que supone esta práctica, así como ofrecido algunos consejos para poder detectar posibles señales que nos indiquen si nuestros hijos están sufriendo algún tipo de trastorno de alimentación. 

La "cultura de la dieta": uno de los impulsores de este tipo de prácticas

"En el área de los trastornos en la conducta alimentaria, eso se llama pica. Es un trastorno caracterizado por la ingesta repetida de sustancias que pueden ser alimentarias o no", explica. "Es un intento de saciar que en realidad tiene cero evidencia científica y que cuenta con un riesgo muy alto para desarrollar trastornos de la conducta alimentaria", agrega.

Según Verdi, uno de los motivos que puede llevar a los adolescentes y adultos a poner en práctica este tipo de modas o tendencias es la cultura, especialmente "la cultura de la dieta", la cual muchas veces nos impone "querer alcanzar esa figura ideal que es inalcanzable" e incluso obsesionarnos con la comida. 

"El comer, el querer controlarlo, lo que comemos para alcanzar ese cuerpo idealizado. Eso es muy cultural", recuerda la experta, que cree que los adolescentes son un sector mucho más vulnerable ante este tipo de tendencias. Esto, tal y como explica, es debido, en gran parte, al papel de las redes sociales, las cuales pueden servir como altavoz para amplificar modas como estas, así como generar culpa y una actitud tóxica ante algunas comidas, como el postre. 

"Todo el mundo sabe lo que tiene que comer o lo que no, pero culturalmente nos están como llevando a lo incorrecto. Es decir, nos están haciendo sentir mal"

"Todo el mundo sabe lo que tiene que comer o lo que no, pero culturalmente nos están como llevando a lo incorrecto. Es decir, nos están haciendo sentir mal. Cuando vemos videos donde te dicen que comer pan es inflamatorio, o que comer patatas está mal o que comerte una hamburguesa engorda, empiezas a comer con culpa y ahí se empieza a generar una mala relación con la comida", asegura la nutricionista, que recalca que esto no solo afecta a los adolescentes, sino también a los adultos. 

"Esto no es una conducta saludable bajo ningún concepto, ni a nivel físico ni a nivel emocional"

Algunas de las consecuencias que puede tener este tipo de prácticas para la salud, tal y como explica Verdi a este diario, son que pueden derivar en otros tipos de trastornos e incluso detonar en enfermedades mentales; que se intente combatir la obesidad con malas conductas alimentarias; una disociación con la realidad o el riesgo de asfixia, entre algunas otras. 

"Hemos querido combatir la obesidad, pero queremos hacerlo con conductas inadecuadas que implican un riesgo de desnutrición", destaca la experta, que recuerda que "la obsesión muchas veces por la alimentación puede llegar incluso a ser igual de perjudicial que que no cuidarse".

Volviendo a la tendencia que se ha viralizado entre algunos adolescentes chinos en redes sociales, la nutricionista advierte que "esto no es una conducta saludable bajo ningún concepto, ni a nivel físico ni a nivel emocional" y pide precaución a los padres. Además, lejos de lo que defienden los usuarios que la han puesto en práctica, realizar este tipo de acciones no sacia el apetito y puede producir un agotamiento mental y físico.

"Al final estas personas, aunque tengan la fantasía de que se lo están comiendo, realmente no se lo están comiendo"

"Al final estas personas, aunque tengan la fantasía de que se lo están comiendo, realmente no se lo están comiendo. Y nosotros tenemos tres cerebros. Y en uno de estos cerebros que regula la emoción y el placer, en el placer entra la comida. Entonces, por eso la comida tiene que ser placentera y eso no es placentero bajo ningún concepto", explica. 

Qué señales pueden alertarnos de que nuestro hijo sufre algún tipo de trastorno alimenticio

Existen algunas señales que, como padres, pueden indicarnos que nuestros hijos están padeciendo algún tipo de trastorno alimenticio o problema con la alimentación. Por ejemplo, si no come o disminuye la ingesta de alimentos, si come de forma aislada, si de repente pierde mucho peso, si utiliza ropa holgada o si se encierra en el baño después de comer. 

También pueden servir como alerta el hecho de que se deje de juntar con sus amigos, no salga a la calle o sea introvertido; o que tenga obsesión con la comida, las dietas o el deporte. "Eso hay que vigilarlo. Hay que estudiarlo", advierte Verdi. En el caso de que detectes alguna de estas señales, la experta aconseja acudir a un profesional. 

La asfixia y la posible ingesta de microplásticos, otros de los riesgos de esta práctica

Según un informe publicado por Indulge, masticar alimentos a través del plástico puede producir inflamación crónica y estrés oxidativo, alteración hormonal, alteraciones en el sistema digestivo debido a la ingesta de microplásticos, problemas respiratorios y un gran impacto psicológico, entre otras consecuencias. 

"Masticar y escupir la comida se asemeja a los comportamientos observados en ciertos trastornos alimentarios. La repetición de estas prácticas puede aumentar la ansiedad por las calorías, aumentar la insatisfacción con la imagen corporal y contribuir a pensamientos obsesivos relacionados con la comida", señalan desde 'The Economictimes'. También supone un desperdicio de comida, como señalan varios detractores, así como puede llegar a asfixiar a la persona. 

Algunas de las consecuencias que pueden tener el consumo de los microplásticos en la salud humana, según recoge el Inventario Nacional de Fuentes de Contaminación Plástica (INFCP) en 2023, son su acumulación en los sistemas digestivos o incluso la desnutrición. 

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Soy redactora de actualidad en El HuffPost España, donde hablo sobre las noticias de última hora y analizo algunos de los temas que conforman la actualidad.

 

Sobre qué temas escribo

Escribo de todo tipo de temas, desde sucesos hasta política y asuntos internacionales, siempre con una mirada crítica y con la idea de que detrás de cada tema hay una historia que merece ser contada. Siempre con la intención de informar, incomodar cuando toca y aportar una mirada que no se quede solo en la superficie. 

  

Mi trayectoria

Cordobesa de los pies a la cabeza. Nací y crecí en Córdoba, tierra de Julio Romero de Torres y ciudad con más Patrimonios de la Humanidad. Me gradué en Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos, en Fuenlabrada, donde descubrí que escribir no solo es contar cosas, sino también saber cómo hacerlo para que te escuchen.

 

Antes de aterrizar en El HuffPost, hice unas prácticas en el diario AS, que me sirvieron para aprender cómo se trabaja en una redacción, así como para coleccionar alguna que otra anécdota. Llevo ya un año trabajando en HuffPost, un lugar que se ha convertido en mi segunda familia, y actualmente vivo en Madrid. Siempre con ganas de aprender, reírme y contar historias que valgan la pena.

 


 

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