Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Eirene García, psicóloga: "La vida no va de que no te duela, sino de que te duela, pero seas capaz de ponerte a salvo"

Eirene García, psicóloga: "La vida no va de que no te duela, sino de que te duela, pero seas capaz de ponerte a salvo"

Entrevista sobre cómo afrontar los cambios con la autora de 'Cuando nada es seguro, todo es posible'.

La psicóloga Eirene García.
La psicóloga Eirene García.CRISTINA BARRERA / BRUGUERA

"Cambia lo superficial /Cambia también lo profundo /Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo". Esto lo cantaba Mercedes Sosa, y seguro que más de un lector (al menos de los más talluditos), y expresa algo que sabemos, pero que olvidamos. A lo largo de la vida el cambio no es una anomalía, sino la norma, como defiende la psicóloga especializada en trauma y duelo Eirene García en Cuando nada es seguro, todo es posible (Bruguera), un manual para saber atravesarlo.

Como reflexiona, pasamos casi la mitad de nuestra vida en proceso de cambio. Va a haberlos, queramos o no; a veces pueden suponernos un movimiento mínimo, pero otras, un derrumbe total. De ahí que sea clave ser capaces de sostener la incertidumbre y el miedo y desarrollar una relación más flexible con la realidad, sin negar el dolor ni caer en la evitación.

"La vida es como el mar y hay muchos tipos de olas que pueden venir", pone como ejemplo García en conversación telefónica con El HuffPost. "Lo que podemos hacer nosotros es estar preparados para ver cómo cogemos esas olas: si las atravesamos o, si nos van a dar un revolcón, ver cómo podemos caer. O estar en medio de esa resaca sin que nos ahogue y sin que nos destroce".

Y, no menos importante, saber vivir sin una angustia permanente por la idea de lo que puede (o no) venir: "Si estamos nada más que preocupados por 'la ola que viene', 'la ola que viene', no disfrutamos de que el mar esté como un plato y poder nadar en él".

Incides mucho en el libro en la idea de que "el cambio constante es la única certeza". Pero, a la vez, ¿no estamos fatal preparados para ello?

Creo que puedes estar muy preparado para muchas cosas... imaginártelas, visualizarlas siempre nos ayuda, son herramientas que podemos utilizar para afrontar lo que viene, pero entendemos que preparación es que nos duela menos, y no. Creo que son conceptos diferentes. La preparación te sirve para gestionarlo mejor, pero no para que te duela menos. Te va a doler lo que te duela y eso va a depender de un montón de factores tuyos y del contexto en el que estés.

¿Crees que si nos lo explicaran esto mejor de pequeños nos facilitaría la vida como adultos respecto al cambio? ¿Qué les podemos transmitir a los niños para ayudarles a asumir que en la vida va a haber cambios, quieran o no?

Para mí es importante que a los niños les enseñemos a atender su propio dolor, que su dolor es importante, que merece ser validado. A mí de toda la vida mi pobre padre, cuando me caía, lloraba y tal, me decía "venga levántate, eso no es nada", o cuando me hacía una herida la rodilla, "se te van a salir las tripas " y era un poco heavy. No me sentía nada atendida, por supuesto, y lloraba más, claro, porque me asustaba. Con ese tipo de educación que le han dado a él y que nos han dado muchas veces, al final invalidamos el dolor propio. Si me pasa algo, conforme voy creciendo 'venga, no me pasa nada' y lo meto debajo de la alfombra, cuando en realidad me pasan muchas cosas y evidentemente eso acaba saliendo en cómo nos sentimos, en nuestros comportamientos, en nuestras relaciones.

Y luego, trabajar aspectos como entender que muchas cosas son imprevisibles, los cambios de planes, la tolerancia a la frustración, la paciencia, la flexibilidad... 

Los psicólogos habláis mucho de transitar el cambio, el dolor, el duelo, pero qué significa exactamente para la persona de a pie que dice,’ vale, pero esto ¿cómo lo hago?’

Transitar significa recorrer ese camino. Para ello, lo primero que tenemos que hacer es reconocer que está ante nosotros. El camino del duelo, de la adaptación, es un camino que hacemos, no que nos pasa. No es como un resfriado, sino algo que voluntariamente tenemos que hacer.

"Si te posicionas en un papel de víctima, de persona a la que le pasa algo y no puede hacer nada, eso te deja atada a pies y manos"

En ese hacer, primero está reconocer que lo ocurrido es verdad, luego conectar con todas esas emociones que nos suscite. Cualesquiera, ¿eh? Que pueden darse muchas veces alivio y tristeza a la vez. Luego aprender a vivir en un mundo que ya no es igual, ni nosotros tampoco, y recolocar lo que ya no está como estaba, lo que ya no es (o incluso lo que no pudo haber sido, pero según nuestro criterio debería haber sido) en otro lugar desde el que no nos haga daño.

Justo hablas de recolocar... dices en un momento del libro que atravesar el cambio no va de soltar y olvidar, sino de esta tarea de recolocar. ¿Importa mucho el relato que nos contamos sobre lo que nos ha pasado?

Yo pienso que sí. En terapia narrativa importa mucho la historia que contamos, las palabras que usamos y cómo nos situamos nosotros en esa historia. Si te posicionas en un papel de víctima, de persona a la que le pasa algo y no puede hacer nada, eso te deja atada a pies y manos. Pero si te posicionas más en un papel de superviviente, éstos hacen lo que pueden hacer y está en su mano en ese momento, dadas las circunstancias.

Portada de 'Cuando nada es seguro, todo es posible'
  Portada de 'Cuando nada es seguro, todo es posible'BRUGUERA

Explicas también el efecto S.A.R.A (shock, anger, resistance, acceptance), que sirve para entender mejor cómo reaccionamos ante los cambios. ¿En qué consiste?

Por ejemplo, tú sales de tu casa, te roban el bolso, tienes un accidente con el coche y lo primero es "no me lo puedo creer". Lo segundo es, la angustia, decir, "uf, ¿qué acaba de pasar? No, no, no. Dios mío, mira el coche cómo lo tengo. Llevaba todos mis documentos en el bolso y fíjate qué faena ahora". Y lo tercero es el rechazo: "Oye, no quiero que me haya pasado, pues vaya faena, pues ahora no sé cuánto, pues mira tú, yo que soy buena persona, por qué me pasa esto a mí, si yo no me lo merecía". Y por último, la aceptación que es, "vale, esto me ha ocurrido y entonces ahora cómo lo puedo resolver".

Y esta última ‘A’ que es la aceptación, ¿cuál es la diferencia que tiene con la resignación?

Para mí la resignación es ajo y agua, a joderse y a aguantarse porque no hay otra, entrar un poco en ese círculo de "vale, es así, pero no quiero que sea así". La aceptación al final es estar dispuesta a que la realidad sea como es. Como es así, ¿yo qué hago con eso? ¿Cómo me hago la vida más fácil? 

Sigo con el ejemplo de antes: ¿a quién puedo llamar para que me arregle el coche? O tengo que renovar todos los documentos, ¿a quién le puedo pedir ayuda para que me lleve? Ahí ya te estás centrando en solucionar el problema, no en "ay, pobrecito de mí, que yo no me merecía esto” y regodearte ahí.

"La sociedad de hoy está muy enfocada en evitar el malestar a toda costa, cuando la vida ya es incómoda desde que nacemos"

Sobre aceptar dices que es recuperar la energía.

Sí, y ese sentido de agencia. Siempre nosotros podemos hacer algo, aunque consideremos que sea pequeño, aunque sea mirarlo de otro modo, pensar en soluciones, buscar ayuda o incluso decidir no hacer nada. Sostener eso simplemente... aprender a estar incómoda, porque eso me parece también muy importante. La sociedad de hoy está muy enfocada en evitar el malestar a toda costa, cuando la vida ya es incómoda desde que nacemos. La propia evolución te trae el mundo con seis emociones, de las cuales cuatro y media son incomodísimas: el miedo, el asco, la tristeza, el enfado y luego la sorpresa, que digo media porque ésta puede ser mala.

Venimos con seis y cuatro y media son chungas. Entonces lo normal es estar incómodo porque forma parte de nuestra naturaleza, pero nos empeñamos en 'No, no, tú alegre todo el rato'.

El libro lo has enfocado con una parte muy, muy práctica, con multitud de ejercicios. ¿Puedes recomendar uno, así a vuelapluma?

A mí me gusta mucho el de aprender a sostener el dolor. Pensar algo que incomode mucho, un dolor... no me gusta llamarlo pequeño, pero algo que podamos tolerar, que no nos desborde. A lo mejor es una conversación incómoda con alguien que te ha hecho daño. Es cerrar los ojos y ponerle con la imaginación como un color, una forma, y sostenerlo entre las manos. Como que es algo que no es más grande que nosotros, sino que podemos sostenerlo y dejar que esté ahí y no juzgar si tiene que estar así. Por ejemplo, me imagino una bola, es morada, y la sostengo entre las manos. O como una pelota de baloncesto o de fútbol... Sostenla ahí sin exigirte que se vaya o que no esté, y después se trata de ser capaz de cogerla y ponerla en un armarito o plantearnos qué podemos hacer para se haga más pequeña, para que no pese tanto.

¿Con qué mensaje te gustaría que se quedaran los lectores de tu libro?

Con que la vida es y que vivir va de ver qué hacemos con ella. Disfrutar lo bueno que nos da y, lo que no es tan bueno, pues ver cómo lo atravesamos. Centrarnos en la solución y no tanto en los problemas. Y que la vida no va de que no te duela, sino de que te duela, pero seas capaz de ponerte a salvo.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactora jefa de El HuffPost. Licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, trabajó en Cinco Días, Cadena SER (tanto en antena como en la web) y Terra. Desde su incorporación a El HuffPost en 2014 ha sido redactora de Tendencias, jefa de Life y ha conducido los encuentros en directo sobre salud mental 'Con la salud en mente'.

!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos