Elizabeth, médico: "A la mayoría de las personas se les aconseja no bañarse más de dos veces al día"
La frecuencia de las duchas depende de una serie de factores.
Durante años, la frecuencia ideal de la ducha ha sido motivo de debate: ¿Mejor por la mañana para activarse o por la noche para relajarse? ¿Puede ser perjudicial hacerlo varias veces al día? En un contexto donde no paran de surgir nuevas tendencias de bienestar, especialistas en dermatología advierten que no existe una regla universal y que, más que la costumbre, lo que debe guiar el hábito es la edad, el tipo de piel y el estilo de vida.
En este contexto, la dermatóloga Elizabeth Gordon Spratt aporta una visión basada en la salud cutánea más que en la rutina social. La especialista sostiene que la ducha es fundamental para eliminar sudor, bacterias y residuos ambientales, pero advierte que el exceso puede alterar la barrera natural de la piel, especialmente si se utilizan jabones agresivos o agua muy caliente. Por eso, defiende que la frecuencia debe adaptarse a una serie de factores.
La doctora defiende que la mayoría de los adultos no necesita más de una ducha diaria y, salvo situaciones excepcionales, conviene evitar superar las dos al día para no comprometer la hidratación y protección cutánea. “A la mayoría de las personas se les aconseja no ducharse más de dos veces al día”, asegura Elizabeth en declaraciones recogidas por The Science of Health, un blog de University Hospitals.
Higiene y bienestar
A su vez, la dermatóloga explica que en el caso de las personas mayores la pauta puede relajarse aún más: una ducha completa cada dos o tres días suele ser suficiente, porque la piel tiende a ser más seca y bañarse con demasiada frecuencia puede agravar este problema. En estos casos, recomienda priorizar baños más cortos, con agua templada y productos suaves, además de aplicar crema hidratante después para reforzar la barrera cutánea.
Por el contrario, los lavados largos y calientes donde además se usen productos abrasivos son los que más dañan esa barrera y pueden desencadenar o agravar eccemas y otras dermatitis. Esta práctica elimina los aceites naturales que protegen la superficie cutánea, favorece la deshidratación y puede provocar picor, enrojecimiento y mayor sensibilidad, especialmente en personas con piel reactiva o con antecedentes de problemas dermatológicos.
Ahora bien, no todo es técnica, sino que también han surgido tendencias que mezclan higiene y bienestar. La llamada “ducha oscura” ha ganado adeptos como herramienta para relajar el sistema nervioso antes de dormir, ya que se trata de un ritual nocturno con las luces muy tenues o apagadas. La terapeuta Nidhi Pandya explica que, al atenuar la luz, el cuerpo recibe señales de calma que favorecen la relajación y el descanso, por lo que esta práctica se utiliza más por efecto psicológico que por motivos higiénicos.
En definitiva, ducharse es necesario, pero más importante que la frecuencia exacta es cómo y por qué lo hacemos. Limitar la duración, bajar la temperatura, escoger limpiadores suaves y aplicar hidratante después son medidas que la mayoría de dermatólogos recomiendan para conservar una piel sana. Salvo excepciones puntuales, evitar bañarse más de dos veces al día es el mejor consejo para proteger la barrera cutánea.