Julio Delgado, hematólogo, sobre la innovadora inmunoterapia contra el cáncer: "Pasamos de tratar a 7 pacientes en 2017 a 114 en 2025. Es una revolución y yo no veo un límite"
"Cuando me lo explicaron, me sonaba a ciencia ficción".

En el Hospital Clínic de Barcelona, la revolución contra el cáncer no llega en titulares grandilocuentes, sino en pasillos, laboratorios y salas de infusión. Allí, a pocos metros de distancia, se diseña, se fabrica y se administra una de las terapias más avanzadas de la medicina actual: la CAR-T, una inmunoterapia que reprograma las propias células del paciente para atacar el tumor.
El cambio en pocos años es difícil de ignorar. Lo resume en el diario El País el hematólogo Julio Delgado, jefe de la Unidad de Oncoinmunoterapia: "Pasamos de tratar a siete pacientes en 2017 a 114 en 2025. Es una revolución y yo no veo un límite".
No es una frase retórica. Es un salto real en una terapia que ya está cambiando el pronóstico de algunos cánceres de la sangre.
De la quimioterapia a reprogramar el sistema inmune
La terapia CAR-T (Chimeric Antigen Receptor T-Cell) parte de una idea radical: usar el propio sistema inmunitario del paciente como arma contra el cáncer.
El proceso es complejo, pero se puede resumir en tres pasos:
- Se extraen linfocitos T del paciente (sus células defensivas).
- Se modifican genéticamente en laboratorio para que reconozcan el tumor.
- Se reintroducen en el organismo para que lo ataquen.
Es, literalmente, convertir las defensas del cuerpo en un tratamiento personalizado.
En el Clínic, este proceso ocurre en apenas unos días y en un circuito cerrado dentro del propio hospital. De la extracción en la unidad de aféresis al laboratorio de inmunología y, de ahí, de vuelta al paciente.
Un tratamiento que ya rescata a pacientes sin alternativas
Los resultados empiezan a consolidarse. Según el inmunólogo Manel Juan: “Los CAR-T han servido para poder salvar a casi un 50% de los pacientes que sin este tratamiento se morían”.
El impacto es especialmente visible en enfermedades como la leucemia linfoblástica aguda. Aunque la mayoría de pacientes responde a terapias convencionales, hay un porcentaje que recae y se queda sin opciones.
Ahí es donde entra el CAR-T. El caso de Juan Carlos del Val lo ilustra bien. Tras varias líneas de tratamiento fallidas, recibió esta terapia hace cinco años. Hoy sigue libre de enfermedad.
A su lado, David Zafra, diagnosticado en 2022, acaba de iniciar ese mismo camino: “Cuando me lo explicaron, me sonaba a ciencia ficción”, reconoce.
Una innovación pública frente al modelo de la industria
Una de las particularidades del Clínic es que no depende solo de medicamentos desarrollados por la industria farmacéutica. El hospital ha creado sus propios CAR-T académicos, como ARI-1 y ARI-2, que ya se utilizan dentro del Sistema Nacional de Salud.
Esto tiene varias consecuencias: mayor autonomía en la investigación, menor dependencia de costes externos y capacidad de adaptar el tratamiento. Delgado lo subraya con una frase elocuenta: "el límite nos lo ponemos nosotros mismos".
Actualmente, el sistema sanitario español dispone de siete terapias CAR-T financiadas, dos de ellas desarrolladas en el propio hospital barcelonés.
Cómo se fabrica un medicamento en una semana
El proceso técnico es uno de los aspectos más fascinantes. Todo comienza en la unidad de aféresis, donde se extraen los linfocitos T mediante un sistema que separa los componentes de la sangre en tiempo real. El paciente permanece conectado durante varias horas, pero el procedimiento es seguro y bien tolerado.
Después, las células viajan al laboratorio. Allí ocurre la parte más delicada:
- Se introducen genes mediante vectores virales modificados.
- Se reprograman los linfocitos para que reconozcan el tumor.
- Se multiplican en biorreactores.
- Se congelan hasta su uso.
En total, una semana de trabajo para crear un medicamento único para cada paciente.
La infusión: media hora que puede cambiarlo todo
El retorno al paciente es rápido. La infusión intravenosa dura unos 30 minutos, aunque en el Clínic se administra de forma fraccionada en varios días para reducir efectos adversos. Este detalle marca una diferencia importante frente a algunos tratamientos industriales, que se administran en una sola dosis.
Según Manel Juan, este enfoque permite reducir complicaciones graves, como la tormenta de citoquinas, una reacción inmunitaria intensa que puede ser peligrosa.
No es infalible, pero abre nuevas puertas
La terapia CAR-T no funciona en todos los casos. Algunos pacientes no responden o pierden la respuesta con el tiempo. Las razones son diversas: el tumor cambia y deja de ser reconocible, las células modificadas pierden eficacia y el entorno del tumor bloquea la respuesta.
Aun así, el potencial sigue creciendo. Los investigadores trabajan ya en nuevas líneas:
- Modificar más genes para mejorar la supervivencia de las células.
- Identificar nuevas “dianas” tumorales.
- Aplicar la terapia a tumores sólidos.
- Explorar su uso en enfermedades autoinmunes.
Una carrera que acaba de empezar
Para los especialistas, lo más relevante no es lo que ya se ha conseguido, sino lo que está por venir. Manel Juan lo expresa con una imagen clara: "Estamos al principio de una larga carrera".
Hoy, la mayoría de terapias CAR-T se basan en una sola diana. Pero el futuro apunta a combinaciones más complejas que podrían multiplicar su eficacia. Incluso se estudia que estas células no solo destruyan tumores, sino que produzcan medicamentos dentro del propio organismo.
