Nahid, nefróloga: "En Francia bebemos 1,5 litros de agua al día, pero es una cuestión cultural"
Advierte que no existe una cifra única válida para todos.

El agua, mucho más que una bebida, es el motor invisible que mantiene nuestro cuerpo en funcionamiento. Desde transportar nutrientes y oxígeno hasta regular la temperatura y eliminar toxinas, cada célula depende de una hidratación adecuada para rendir al máximo. Sin embargo, a menudo nos olvidamos de ella, confiando en el instinto de la sed o en hábitos culturales, sin saber realmente cuánta cantidad necesitamos.
En este contexto, las recomendaciones de expertos como la Dra. Nahid Tabibzadeh, nefróloga del Hospital Bichat, ayudan a poner en perspectiva cuánto y cómo debemos hidratarnos en nuestro día a día. Según la especialista, no existe una cifra única válida para todos, sino que factores como la actividad física, la temperatura ambiente o la composición de nuestra dieta influyen directamente en nuestras necesidades de agua.
Además, Nahid señala que los hábitos culturales también marcan la diferencia. "En Francia bebemos 1,5 litros de agua al día, pero es una cuestión cultural. En Estados Unidos se suelen beber dos litros", asegura en una entrevista con France Info. Advierte que estos promedios no definen cuánto necesita realmente cada persona, puesto que la clave está en escuchar al cuerpo y adaptar la ingesta según la actividad, el clima y la alimentación.

Recomendaciones de la experta
La experta subraya que la dieta influye en la salud renal. Cuando la alimentación es rica en sodio o en proteína animal y pobre en frutas y verduras, los riñones deben “diluir” y eliminar más residuos, lo que incrementa el riesgo de formar cálculos si no hay suficiente aporte de líquido. Beber agua no solo ayuda a transportar estos desechos y evitar que se acumulen, sino que también facilita el buen funcionamiento de los riñones y protege todo el organismo.
En cuanto al tipo de agua, Nahid aclara que las aguas con gas no solo hidratan, sino que también aportan bicarbonato, sodio, calcio u otros minerales que resultan útiles en determinadas situaciones, por ejemplo cuando tenemos diarrea o pérdidas importantes de electrolitos. Así como existen aguas ricas en calcio, para quienes no consumen suficientes alimentos ricos en calcio y tienen deficiencia de estos minerales en su dieta.
En su intervención, la especialista también recuerda que el alcohol reduce la acción de la hormona antidiurética, lo que hace que el riñón elimine más agua y que el cuerpo pierda líquidos, provocando que orinemos más y tengamos más sed con más frecuencia. “En general, como nuestro estado de conciencia ya está algo alterado por el alcohol, no beberemos agua y seguiremos bebiendo alcohol”, cuenta explicando el círculo vicioso.
En definitiva, mantenerse bien hidratado es cuestión de escuchar las señales del propio cuerpo y adaptar la ingesta a las circunstancias del día a día. Por ello, Nahid recomienda aumentar el consumo de agua cuando se realiza ejercicio o hace calor, aprovechar el aporte de líquidos de frutas y verduras para reducir la carga de desechos en los riñones y moderar el alcohol, acompañándolo siempre con agua para evitar la deshidratación. Estos simples hábitos permiten cuidar la salud renal y mantener el organismo funcionando de manera óptima.
