Un estudio desvela dos variantes genéticas que pueden ser clave para la eficacia de medicamentos para la obesidad como Ozempic o Mounjaro
"Las diferencias genéticas en los genes diana de los fármacos pueden contribuir a explicar por qué las personas responden de manera diferente".
Un estudio acaba de dar una explicación a por qué los medicamentos GLP-1 para la obesidad funcionan mejor en unas personas que en otras: hay dos variantes genéticas en las vías hormonales intestinales que regulan el apetito y la digestión. Según su expresión, funcionan mejor o peor los fármacos.
Estos medicamentos, comercializados bajo marcas como Ozempic o Mounjaro, ayudan a regular el apetito, la liberación de insulina y la digestión, y se han generalizado en el tratamiento de la obesidad.
Sin embargo, las razones por las que algunas personas pierden más peso que otras tomando el mismo medicamento GLP-1, o por qué algunas experimentan efectos secundarios adversos, como náuseas o vómitos, siguen sin estar claras.
El presente estudio, recogido en Nature y realizado por un nutrido equipo internacional de investigadores, describe cómo la clave del mayor éxito o fracaso de esta medicación puede estar en las variaciones de dos genes implicados en las funciones de las vías hormonales intestinales.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores han analizado estudios del genoma completo de casi 28.000 personas tratadas con fármacos GLP-1, junto con datos relacionados con la pérdida de peso y los efectos adversos que han experimentado estos miles de pacientes al tomar la medicación para adelgazar.
Los autores descubrieron que una variante del gen GLP-1R, localizado en el cromosoma 6, podría explicar en parte por qué algunas personas responden mejor a la pérdida de peso, dado el mecanismo de acción de estos fármacos sobre el receptor GLP-1R. Quienes portan esa variante pierden kilos más que quienes no.
Por su parte, una variante en el receptor GIPR, localizado en el cromosoma 19, podría explicar por qué algunas personas presentan más efectos secundarios. Esta variante podría bloquear la vía GIPR y hacer que se pierda el efecto protector frente a las náuseas, aumentando así la probabilidad de efectos adversos y de que el paciente no tolere la medicación.
Una enfermedad compleja
“Estos hallazgos sugieren que las diferencias genéticas en los genes diana de los fármacos pueden contribuir a explicar por qué las personas responden de manera diferente a los fármacos GLP-1”, señalan los autores.
No obstante, no serían los únicos que influyen en el éxito o fracaso de estos medicamentos frente a la obesidad. El sexo, la edad, el ejercicio físico y la dieta que se siga siguen siendo importantes predictores de cuánto peso pierden las personas más allá de los factores genéticos. A pesar de ello, los autores inciden en que esta información genética puede ayudar a personalizar mejor los tratamientos.
En la actualidad, hay consenso científico en que la obesidad es una enfermedad muy compleja en la cual la genética puede tener mucho que ver.
Los profesionales que la tratan reconocen que hay pacientes “hiperrespondedores e hiporrespondedores” a la medicación GLP-1, y que, además, cada paciente presenta efectos secundarios distintos. “Aquí, la genética podría explicar en parte ambas cuestiones”, señala Cristóbal Morales, responsable de la Unidad de Obesidad del Hospital Vithas Sevilla en una reacción a este estudio.
“Este estudio encaja bien con la evidencia previa de que existe una gran variabilidad en la respuesta a los fármacos GLP-1 y supone un paso hacia modelos más refinados de medicina de precisión en obesidad”, apunta José Ordovás, investigador de Nutrición y Genómica en la Universidad Tufts, en otra reacción recogida por Science Media Centre España.